24.2 C
Madrid
domingo, 13 septiembre, 2026
24.2 C
Madrid
domingo, 13 septiembre, 2026

La cumbre de Ankara y el futuro de la seguridad europea

Ankara pone a prueba la unidad de la OTAN en un momento decisivo para Occidente

Ankara pone a prueba la unidad de la OTAN en un momento decisivo para Occidente

Los días 7 y 8 de julio se reunieron los líderes de los Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en su cumbre anual para hacer frente a los nuevos desafíos de la organización y mostrar unidad en un momento geopolítico convulso e incierto. La continuación de la guerra de Ucrania, la escalada militar contra Irán, el deterioro de la relación transatlántica, y la falta de autonomía estratégica europea obligan a los aliados a replantearse su papel dentro de una OTAN todavía muy dependiente del poder militar estadounidense.

Importancia de la cumbre

En los últimos años, se ha desarrollado un complejo entorno estratégico tanto para Europa como para Estados Unidos. Con el objetivo de hacer frente a estos nuevos desafíos, se han celebrado recientemente cumbres de la OTAN de especial relevancia para la organización. En 2022, los aliados se reunieron en Madrid para aprobar el Nuevo Concepto Estratégico de la Alianza, que estableció a Rusia como la principal amenaza para la seguridad euroatlántica. El año pasado, se aprobó en la cumbre de la Haya el compromiso por parte de los aliados de invertir un 5% del PIB en defensa para 2035. La cumbre de Ankara ha generado también una gran expectación en los últimos días. Aunque su contenido no cambia radicalmente el rumbo marcado por ediciones pasadas, adquiere una gran importancia por el momento que transita la sociedad internacional.

Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Donald Trump ha llevado a cabo una política exterior más intervencionista. Con semanas de diferencia, el Pentágono dirigió una operación especial para capturar al presidente de Venezuela y comenzó, junto a Israel, una escalada militar para derrocar al régimen de los ayatolás. Además, la posición de la Administración Trump ha sido algo difusa en algunos de los aspectos esenciales para Europa, como la defensa de Ucrania o el papel de la OTAN, algo que ha generado dudas y puntos de fricción en la relación transatlántica.

Deterioro de la relación transatlántica

La continuación de la guerra de Ucrania supone el principal desafío para los países europeos. Aunque Washington no ha abandonado por completo a Kiev, el regreso de Trump ha hecho que el apoyo estadounidense a Ucrania sea más incierto, más condicionado y menos automático que durante la Administración Biden. Así, los estados europeos se han visto obligados a dar un paso al frente y aumentar de forma significativa su apoyo financiero y militar a Ucrania, hasta convertirse en su principal sostén, como se ha reconocido en esta cumbre.

Foto oficial de los líderes reunidos en la cumbre de Londres sobre Ucrania, el 2 de marzo de 2025 | Fuente: Unión Europea, Christophe Licoppe (CC BY 4.0)

En segundo lugar, la escalada militar en Irán también preocupa enormemente en Europa, que percibe cómo la diplomacia pasa a un segundo plano y el orden internacional basado en reglas sufre un gran deterioro. Aunque este conflicto ha generado divisiones en el seno de la Unión Europea, Europa como bloque ha rechazado participar directamente en misiones militares junto a Estados Unidos e Israel pese a las presiones del líder norteamericano. Mientras que algunos de los aliados mantuvieron una posición más cauta, otros, como España, han criticado duramente las acciones de Estados Unidos, impidiendo el uso de las bases militares de Rota y Morón de la Frontera en la ofensiva contra Teherán.  Sin duda, uno de los focos de interés durante la cumbre fue el comentario del presidente Trump arremetiendo duramente contra el gobierno español. Lo calificó como “un socio terrible”, e incluso amenazó con cortar los lazos comerciales entre los dos países.

Sin embargo, cabe destacar que las amenazas como forma de negociación no son un caso aislado, sino que han sido instrumentalizadas por Trump de manera recurrente en este segundo mandato. En diferentes ocasiones, el presidente norteamericano ha anunciado un plan a gran escala para imponer un arancel del 25% y hasta el 50% a los bienes importados de la Unión Europea. Finalmente, los aranceles son más reducidos, pero las amenazas de aumentarlos hasta el 100% no cesan. La política de amenazas y los cambios constantes de opinión de Trump han debilitado la alianza con una Europa que advierte un socio cada vez más imprevisible y con intereses que en muchos casos no convergen con los de la Unión Europea. De la misma manera, Trump ha amenazado a otros socios de la OTAN como Canadá o Dinamarca con invadir parte de sus territorios nacionales, algo que los líderes europeos han rechazado fervientemente.

La cumbre de Ankara, por tanto, es crucial porque muestra que Europa debe asumir más responsabilidad dentro de una OTAN en la que Estados Unidos sigue siendo imprescindible, pero cada vez más imprevisible. La defensa de los intereses europeos no puede depender de factores externos como la política exterior del aliado norteamericano, especialmente en un mundo cada vez más incierto, y en el que las guerras convencionales vuelven a anteponerse al derecho internacional y la cooperación multilateral.

Contenido de la cumbre

El principal propósito de la cumbre se ha centrado en disipar las dudas sobre la posible fragilidad de la alianza y en revisar el progreso realizado desde la pasada cumbre, en la que los aliados se comprometieron a invertir un 5% de su PIB en defensa para 2035, dividido en un 3,5% de inversión dirigido plenamente a capacidades militares y un 1,5% a gastos relacionados con la defensa y la seguridad tales como la innovación o la estructura civil necesaria para el perfecto funcionamiento de los ejércitos.

De esta manera, el comunicado conjunto surgido de la cumbre afirma que los aliados están avanzando en los propósitos establecidos en La Haya, con un aumento de la inversión en Europa y Canadá de 139.000 millones de dólares en defensa. Por lo tanto, mientras que la pasada cumbre fue importante porque en ella se acordó la inversión necesaria, esta cumbre se presenta como la materialización de las promesas en una realidad tangible.

Asimismo, la OTAN anunció 50.000 millones de dólares en nuevas adquisiciones militares además de la expansión de la industria colectiva manufacturera de defensa. También, destaca la necesidad del aumento de la innovación militar y de herramientas de combate como modelos avanzados de inteligencia artificial. En este sentido, también se llevó a cabo una nueva edición del Foro de la Industria de Defensa de la OTAN, evento dirigido a poner en contacto a oficiales de la OTAN, representantes de socios y aliados, y líderes de la industria para abordar los principales desafíos de producción e innovación militar.

Finalmente, Rusia vuelve a ser mencionada como la principal amenaza a largo plazo para la seguridad euroatlántica, poniendo de manifiesto que la defensa territorial continúa siendo la prioridad para la alianza. Para los estados europeos, y más particularmente para la Unión Europea, una verdadera cooperación regional es esencial para mantener una autonomía estratégica y defender sus intereses dentro y fuera de sus fronteras. De la misma manera, la OTAN reafirma la importancia que constituye la defensa de Ucrania para la seguridad transatlántica. De esta manera, los aliados se comprometen a mantener el apoyo a Ucrania de manera sostenible, con 70.000 millones de euros en equipamiento militar, asistencia y entrenamiento en 2026 y una cantidad parecida o superior en 2027.

¿Los compromisos establecidos en Ankara son suficientes para Europa?

La mayoría de los analistas perciben el aumento del gasto en defensa como algo positivo y necesario para defender la soberanía europea. Sin embargo, existen ciertas dudas respecto de hasta qué punto el compromiso adoptado va a reducir la dependencia de la superpotencia americana. Si bien es cierto que Europa está adoptando más responsabilidad dentro de la alianza, sigue siendo ampliamente dependiente de capacidades militares esenciales como la vigilancia satelital, la inteligencia o la defensa antimisiles.

El aumento de la responsabilidad de los aliados europeos no implica, además, que la Unión Europea haya desarrollado una autonomía estratégica equivalente. La OTAN y la UE cumplen funciones diferentes, y el fortalecimiento del pilar europeo de la Alianza no se traduce automáticamente en una mayor capacidad de actuación independiente de Bruselas. De hecho, es importante matizar que, aunque la Unión Europea es la principal potencia normativa y económica en Europa, la defensa del continente se ha estructurado mayoritariamente en torno a la OTAN desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El problema no es únicamente militar, sino también político. A pesar de ser el principal apoyo de Ucrania este último año, Europa ha quedado relegada a observar cualquier intento de paz, sin poder traducir el esfuerzo militar en un verdadero peso diplomático. Un ejemplo de esto es la cumbre de Alaska celebrada el 15 de agosto de 2025, en la que Putin y Trump se reunieron para intentar buscar una salida negociada a la guerra de Ucrania, pero en la que ningún representante europeo participó. Por el momento, en términos generales, se percibe a Europa como un aliado de Estados Unidos subordinado a sus órdenes, no como un actor independiente capaz de establecer líneas rojas o acuerdos vinculantes.

Vladímir Putin y Donald Trump se estrechan la mano tras una rueda de prensa conjunta en Anchorage | Fuente: Kremlin.ru (CC BY 4.0)

La Unión Europea, como se ha mencionado antes, es una organización de gran importancia normativa y económica en el plano internacional. Sin embargo, tiene grandes dificultades para hacer frente al cambio de orden mundial que estamos viviendo en la última década debido principalmente a tres factores:

En primer lugar, existe una fragmentación política más que evidente entre los estados miembros de la Unión Europea. Más allá de la fragmentación ideológica existente, no todos los miembros de la UE comparten las mismas amenazas o prioridades de seguridad. Así, el flanco oriental de Europa percibe a Rusia como principal amenaza, mientras que los países mediterráneos también miran a Oriente Próximo y el norte de África con gran preocupación. Por otro lado, Estados Unidos, aliado principal en la OTAN, presta atención creciente al Indo-Pacífico. Esta diversidad de intereses y prioridades dificulta enormemente la posibilidad de construir una estrategia europea común.

En segundo lugar, podemos hablar de una fragmentación industrial europea. El compromiso del gasto del 5% anteriormente mencionado es un buen comienzo, pero no suficiente para resolver el problema de la capacidad militar europea. No basta con gastar más si cada Estado adquiere sistemas diferentes o si un gran porcentaje del gasto se dirige a la compra de tecnología estadounidense. Europa debe invertir en innovación e investigación para ser capaz de desarrollar sus propios sistemas y desarrollar aún más su propia industria de defensa.

Por último, es imprescindible mencionar el problema institucional de la UE. La defensa continúa siendo una competencia controlada por los Estados, por lo que las diferencias de intereses nacionales dificultan que Bruselas actúe con rapidez y contundencia. Hasta que no se resuelva este problema, el poder diplomático de Bruselas será restringido, pues las sanciones económicas y políticas son las únicas bazas con las que la UE puede amenazar por el momento.

Futuro de la OTAN

En definitiva, la cumbre de Ankara confirma que Europa ha comenzado a asumir una mayor responsabilidad financiera, industrial y militar dentro de la OTAN. Sin embargo, este esfuerzo no se ha traducido, todavía, en una verdadera autonomía estratégica. Los aliados europeos continúan dependiendo de Estados Unidos en capacidades esenciales como la inteligencia, la vigilancia satelital, la defensa antimisiles o el mando militar.

Esta dependencia no significa, sin embargo, que Europa deba resignarse a desempeñar un papel secundario o subordinado. Quizás, el compromiso económico y militar de Europa con Ucrania constituya una verdadera oportunidad para transformar este apoyo en una mayor influencia política. Siendo el principal sostén de Kiev, Europa debería reclamar una participación proporcional en cualquier futura negociación sobre el final de la guerra. De lo contrario, corre el riesgo de asumir los costes del conflicto sin intervenir realmente en las decisiones que determinarán su desenlace y el futuro de la seguridad continental.

El objetivo más realista no consiste, por tanto, en sustituir inmediatamente a Estados Unidos ni en debilitar la relación transatlántica, sino en construir un pilar europeo más fuerte dentro de la OTAN. El deterioro de la relación transatlántica ha servido como impulso inicial para realizar una serie de reformas que llevaban tiempo siendo necesarias y que han comenzado a concretarse en Turquía.

Por lo tanto, Ankara representa un avance necesario, pero incompleto. Europa debe convertir el aumento del gasto en capacidades propias, las capacidades en voluntad política y esa voluntad en una mayor influencia internacional. Solo así podrá seguir contando con Estados Unidos como aliado indispensable sin depender completamente de sus decisiones.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

Entre dos orillas: los estrechos que condicionan el mundo

De Ormuz a Gibraltar, los grandes cuellos de botella marítimos muestran cómo la geografía sigue condicionando el equilibrio de poder mundial A pesar de la globalización y del desarrollo tecnológico, buena parte de la economía mundial continúa dependiendo de unos...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo