La ética periodística en tiempos de la desinformación

2
524

¿Qué papel deben desempeñar los grandes medios de comunicación para preservar la calidad de información?

Este artículo surge como una necesidad de reflexión acerca de a dónde se dirige el periodismo en los tiempos de las fake news, la dictadura del click o la primacía de la cantidad sobre la calidad. Y es que estamos en una sociedad donde se valora más quién sacó antes la noticia que preguntarse sobre la veracidad de la misma.

Como todos sabemos, la mayoría de los grandes medios de comunicación son o forman parte de empresas privadas, por lo que siguen las reglas de mercado. De igual modo que si un producto se vende bien, se producirá más para obtener un mayor beneficio, si un programa o una noticia consigue atraer la atención de mucha gente se tenderá a realizar un periodismo acorde con esa línea. Sin embargo, ¿de verdad todo vale en esta búsqueda por la máxima audiencia?

En una misma semana hemos tenido tres casos muy significativos de lo que considero el mal del periodismo actual; la falta de información, el exceso de información y la desinformación.

La falta de información

El primer caso, la falta de información, se convierte en un grave problema especialmente cuando se redirige esa información a otros objetivos. Cuando en las tan conocidas tertulias políticas como Al Rojo Vivo, Las Mañanas de Ana Rosa, Espejo Público… se habla de la semana de disturbios por el encarcelamiento del rapero Pablo Hásel, no se pone el foco en el por qué de las protestas. Tan sólo salió un artículo en El País donde se entrevistaba a un par de jóvenes sobre por qué salían a la calle a manifestarse.

Toda esta semana los grandes medios de comunicación se han centrado en cómo se sucedían los destrozos, y cuántos detenidos y heridos dejaban las protestas, pero no se informaba sobre el por qué de las protestas. Y es que los manifestantes ya no salían a la calle por Pablo Hasél, ni siquiera por la libertad de expresión. Seguramente fuera, como explicó la influencer y colaboradora de radio y televisión Julia Canet en TV3, por la ausencia de oportunidades y falta de futuro de una generación que ha sufrido dos de las mayores crisis del último siglo.

Ana Rosa Quintana habla sobre las últimas declaraciones de Pablo Iglesias / Mediaset

El exceso de información

El segundo caso se explica también con un ejemplo de esta semana. El exceso de información sucede cuando es tal la cantidad de información, que se empieza a hablar de la noticia en cuestión desde puntos de vista erróneos, desvirtuando el objetivo inicial de la noticia. Hace ya más de una semana, Miguel Ramos publicó para el medio digital lamarea.com un artículo sobre una manifestación en honor a la División Azul, en el cual se pudieron escuchar discursos como el de una joven que decía que «el judío es el culpable».

La primera idea de la noticia era denunciar esta manifestación. Sin embargo, a medida que avanzaba la semana, otros medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, comenzando el exceso de información. Empezó así una banalización del fascismo preocupante, con frases como «influencer del fascismo» o «la nueva musa de la ultraderecha en España». Ese artículo que le dedicó El Mundo hizo que el primer objetivo de la noticia no tuviera ya validez alguna. Se pasó de denunciar unos hechos a asimilar que esta chica podía tener algo interesante que decir en una entrevista. Por último, la guinda del pastel fue un vídeo de una entrevista, donde dos pseudoperiodistas de Estado de Alarma le ríen la gracia de tener una bandera nazi en su habitación.

La desinformación

Por último, la desinformación. En este caso el protagonista es el Vicepresidente de España Pablo Iglesias. En 2014 concedió una entrevista a FurorTv en la que precisamente Pablo Hasél le preguntaba que a quién mataría, si al rey Juan Carlos, a Amancio Ortega o a Aznar. Rápidamente Pablo Iglesias se desmarcó de la pregunta para asegurar que lo que él quería era leyes para poder encerrarles, y que matarles era una barbaridad con la que no quería tener nada que ver. Hasta ahí parece un vídeo más o menos normal, hasta que el diario El Mundo lo ha rescatado siete años después para hacer ver a sus lectores que lo que estaba pidiendo Pablo Iglesias eran leyes para encarcelar a Hasél, algo totalmente falso y que se puede verificar viendo el corte de la entrevista.

Tras esta interpretación del vídeo, El Mundo publicó al día siguiente un pequeño «fe de errores» en el que detallaba este asunto y admitían haberse equivocado. Sin embargo, para cuando esas pocas líneas a modo de disculpa se publicaron, Vicente Vallés, Ana Rosa Quintana y Susana Griso ya habían caído en un bulo que se encargaron de difundir rápidamente.

No querría inmiscuirme en el tira y afloja entre ciertos medios de comunicación y los líderes de PODEMOS, sino en cuál debería ser la actitud de estos medios a la hora de contar la verdad y no dejarse llevar por el sensacionalismo. Y creo que, como he intentado explicar en este artículo, en los últimos tiempos los grandes medios de comunicación están optando por la cantidad de clicks antes que la propia calidad de las noticias.

Publicidad

2 Comentarios

  1. Muy interesante y documentado (subrayo) este artículo, eso de “quien informa, antes informa mejor”, no funciona siempre.

Deja un comentario