Tomar un café con la vecina, regar las plantas del que vive en el 3º o cuidar de su gato cuando se va de vacaciones… Todo esto son parte de las iniciativas que promueve el proyecto La Escalera
La Escalera es un proyecto diseñado por Rosa Jiménez Pereda y apoyado por la Cooperativa Indaga y Medialab-Prado. La Escalera busca reimaginar las comunidades vecinales para tejer redes de apoyo y cuidados entre vecinos y vecinas. La duración de este proyecto fue de 2016 a 2017 y, debido a su éxito, comenzó a recibir financiación pública por parte del Ayuntamiento de Madrid.

El proyecto Escalera se aplicó en 30 comunidades de la Comunidad de Madrid y ofrecía un método fácil para fomentar la cogestión de los cuidados en la comunidad. Este método consistía en poner un cartel en el portal que plantea lo siguiente: «la vida es un problema en común, ¿por qué no lo resolvemos en comunidad?». Al lado del cartel se adjuntaban una serie de pegatinas con frases como: «Te riego las plantas», «te subo la compra», «comparto wifi», «te invito a café» y una pegatina en blanco para escribir un mensaje propio.
La Escalera podría ser una herramienta esencial para luchar contra la situación de soledad a la que se enfrentan algunas personas mayores en las ciudades
Estas pegatinas se dejaban a libre disposición en el portal, y es ahí cuando las vecinas escogían las que querían y las pegaban en sus buzones, construyendo así un primer paso hacia el contacto entre las personas del edificio. La finalidad de esta iniciativa era la facilitación de un contacto inicial entre vecinos y vecinas, para reforzar el apoyo mutuo en comunidades vecinales y evidenciar el potencial del apoyo mutuo en comunidad. Aunque, claro está, la participación no era obligatoria.

Esta iniciativa resiste a las lógicas que se dan actualmente en las ciudades; el eterno desconocimiento entre vecinas, el rehuirse en los pasillos y en las zonas comunes
Pese a que oficialmente se supervisó este proyecto en 30 comunidades vecinales, el proyecto también buscaba la autogestión del mismo. Es decir, si una persona del vecindario conocía la iniciativa y quería implantarla en su edificio, podía hacerlo él mismo. Tan solo tendría que imprimir el cartel y las pegatinas.
Esta iniciativa resiste a las lógicas que se dan actualmente en las ciudades; el eterno desconocimiento entre vecinas, el rehuirse en los pasillos y en las zonas comunes, el «cada cual a lo suyo» y, además, fomenta una forma de cuidado mutuo. Es más, La Escalera también podría ser una herramienta esencial para luchar contra la situación de soledad a la que se enfrentan algunas personas mayores en las ciudades.
Repensar las relaciones vecinales nos puede facilitar la vida, pues dejaríamos de ver a nuestro vecino o vecina simplemente como aquel extraño/a que habita tras la pared, y comenzar a verlo como esa persona que me puede prestar un cable. Podría ser un primer movimiento contra la exacerbada atomización social a la que nos enfrentamos en las sociedades occidentales contemporáneas. Evitar la indiferencia para conocernos mejor, hacernos la vida más fácil y construir redes de cuidado mutuo, y a veces, actuar a pequeña escala, puede ser la semilla de una transformación más grande.


