La peor DANA del siglo ya se ha cobrado 213 fallecidos en Valencia, a los que se unen tres en Castilla-La Mancha y uno en Andalucía
Son 217 muertes en total que, sumadas a los centenares de desaparecidos, dejan una estela de destrucción nunca vista, que requería una actuación inmediata por parte de quienes debieron darla.
Los reyes recibieron este domingo todo el fango y la ira que la clase política esquivó
Este domingo se organizaba una visita por parte de los Reyes, el presidente del Gobierno y el presidente de la Comunidad Valenciana a la localidad de Paiporta, epicentro de la catástrofe. Una visita que comenzó y acabó de la misma manera: con gritos, barro, insultos e incluso palas al aire.
Curiosamente, las dos personas que realmente tienen poder para hacer algo y, quienes tienen responsabilidades y errores que asumir sobre este asunto, son los mismos que se retiraron ante la presión de los vecinos del pueblo.
En la visita a Paiporta, el rey Felipe VI, la reina Letizia, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez y el presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, acudieron no se sabe muy bien a qué. Quizá para empatizar y transmitir toda la comprensión posible, además de para acompañar a las víctimas en un momento tan dramático y lamentable en el que, los que no se ahogaron, están muertos en vida.
Han perdido sus hogares, sus bienes, su vida entera sepultada por el lodo y, entre las labores de búsqueda de personas y limpieza, entre la ira y la rabia de toda esa gente que lleva ya una semana de horror, se presentaron ellos, llevándose toda la atención e interrumpiendo esa búsqueda. Bien es cierto, que, si no hubieran ido, también sería objeto de debate. Lo que los vecinos reprocharon, con todo acierto, es no haber recibido ayuda suficiente, en vez de meramente pasearse por la zona.
La vista fue breve
En la agenda estaba incluida la visita a la localidad de Chiva, que acabó cancelándose tras la tensión vivida en Paiporta. Muchos lo consideran un error por parte de los reyes y los presidentes. «Era su deber», manifiestan. Mientras el presidente huía de los palos y los insultos, Mazón se quedaba allí, asumiendo como penitencia la lluvia de barro y la ira del pueblo por sus errores y dilaciones. Probablemente fue su única buena decisión.
A Sánchez lo tildan de cobarde, yo no sé si lo fue, lo que sí sé es que fue consecuente. Si se hubiera quedado, qué no habría llegado a pasar. Se habría producido un linchamiento, y él también lo sabía. De eso no cabe duda. No obstante, resulta desesperante que mientras los reyes ofrecen su guardia real a las zonas afectadas, los políticos que sí tienen poder, se dedicaran a pasarse la pelota en lugar de trabajar conjuntamente por un bien común: la ciudadanía.
La ayuda a los valencianos no llega porque no la piden o no la dan
Sánchez se pronunció con un «si necesitan más recursos, que los pidan», mientras Mazón alega que «nadie necesita que ninguna autonomía pida refuerzos». En resumidas cuentas, ninguno parece conocer las competencias que posee. La ayuda se está pidiendo de todas las formas posibles, incluso mediante pedradas. ¿Acaso la clase política no ve la televisión, no escucha la radio, y no lee los periódicos?
Sánchez o Mazón, ¿quién tiene el mando?
Según explica maldita.es, dado que la situación actual en la Comunidad Valenciana es de alerta nivel 2, solo se envía lo que la comunidad autónoma pide, que es la que, en este momento, tiene el mando de la situación. Ante la aparente calma del señor Mazón, ¿puede hacer algo el gobierno central? La respuesta es sí. El presidente Sánchez pude elevar la situación operativa al nivel 3 o declarar un estado de alarma, en cuyo caso estaría perfectamente capacitado para mandar toda la ayuda necesaria.
Esta subida de nivel puede hacerla en cualquier momento desde que se produce la catástrofe, ya que la situación operativa 3 «se corresponde con las emergencias de interés nacional, declaradas por la persona titular del Ministerio del Interior de acuerdo con la ley». Es decir, en ese escenario el ministro Marlaska debería declarar una emergencia de interés nacional; y desde ese momento, Interior asumiría la dirección de la emergencia, que contempla «la ordenación y coordinación de las actuaciones y la gestión de todos los recursos estatales, autonómicos y locales del ámbito territorial afectado».
El motín de Valencia
Decían en algunos medios que lo de este domingo fue «el motín de Valencia». Y, ciertamente, podría decirse que así es. Formará parte de la historia reciente. El motín de un pueblo enfurecido y lleno de ira por la incompetencia de sus gobernantes. Quienes, se supone, que deberían ser sus salvadores.
Francamente, si el que tiene que pedir ayuda no la pide, el que tiene el poder de ayudar, que ayude. Si el gobierno autonómico no pide más ayuda, pese a las súplicas de los afectados, y el presidente del gobierno no implanta el nivel de alerta 3 ni establece el estado de alarma para tomar el control de la situación, ¿qué más opciones quedan?
Es un sinsentido que en sus casas y con una mochila al hombro haya policías nacionales, guardias civiles, militares y bomberos deseosos de ir a ofrecer sus servicios y ayudar con toda la formación y equipos de los que disponen, sin recibir una orden que les permita acudir a las zonas afectadas.
¿Quién es el enemigo?
En unos medios se da una versión y en otros se da otra. En unos, los ataques e insultos iban dirigidos a los Reyes, en otros, a Pedro Sánchez. También hubo para Mazón. Sin embargo, hay algo que yo tengo claro: los reproches y explicaciones se le deben pedir a quien tiene el poder de hacer algo al respecto. La defendamos o no, la monarquía, lamentablemente, es simbólica.
Algunas personas se enojaron con los reyes, efectivamente, sobre todo porque su visita supuso paralizar las labores de limpieza y búsqueda durante casi dos horas. A Sánchez también le llovieron palos, y nunca mejor dicho. Tuvo que salir de allí en un coche con las lunas rotas, con las puertas abolladas y cubiertas de barro por los ataques de los vecinos enfurecidos.
Errores de todos los colores
Ni Sánchez ni Mazón llegaron a tiempo. En situaciones así, el pueblo deja de tener expectativas y esperanza en la clase política. Evidenciaron, una vez más, que el pueblo está solo. Que las ayudas que llegan no son porque ellos la manden, sino porque el pueblo las pide y las llora y, a veces, ni por esas llegan. Triunfa, desde hace tiempo, la mediocridad, el conformismo, los mentirosos, los insultos y la vergüenza ajena. Y mientras, el lodo sigue ahí, la gente sigue llorando, limpiando y pidiendo ayuda. Y esta mala gestión de los últimos acontecimientos no hace más que acrecentar ese sentimiento. Se ha pasado de los insultos a los palos y al barro, no sé qué será lo siguiente. Ningún tipo de violencia es válida, y por supuesto, no la defiendo. Pero, ¿hasta dónde vamos a llegar?

