¿Madrid sigue siendo una ciudad de oportunidades o se ha convertido en un parque temático para quienes pueden permitírselo?
Sé que no es lo mismo vivir una ciudad desde la perspectiva temporal u ocasional que la de estar haciendo vida en ella pero, de Madrid, a pesar de hacerlo desde el primer prisma, sí que puedo decir que es la ciudad donde (casi) todos los chicos llevan bigote, los empujones en el metro son constantes y te alienan para pagar seis euros por una cerveza.
Desde mi experiencia como foráneo, siempre pensé que Madrid sería de otra manera. Lo concebía como un generador infinito de oportunidades y diversidad. Sin embargo, o la ciudad ha cambiado mucho en esta última década o es que, en realidad, nunca había sido así. En lugar de ser un sinónimo de esperanza, de lugar seguro para poder labrar el futuro que cada uno quisiera, a mis ojos ya no es otra cosa que un escaparate, un parque temático.
Donde se suponía que florecían las oportunidades, ahora lo único que parece florecer son locales de franquicias magnánimas que ofrecen condiciones laborales horrendas. En lugar de surgir ideas nuevas, vanguardistas y punteras, parece que solo se clonan los conceptos, se multiplican de manera intensiva hasta que no dan para más. La ciudad parece estar quedándose sin alma poco a poco, siendo esta sustituida por un forraje sin sentido alguno. Bueno, quizá sí tiene alguno, el monetario.
¿Tiene que acabar la capital del país como un circo de variedades para contentar a aquellos que vienen de visita o para quienes intentan conseguir algo en la vida? ¿Vamos a seguir aceptando de manera colectiva que pagar seis euros por una cerveza —un maldito tercio— es tolerable? ¿Va a seguir siendo el libre mercado el fatum de toda una metrópolis, donde solo podrán formar parte de la misma aquellos que cuenten con soltura económica?
Si lo único que puede importar en Madrid ahora es el dinero de las personas, la ciudad acabará convirtiéndose (si no lo es ya) en mero entretenimiento para aquellos que puedan permitírselo. El significado de ciudad cambiará su acepción: solo podrá entenderse como un lugar de paso, como un espacio en el que consumir y gastar, alquilar por precios desorbitados un local a ras de calle en el que pasar tres o cuatro noches, sin poder ver cómo se cumplen tus sueños en una misma casa.
Ver cómo los vecinos originales de las zonas que rebosaban vida y cultura serán obligados a dejar sus viviendas porque el caballero más poderoso siempre seguirá siendo Don Dinero. Nadie podrá hablar de Madrid como la ciudad que le dio las oportunidades, porque simplemente no tendrá nada que ofrecer a no ser que pueda ser comprado. ¿Cómo soñar con construir una vida allí si no queda espacio habitable para desarrollar semejante hazaña? ¿Seguirán siendo los alquileres, cada vez más imposibles, los culpables de la frustración de las personas? ¿O lo hará la imposibilidad de acceder a la compra de una vivienda?
Me gustaría pensar que, en realidad, esto es tan solo la percepción personal de un individuo que siempre pasa de puntillas por la capital. Que la razón de ser de mi percepción es la circunstancialidad de mi relación con Madrid, pero no paro de conocer de buena mano las miserias que viven algunos de mis conocidos que se envalentonan para intentar progresar allí, por lo que mi opinión pasa a formar parte de la colectividad. ¿Hasta cuándo seguiremos permitiendo esto? ¿Qué tendrá que llegar a pasar para que, como sociedad, pongamos freno a esta situación? ¿Tendremos, simplemente, que seguir intentándolo? ¿Será mejor seguir negándolo?


