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Hoy cumplo 22 años y tengo algo que decir

Las flores que me regalan al cumplir 22 años me recuerdan a todo lo que perdí (y lo que aún tengo)

Hoy cumplo 22 años. Y hay algo curioso en ello. Por primera vez en mucho tiempo me he dado cuenta que la vida pasa. Que el tiempo no espera a nadie. Que mi bigote crece cada día más, que los pájaros continúan volando, que vuelvo a cumplir años. Aunque a veces esté triste o haya noches que no duerma, he descubierto que la vida sigue pasando. Y yo no puedo hacer nada para que vaya más despacio. 

Viene todo esto a mi mente hoy, cuando pienso en lo rápido que ha pasado este año. Porque me acuerdo perfectamente de dónde estaba hace doce meses, pero no de lo que hice hace una hora. El tiempo avanza sin avisar y vuelvo a tener cientos de felicitaciones en el móvil que responder. Hoy, sin darme cuenta, pongo una vela más en mi tarta, y para celebrarlo, mi habitación se llena de todas las flores que me han regalado. 

Algunas tienen nombres que nunca había escuchado, otras simplemente huelen bien. No sé quién decidió que regalar flores era la forma universal de decir “me acuerdo de ti”, pero gracias. Porque lo entiendo. Siempre he pensado que no hay nada tan bonito como una flor. Pero hoy he descubierto que, en realidad, no es así. Lo único que es más bonito que una flor es que te la regalen.

Más ramos de flores | Fuente propia

A veces damos por hecho estar vivos. Pero las flores no. Las flores nos recuerdan que todo es efímero. Que todo lo que nace, un día se va; que hay cosas que duran poco y por eso mismo son tan especiales. Los pétalos se marchitan y la primavera no es para siempre. Que el simple hecho de estar hoy aquí, cumpliendo años, es un privilegio.

Ahora me toca soplar 22 velas, y lo hago agradeciendo eso. Lo bueno, lo malo y lo que se queda en el medio. Todo aquello que alguna vez me hizo llorar, lo que me hizo reír. Todo lo que he sentido. Porque es lo que me recuerda que estoy vivo, que estoy aquí. Que la vida pasa

Las veces que he temblado antes de besar. Las cosas que hice sin pensar, las que pensé demasiado y las que nunca hice. Las noches en Madrid que no terminan, los amigos que ya no me llaman, las mariposas de mi estómago y los mensajes que mando borracho al recogerme en Uber. Hoy en día, después de haber llorado tanto, sé muchas cosas que antes no sabía. Por ejemplo, ahora sé que hay amores que solo existen en tu cabeza. Que hay canciones que no se vuelven a escuchar. Que las cosas importantes no siempre se gritan, a veces solo se sienten en el pecho. Como cuando ves a alguien de espaldas y por un segundo juras que es él. Y no lo es. Nunca lo es.

Muchas más flores | Fuente propia

También sé que no todas las despedidas son en aeropuertos y que afeitarse sin espuma no es buena idea. Que quien te dice ‘nunca más’ siempre vuelve, y que a quien dice ‘para siempre’ nunca lo vuelves a ver. Sé que cuando cumples 22 años hay felicitaciones inesperadas que te dejan temblando y otras que no llegan, pero que esperas todo el día

Son muchas las cosas que recuerdo en mi día especial. Con las enseñanzas a flor de piel y las flores de mi habitación enseñándome a la vez, agradezco todo lo que algún día he llegado a sentir. Agradezco también lo que siento hoy, cuando veo cada una de las flores que me han regalado. Por estar rodeado de gente que me las regala cada día- aunque yo no las vea.

Mientras huelo los ramos, me intriga pensar que no es el único día en el que las flores me acompañarán. Normalmente se reciben en paradas especiales de nuestro camino. En los cumpleaños, los aniversarios, cuando nos enamoramos o cuando morimos. Y eso me sorprende. El comportamiento camaleónico que tienen. El que puedan simbolizar la alegría de estar aquí y la tristeza de irse. El hecho de que, por muchas que me regalen hoy, nunca sabré cuántas flores morirán junto a mí. Ni cuantos pétalos me despedirán. Ni cuántos ramos decorarán mi eternidad.

Las flores y el tiempo | Fuente propia

En las flores que me han regalado hoy veo celebrados 22 años. Las flores rojas tienen el mismo rojo de mi orla al graduarme de Bachiller. Las naranjas me recuerdan a aquel atardecer de verano en el que me enamoré. Hay violetas que me transportan a la iglesia donde hice la primera comunión. Y las de color rosa al oso de peluche que le regalé a mi hermana al nacer. En las flores azules veo la playa en la que me quemo cada año desde que iba al cole. Y las blancas me recuerdan al camisón que llevaba mi abuela la última vez que la vi.

Hoy cumplo 22 años, y entre pétalos, bigotes sin afeitar y recuerdos, me doy cuenta que la vida pasa. Y yo, con las velas ya sopladas, esperando una felicitación que no va a llegar, solo puedo decir una cosa:
Gracias.

Porque hace unos días llevé flores al cementerio. Hoy, en cambio, las recibo en casa. Y aunque el contexto haya cambiado, el significado es el mismo: la vida pasa.

Y yo por fin me he dado cuenta.

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