La catalana se consagra como Superestrella delante de casi 50.000 personas
Barcelona abre los brazos para dar la bienvenida a casa y recibir, con orgullo casi maternal, a la artista que mejor encarna el pop español contemporáneo: Aitana. Por fin, la originaria de Sant Climent de Llobregat inaugura su nueva gira de estadios Metamorfosis Season. Tras mucha preparación, cambios de fechas y contratiempos, la joven presentó anoche su nueva propuesta en un show de casi tres horas, con pantallas estratosféricas, un cuerpo de baile hambriento salir y un escenario en forma de mariposa. Además, el concierto se inundó de aún más magia con la aparición de Ana Guerra, Josep Montero y Pep Sala como invitados especiales.
Metamorfosis Season ya ha empezado. Y es que, después de tanto tiempo desde el anuncio de aquel primer Bernabéu en diciembre de 2023, ha llegado por fin el momento de la estrella catalana de subirse a los estadios. Pese a la magnitud de estos recintos, llenar un Olímpic para Aitana no ha sido un reto, sino un destino. La artista y su equipo diseñan un espectáculo impecable cuya escenografía cinematográfica se funde con sus grandes éxitos. La telonera, Julieta, abrió las puertas del estadio para mantener el hype, creando su propio mundo pop. Su labor se sincroniza perfectamente con el significado global del repertorio y prepara a la audiencia para lo que está por venir.
La estrella ya está en casa
Cuando Aitana apareció, la canción que descorrió el telón fue 6 de febrero, rompiendo el hielo y dando mecha al estallido escénico que se prolongó hasta el anochecer. Superestrella fue la siguiente en hacer temblar el estadio, justo antes de que la intérprete rindiese homenaje a sus propias eras, reviviendo así Spoiler, 11 Razones, alpha y Cuarto Azul.
Durante el show, la estrella del pop desempolvó joyas que no resonaban en directo desde 2019. Una de ellas fue Lo Malo, interpretada junto a Ana Guerra, en un reencuentro que hizo vibrar de nostalgia a toda una generación. Tampoco faltaron las baladas que han definido su carrera, como Vas a quedarte o Con la miel en los labios, interpretadas con una sensibilidad que las elevó a momentos casi teatrales. Todo sucedía mientras el escenario se cargaba de visuales vertiginosos y una conexión inquebrantable con un público que la protegía, respondiendo a cada canción con más voz aún.

Celebración de todas las etapas
El concierto también funcionó como carta de amor a 11 Razones, disco que la propia artista confesó ser uno de los más queridos por sus seguidores. Con guitarras eléctricas y canciones coreadas a pulmón, la intérprete regaló una selección extensa de temas de esa etapa antes de ceder el protagonismo a la era alpha, que transformó el estadio en un parque de atracciones tecnicolor. La propuesta visual de este bloque fue arrolladora: luces cinéticas, efectos tridimensionales, referencias al europop noventero y guiños al universo sonoro de ABBA, con una dirección artística digna de las propuestas pop globales.
En este despliegue ochentero brillaron temas como Los Ángeles, miamor o Dos extraños. Con coreografías milimetradas que retumbaban entre columnas de humo y pantallas que parecían levitar. La artista abrazó sin miedo su versión más lúdica, provocadora y libre, demostrando que la sensualidad puede ser también inteligencia en movimiento. Antes de despedirse, regresó a su cuarto azul para desgranar con emoción sus nuevos himnos: Segundo intento, La chica perfecta o Conexión psíquica. Canciones ya incrustadas en el imaginario colectivo de su generación. También se bailó uno de los hits más grandes de este año del país. La colaboración de Aitana con Quevedo, Gran Vía, se camufló entre otros éxitos como Tu Foto Del DNI o Mon Amour.
Un adiós desde el corazón
Uno de los momentos más emotivos de la velada fue Música en el Cielo, dedicada a su abuelo, que interpretó desde una grada rodeada de fans. En un gesto íntimo que rompió con la grandilocuencia del show, la cantante se sentó en un asiento del estadio, como una espectadora más. Son instantes como ese los que definen su esencia. Aunque baile entre fuegos artificiales, sigue siendo cercana, capaz de sentarse entre su gente para abrir el corazón.
Un final a la altura de su nombre
El espectáculo estuvo cosido con un vestuario transformativo y simbólico, a la altura de una estrella pop que metamorfosea en sus propias referencias. Cada cambio de ropa sorprendía por su equilibrio entre delicadeza y provocación. Su cuerpo de baile, siempre presente, no solo acompañaba. La sostenía, la empujaba, la celebraba, multiplicando la energía de cada compás. Los invitados también aportaron su peso emocional: Josep Montero interpretó La gent que estimo y Pep Sala se unió con Boig per tu. Así, Aitana rindió homenaje al pop catalán, hilvanando aún más capas al relato escénico.

El estadio se vino abajo con la recreación del ya icónico baile de miamor, que se repitió con más fuerza en La chica perfecta. Reivindicando su derecho a jugar, provocar y decidir sobre su cuerpo, la actuación estuvo tatuada con simbolismo y mensajes. La sensualidad volvió a escena con temas como Sentimiento Natural. La coreografía navegó esa línea rebelde, despreocupada y algo sexy que también forma parte de su ADN artístico.
Con esta mezcla de bailes, baladas y sorpresas, la princesa del pop español no solo llenó un estadio. Selló su lugar en la historia reciente de la música en español. Lo hizo tras años de obstáculos logísticos, aplazamientos e incertidumbre, pero con la certeza intacta de quien ha nacido para esto. El Estadi Olímpic se convirtió en su hogar, su trono, su manifiesto. Ahora el escenario se traspasa al Estadio Metropolitano de Madrid, donde la joven continuará su metamorfosis los días 30 y 31 de julio.
Anoche el cielo miró con envidia al Estadi Olímpic. No solo porque casi todo el público vestía de azul en honor a Cuarto Azul, sino porque la estrella más brillante no estaba brillando con los astros. Estaba danzando sobre un escenario, cantando sobre segundos intentos y fotos del DNI. Y es que España ya no espera a su superestrella: la tiene. Y se llama Aitana.


