Los Ángeles enfrenta desde hace semanas un infierno donde protestas pacíficas han derivado en violencia por parte de manifestantes y autoridades, ninguna de ellas justificables
Desde hace dos semanas intento encontrar una explicación lógica, neutral y coherente a las protestas masivas que miles de hispanos, principalmente, están realizando en Los Ángeles. No es fácil, pero tampoco imposible. La respuesta más simple, la más extendida y la más politizada es que solo hay una víctima y un culpable, depende de cómo se quiera ver: o son los manifestantes o los policías. No hay más.
Pero yo, me niego a verlo así, porque la verdad es que ambos no son ni los ganadores ni los perdedores, al contrario, son víctimas. Mientras que las autoridades sólo hacen su trabajo, los manifestantes sólo ejercen sus derechos; y los grades ganadores están en Washington D.C., el partido republicano y el demócrata.
Trump, como no podía ser de otra manera, echa más leña al fuego, diciendo barbaridades como que «la única bandera que puede ondear es la estadounidense», pero al mismo tiempo, hace lo que tiene que hacer, gobernar y velar por la seguridad de los ciudadanos. Por su parte, los demócratas buscan una oportunidad política y han encontrado en las protestas el calvo de cultivo perfecto.
Recordemos que la segunda ciudad más importante de Estados Unidos lleva años bajo el liderazgo demócrata donde los problemas sólo han aumentado: más personas sin hogar, rentas más caras, problemas con el narcotráfico… y entre tanto, una buena reducción de gasto público en servicios importantísimos, fundamentales para una ciudad como los bomberos o la policía.
¿Recuerdan los terribles incendios que asediaron Los Ángeles a principios de 2025? La alcadesa, Karen Bass, redujo en 2024 en más de 17 millones de dólares el presupuesto para el cuerpo de bomberos, enfrentando críticas del departamento de bomberos en las que éstos, pidieron reiteradamente que el ayuntamiento aumentase los ingresos para poder responder mejor y eficazmente a las emergencias. ¿La respuesta? Ninguna, hasta que el peligro entró en casa y con lágrimas de cocodrilo, Bass pedía a Biden apoyo nacional para repeler los incendios.
En cuanto a la policía, se dio un hecho bastante similar, con una fuerte reducción de presupuesto e incapaces de asumir la carga de manifestantes, ni la policía local, ni la del condado ni la estatal pudieron hacer frente a las protestas hasta que Trump (sin que nadie se lo pidiese) decidiese hacerse cargo de la situación.
«Se ha metido en nuestras competencias. Lo denunciaremos.» Éstas fueron las palabras del gobernador demócrata de California, Gavin Newsom. Puede que en parte tenga razón con respecto a que una intromisión nacional en asuntos locales y estatales no es lo más adecuado, pero se confunde, no sé si por su edad o por sus ganas de entender, en no criticar a Bass sus recortes presupuestarios.
Todo el mundo, con dos dedos de frente, comprende que las políticas de Trump con respecto a los inmigrantes, vengan de donde vengan, no son las más adecuadas, porque si como gobernante quieres ir a por pandilleros, sabes a dónde ir, a dónde enviar a la autoridad, pero no peinas todas las ciudades y empiezas a señalar solo por el hecho de hablar un idioma o tener un color de piel.
Pero todo el mundo, sensato, también debe entender que cuando se pasa a la violencia, una manifestación debería carecer de apoyo total. No hay problema en que ondeen banderas mexicanas, pero tampoco es justificable que desde un punto lancen piedras a los vehículos policiales, como también es denigrante que un agente dispare a una periodista que solo hacía su trabajo.
Pero detrás de todos este caos y violencia de un lado y otro, también se ve lo bueno, lo humano: dueños de un restaurante ayudando a los policías gaseados y éstos, agradeciéndoles la ayuda. No hay nada de positivo en estas protestas, sólo aspectos negativos: detenciones, redadas y más redadas, coches policiales ardiendo, carreteras cortadas, confrontaciones políticas y sobre todo violencia, mucha violencia, porque ni una parte ni otra paran, solo avivan un fuego que parece no tiene fin.
Las protestas en Los Ángeles deberían servir para, por lo menos, reflexionar sobre qué sociedad queremos, cómo nos manifestamos y sobre todo, pensar en qué decisiones políticas se toman a un lado y a otro de la balanza.


