El sur de Europa es sinónimo de calor, excelente gastronomía y playas paradisíacas. Pero detrás de esa bella postal se esconde una triste realidad
Precios altos, desempleo juvenil y un sentimiento de desarraigo con su lugar de origen. Esto es lo que millones de ciudadanos del sur de Europa viven desde hace tiempo.
¿Comprar o alquilar?, la típica pregunta que se hacía en las inmobiliarias hace más de 20 años hoy ha cambiado completamente. Muchas personas en España, al igual que otros países del sur del viejo continente, no pueden alquilar un piso por diversas razones, entre ellas están el alto precio de los alquileres y sueldos que no suben, lo que implica que muchos jóvenes se queden en casa de sus padres hasta los 30 años, según un informe de Eurostat de 2025. Sin embargo, hay alguien que sí puede alquilar y comprar: los extranjeros.
Hace tiempo se veía al sur de Europa como un rincón pobre que solo servía para beber alcohol, ver toros o fado y estar en las playas hasta que se obtuviese el bronceado deseado. Esa es la imagen que muchos europeos del norte tenían (y tienen) sobre nuestro bello rincón. Pero la realidad es bien diferente.
En el sur nos gusta vivir la vida sin complicaciones, salir por las noches, tomarse algo después del trabajo, parar a comer de verdad —a veces en exceso— como en Italia, donde la pausa de la comida se hace de dos horas para disfrutarla aún más. Quizás, por eso, dos de las blue zones, regiones del mundo donde las personas viven significativamente más tiempo y con mejor salud que el promedio global, se encuentran en Italia y Grecia.
Pero algo está moldeando esta zona de Europa, el exceso de turismo. Si bien es una fuente importante de ingresos para todas las naciones del sur, también es una fuente de problemas serios. Muchos visitantes optan por comprarse casas en las regiones mediterráneas para disfrutar de un estilo de vida que han conocido de viaje y les ha entusiasmado.
Esas acciones han provocado que miles de jóvenes y personas no puedan tener una casa para vivir porque los precios han subido. El poder de compra del norte supera con creces al del sur y, como se lo pueden permitir, simplemente lo hacen. Esto provoca que cada vez más ciudadanos locales de conocidas ciudades turísticas como Barcelona o Venecia se hayan cansado de tener que ser expulsados sistemáticamente de su lugar de origen y hayan decidido pasar a la acción.
Sin embargo, económicamente, hay un buen dato: el sur crece más que el norte. Y no es mentira, ya que cinco repúblicas y una monarquía están reemplazando a grandes potencias económicas como Alemania o Francia, que sufren un gran problema económico y no consiguen remediarlo. Actualmente, Malta, Chipre y España crecen más que los Países Bajos y Finlandia, según Euronews.
Pero estos datos, más allá de que son un buen indicador, hacen preguntarnos, ¿dónde está realmente el crecimiento? El que la gente ve en su día a día, porque tener que dormir en una caravana no es una elección, esperar meses a que te atienda el médico tampoco, o que veas cómo intentas encontrar empleo y no recibes respuesta.
En Lisboa, por ejemplo, se debe destinar el 116 % del presupuesto para la vivienda, en un país donde el salario mínimo es de 920 euros, uno de los más bajos de todo el continente. En Malta, los precios de habitaciones superan los 1.000 euros, teniendo en cuenta, que una parte significativa de su población trabaja en el sector del turismo, con salarios mucho más bajos que la media nacional.
Por tanto, cabe preguntarse ¿dónde está la felicidad que el sur de Europa tenía? Seguimos viviendo y disfrutando como lo hacíamos, pero el «boom» económico no se ve en la situación actual de muchas personas en el sur del continente.
Quizá se debería dejar de mirar más al norte y renacer del sur, recuperando un estilo de vida completo, balanceando turismo y economía de calidad con disfrute personal sin perder la esencia que el sur da a sus habitantes.


