¿Por qué ya no tenemos momentos encantadores desencadenados por la coincidencia?
En 2013 me divertía muchísimo pasando mi tiempo en juegos.com, Club Penguin o en YouTube viendo videos de Smosh o ElRubiusOMG (no estoy orgullosa pero tampoco me escondo). Para mí, fue una infancia muy placentera en su mayor parte. Pero ya no me siento así.
La trágica historia
En ese entonces sufría una ligera frustración. Pensaba «Internet me da todo, podría aprender de todo o conocer algo completamente nuevo y desconocido, pero me faltan horas en el día para explorar la red todo lo que quiero».
Actualmente no siento frustración, sino una amplia paz, pero con ella un profundo sentimiento de aburrimiento. ¿Por qué? ¿Por qué iba a aburrirme? Todavía puedo informarme sobre dragones tibetanos, la historia del punk o arte alternativo japonés del siglo XX. Pero ya no es lo mismo. De nuevo, ¿por qué? Tras reflexionar tengo un sospechoso principal: el algoritmo.
¿Qué es el algoritmo?
¿Qué es eso del algoritmo? según Google “Un algoritmo es un conjunto ordenado y finito de pasos o instrucciones diseñado para resolver un problema específico o realizar una tarea.” En cristiano, es un grupo de instrucciones o reglas que utiliza un dispositivo software que hace que su uso sea más ameno y sencillo, porque predice lo que necesitas o buscas. Un algoritmo puede ser de varios tipos (informático, de motores de búsqueda, recursivos, de vida cotidiana), pero yo me refiero en especial a los que se manejan en redes sociales y pueden ser más o menos evidentes.
Hay un algoritmo en todas las redes sociales que usamos: Instagram, Facebook, Pinterest o X (antes conocido como Twitter). También en aplicaciones de citas como Tinder, Bumble, OkCupid y más. Incluso las plataformas de “VOD” (Video On Demand), es decir, las plataformas de streaming que conocemos; Netflix, HBO o Prime Video, también tienen un algoritmo.
Si bien el algoritmo nos facilita el uso de las aplicaciones, ya casi no existe la posibilidad de perderse, cometer errores o de tropezar con contenido nuevo y diferente. En consecuencia, es difícil sentirse como un pez fuera del agua. Pero esto no solo afecta a los consumidores, sino también a los creadores del contenido.

El “expectador-vago”
Muchas aplicaciones utilizan un algoritmo con la finalidad de maximizar la satisfacción del espectador. En Youtube, particularmente, el algoritmo favorece a los vídeos que tienen muchas visitas, eso hace que —a la larga— los creadores con canales pequeños o canales que empiezan se vean frustrados porque, independientemente del contenido, sus vídeos no son vistos y, del mismo modo, no crecen. Esto hace que mayoritariamente los creadores de contenido de un canal pequeño paguen altas cantidades de dinero por publicitar su contenido o, finalmente, cambien la temática original de este.
Instagram se ha ido complicando a lo largo de los años, y su algoritmo también. En 2010 tenía un funcionamiento sencillo y fácil de entender: subías una imagen y cualquier persona que te siguiese la recibiría en su feed. A pesar de no tener queja con esto, los creadores de esta plataforma fueron cambiando el algoritmo para que vieses lo que la máquina cree que es más relevante, dificultando de este modo la posibilidad de ver imágenes de nuestros conocidos o celebridades favoritas. Y en TikTok no es necesario que sigas a nadie en específico para recibir contenido; a partir de likes o interacciones con un vídeo el algoritmo imagina lo que te puede gustar y te lo lanza, creando un efecto adictivo en los usuarios.
¿Cuál es el común denominador? Aunque para ser creador de contenido sea más sencillo encontrar el éxito en unas aplicaciones u otras, la experiencia en general es placentera, adictiva y cómoda para el espectador pero, ¿cualquier espectador? No, sencillamente no. La experiencia es positiva para una especie de expectador-vago.

La muerte de la casualidad
Recuperando la narrativa inicial, ya no sé qué es la casualidad y qué es mi algoritmo. Como Kundera indicaba: “Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llama coincidencias. Coincidencia significa que dos acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, que se encuentran. La gente no se percata de la inmensa mayoría de estas coincidencias (…) Porque es precisamente así como se componen las vidas humanas.”
Vivimos en un tiempo en el que tenemos acceso a millones de posibilidades gracias a muchísimas aplicaciones y una facilidad para explorar internet impresionante. Pero a pesar de eso, la afinación extrema de nuestros algoritmos ha hecho que no haya posibilidad alguna de sentir incomodidad, enfado o incluso curiosidad (y la natural torpeza que viene con ella), por lo cual, no hay posibilidad alguna de experimentar el efecto de la casualidad.
La extrema perfección del algoritmo en nuestras aplicaciones nos puede llevar a hacer la siguiente reflexión: Esa canción, libro, película, persona o contenido ¿la he elegido yo o ha sido un procedimiento creado por la app? Y, sobre todo, nos lleva irremediablemente a una visión más existencialista del problema: ¿he elegido alguno de mis hobbies o gustos, o solo he sido puesto en una caja de información?
Mi única misión es incomodarte preguntándote: ¿cuándo fue la última vez que decidiste algo —de verdad— tú mismo?


