Hoy, 21 de noviembre, se celebra el día mundial de la televisión, un espacio en el que había color y hoy casi se ha teñido por completo de blanco y negro
La televisión siempre ha buscado ser ventana, ser espejo. Algunas veces, fuente de servicio público. Otras tantas, entretenimiento que acompaña al espectador, pero por encima de todo, un recurso para informar a los que la ven. Sin embargo, se está muriendo. Y sí, el entretenimiento gamberro con perspectiva de género la está salvando.
A lo largo de este año, 2025, han pasado muchas cosas en la pequeña pantalla. Esa que nació en los años 50 para ser una fuente de servicio publico, compañía, información y entretenimiento para aquellos que la ven. O la veían. Porque la televisión está perdiendo mucho de ese color que hacía que te quedaras pegado a ella.
Se está perdiendo por la ignorancia constante a un problema social que afecta a una parte de la población. Una parte que también da mucho de ese color a la tele, con su visión, su forma de hablar y de presentarse delante de la cámara o simplemente trabajando detrás de ella.
Sí, me refiero a ellas. A las mujeres. A todas las que sufren o han sufrido alguna vez el machismo más terrible entre las bambalinas de la tele o como víctimas de la violencia de género a las que no se les escucha. O algo peor, a las que siempre se las tilda de culpables, aprovechadas o verdugos de sus propios maltratadores físicos, psicológicos o mediáticos.

La lucha de Antonia
Hace apenas un mes, tras la publicación de las memorias de Mar Flores, Mar en Calma (2025), se reabría una herida incómoda pero necesaria en el mundo de la prensa del corazón sobre el caso de Antonia Dell’Atte. La modelo italiana daba una entrevista que se publicaba el pasado 12 de octubre en El País. En ella contaba los supuestos malos tratos que sufrió por parte del que fuera su pareja, Alessandro Lecquio. Él la denunció por injurias y calumnias al llamarle maltratador, pero ella acabó ganando gracias a la exceptio veritatis (una herramienta jurídica con la que Antonia pudo demostrar que no mentía en lo que contaba). El conde acabó perdiendo la demanda que interpuso en 2004.
Tras la entrevista de Antonia en El País hubo silencio, mucho silencio. De esos silencios que agotan, que irritan, que hacen daño, que dan infinita vergüenza, pero que por encima de todo revictimizan a las victimas. Una forma —por fortuna, hoy no tan sutil— de maltrato mediático. Este tema solo se abordó en un programa de radio, varios periódicos digitales y dos programas de televisión. En el que más horas se le dedicó fue No Somos Nadie, con algo mucho más importante que la profundidad propia de la información y el entretenimiento del periodismo del corazón: la perspectiva de género a la hora de ejercer el periodismo.
Una autorevisión justa y necesaria
En aquellos días se hizo mucha autocrítica entre los allí presentes. Recuerdo el papel de María Patiño, quien se emocionaba con un mensaje que le enviaba la italiana, o cuando ella misma recordó sus errores del pasado a causa del machismo con otras víctimas de maltrato como Carmina Ordóñez o Raquel Bollo. A esta última le pidió perdón en un Deluxe y, a Carmina Ordóñez, en ese mismo plató tras una entrevista a su hijo, Julián Contreras.
También recuerdo el papel de Chema Garrido, director de El Plural, capaz de llegar siempre hasta la raíz de los que defienden el machismo y enseñar sus conductas aberrantes a los espectadores del programa.
Pero sin duda, la que más me impacto, no solo por su verdad, sino por su carga emocional, fue la de Kiko Matamoros durante uno de los debates sobre la figura de Lecquio en el caso de Mar Flores. Y el por qué se seguían manteniendo a ciertos perfiles en televisión. Tuvo que salirse poco después de que comenzase el debate porque recordaba todo lo que vivió y sufrió junto a su gran amiga Carmina Ordóñez.
Rocío Carrasco. Un antes y un después
Muchas de las personas que fueron capaces de hacer autocritica colectiva con el caso de Antonia también fueron capaces de cambiar o seguir haciendo televisión con sus gafas moradas gracias a la docuserie Rocío, contar la verdad para seguir viva, formato de la misma productora de No Somos Nadie, La Osa Producciones Audiovisuales.
Docuserie que se echó a las espaldas Carlota Corredera, quien es actualmente presentadora de la edición de los viernes del programa de Ten, y que pagó un alto precio por recoger el testigo de Jorge Javier Vázquez en aquella docuserie.
Este bombazo televisivo intentó concienciar sobre la importancia de la perspectiva de género en el periodismo (con la que comenzó la autocrítica que se necesitaba) en él y en la televisión, además de dar a conocer un tipo de violencia machista hasta el momento inexistente para casi todos los medios: la violencia vicaria.
Toda una lucha encarnizada por concienciar y cambiar las cosas fue la que se vivió en directo desde la mañana hasta la noche desde aquel 21 de marzo de 2021. Se llegó a dibujar una verdadera línea roja entre unos y otros que conformaban Sálvame y El Deluxe. Y les pongo de ejemplo a ellos, porque en la otra productora, Unicorn Content, no hubo nadie que hiciera autocrítica alguna, nadie intentó ponerse en la piel de la protagonista: Rocío Carrasco.
Sea como fuere, recuerdo con gran satisfacción la evolución personal y profesional de María Patiño. Algo que le costó mucho a la de Ferrol, pero a lo que —gracias hoy también— mira la vida y su profesión con esa perspectiva de género tan justa y necesaria.
Ella misma denunciaba a través de su cuenta de X (antes Twitter) una forma más de ejercer violencia mediática contra Rocío Carrasco, por parte de su tío Amador Mohedano, quien se sentó en ¡De Viernes! hace un par de semanas y se atrevió a cuestionar el intento autolítico de su sobrina, ocurrido el 5 de agosto de 2019.
Una investigación silenciada
Estas declaraciones de Amador se trataron el lunes siguiente en No Somos Nadie, y la presentadora volvió a reiterar las palabras que puso en redes y además recordó que existía una condena de tres años por maltrato continuado de Rocío Flores, a su madre Rocío Carrasco, hecho demostrado y probado en televisión y en un juzgado. El que puso en duda el propio Amador y algunos de los colaboradores de ¡De Viernes!.
Esta entrevista también provocó un seísmo en Telecinco, tras la que se estuvo planteando la continuidad de algunos perfiles en televisión por parte de algunos jefes de la cadena, como Alessandro Lecquio o el llevar a otros perfiles como Carlo Constanzia —padre— a un plató, según contó en exclusiva en el programa de Ten Marta Riesco, tras el terremoto social provocado por la repulsa a estas actitudes machistas en televisión.
Y así sucedió. El pasado miércoles se confirmó la exclusiva en El País, la del despido fulminante de Alessandro Lecquio de Mediaset tras la entrevista de Antonia. Una victoria para Antonia, la televisión y el periodismo.
Desde aquí yo solo puedo dar las gracias a todas y cada una de las mujeres y hombres que hacen que mi profesión, a pesar de pagar un alto precio por ello, sea cada día mas igualitaria, mas feminista y más libre. Y también mas gamberra, llena de color y un entretenimiento tan necesario. ¡Ni una más!

