¿Qué ha pasado con las comedias románticas de los 90 y 2000? Parece que en esta nueva era no hay espacio para el romanticismo humano
En la era de la tecnología, del streaming, del abastecimiento de contenido, debe ser que no hay espacio para las emociones reales y los «productos» de calidad. Estamos en una etapa en la que prima más la cantidad de películas que se puedan crear en el menor tiempo posible, que la calidad de estas.
Puede que esto tenga que ver con el auge de las plataformas de streaming. Al final, las películas son productos creados para venderse. Aunque siempre ha sido así, ya que los filmes se hacían para ser proyectados en los cines y para que las personas comprasen entradas. Ahora, el sector se ha ampliado mucho más.
Al haber más contenido, hay más productos, por lo que hay más competencia. Y parece que para «vencer» a esa competencia lo que hay que hacer es coger un único patrón de película romántica que sabemos que va a vender y calcarlo hasta la saciedad en una gran cantidad de proyecciones. Éxito seguro pero, ¿dónde ha quedado la humanidad?.
La comedia romántica es el género que está pagando el precio más alto. Parece ser que por la sencillez de sus tramas no hace falta crear películas de calidad. Solamente con meter varios clichés que «siempre funcionan», planos simples y una fotografía medianamente bonita ya tendríamos un romance que seguro va a vender.
Pero continúa el interrogante sobre dónde queda la humanidad. La inocencia y esperanza de las películas románticas ha quedado en el pasado. ¿Dónde queda la sensación de haberte enamorado con —o de— los personajes? ¿Dónde queda la satisfacción de haber visto una bonita historia de amor?
¿Cuál es el problema de las comedias románticas actuales? Podríamos decir que en algunos casos parecen no tener alma, como si estuvieran hechas con Inteligencia Artificial. Hay unos patrones claros en muchas de ellas, ya no solo en la trama, sino en la ejecución.
Los clichés siempre han existido. Y pueden ser fantásticos, pero tienen que saber diferenciarse. Si la forma de grabar, de presentar la historia, de crear a los personajes se encasillan en los mismos patrones que se sabe —de sobra— que van a funcionar, ¿tiene la película entonces identidad propia?
Se pueden hacer varias historias con un objetivo dramático muy similar, pero tiene que haber algo que las diferencie. Estas películas parecen estar grabadas y producidas de la misma manera, sin tener ese punto cálido y sentimental que hace que las personas creen un vínculo con ellas.
Otro problema puede ser lo mucho que cuesta empatizar con los personajes. En algunos casos, parecen hasta personajes planos, sin un trasfondo que ayude a entenderlos, a comprender el porqué de sus acciones. Nuevamente, parece que no tienen alma.
Es por esta insatisfacción del espectador —la de no encontrar en las comedias románticas actuales lo que les daban las de hace años— que vuelven una y otra vez a su «lugar seguro«.
Podríamos hacer una lista larguísimas de películas que la gente lleva dentro y que les han marcado incluso siendo un género simple como resulta ser la comedia romántica. Los personajes —tan bien construidos, reales e imperfectos— tocan los corazones de aquellos que anhelan un amor parecido.
Pretty Woman (1990), Before Sunrise (1995), Notting Hill (1999) o El Diario de Noa (2004), entre muchas otras, son solo algunos ejemplos de visionados obligatorios para esas personas que quieran respirar romance.
Personajes complejos pero reales, tramas que te envuelven, fotografía cálida y unos guiones que de verdad hacen que te enamores. Películas llenas de errores, pero tan llenas de humanidad que te sientes parte de la propia historia de amor.


