La nueva tregua de 15 días que Donald Trump ha pactado con Irán muestra avances de querer terminar el conflicto
Un alto al fuego alcanzado in extremis pero esperanzador. Washington y Terán han acordado, gracias a la mediación de Pakistán, que durante las próximas dos semanas Irán permita el libre tránsito por el estrecho de Ormuz y Estados Unidos e Israel no ataque objetivos en Irán. Las bolsas europeas, asiáticas y Wall Street ya han subido, mientras el petróleo y el gas han registrado caídas de más de un 12%.
El refranero español es rico, y cuenta con algunos de los refranes más divertidos y cotidianos. Uno de ellos, es: «Manolete, si no sabes torear, ¿Pa’ qué te metes?» Este refrán se puede aplicar a Donald Trump y a sus ganas de guerra con Irán. Desde que el pasado 28 de febrero el presidente estadounidense y Benjamín Netanyahu decidieran acabar con el régimen iraní, las cosas se les han ido de las manos.
Primero, porque ha habido más de 1.500 fallecidos y más de 4.810 heridos en Irán, Israel y militares estadounidenses. Segundo, porque las infraestructuras de Irán han sido dañadas, y porque el ataque ha derivado a una escalada regional, puesto que Irán atacó a los países del Golfo, donde se encuentran instalaciones militares estadounidenses.
Este conflicto, más allá de que haya comenzado, según Trump, para «defender a los americanos eliminando amenazas inminentes del régimen iraní», sobre todo el programa nuclear, tiene otro trasfondo. Israel, el actor amado por Estados Unidos, se unió no solo porque considera a Irán una amenaza —así como al Líbano y a Hezbollah—, sino también porque, de esa forma, el mundo comenzaría a olvidar lo que continúa haciendo en Gaza.
No hay más que ver que el número de fallecidos por ataques israelíes crece cada día en la Franja o en Palestina, y que Israel está en parte, consiguiendo que solo se hable de Irán. El alto el fuego, de hecho, se ha alcanzado sin afectar al Líbano, dando vía libre a Netanyahu para continuar masacrando a gente inocente en ese país.
Tras la tregua, Israel ha matado a decenas de personas en Líbano y, de hecho, ha conseguido enfurecer más a Irán porque, un día después, este país volvió a bloquear el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, Estados Unidos e Israel han cometido un error. Consiguieron eliminar al ayatolá Alí Jameneí, que gobernó Irán desde 1989 hasta el pasado 28 de febrero, pero su hijo volvió con más fuerza e infravaloraron al enemigo.
Irán, al igual que Afganistán cuentan con amplios terrenos montañosos, lo que dificulta una invasión terrestre, por lo que los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel han dañado a la nación persa, pero también han provocado que drones que Irán fabrica sirvan para atacarles de vuelta.
Donald Trump no puede perder esta guerra. Uno de los motivos es que mintió al decir que no se metería en conflictos internacionales, cuando en Irán o Venezuela ha hecho todo lo contrario. El segundo es que en noviembre le esperan unas elecciones importantísimas a Estados Unidos en las que el partido republicano se la juega y en las que muchos votantes están cabreados porque no quieren ver cómo sufren para pagar más por la gasolina. De hecho, no querían que su país se involucrase militarmente, porque recordemos que Biden sí ayudó con armas y dinero a Ucrania, y eso afectaba a todo el país.
Si Trump no consigue que esto finalice pronto, los republicanos serán derrotados, e Irán habrá ganado. Pero el problema es que Israel seguirá como hasta ahora, atacando en Gaza, matando inocentes y queriendo derrotar a Hezbollah e Irán.
Todas las partes pueden llegar a un acuerdo. Esto no es difícil políticamente, pero sí imposible si lo único que se quiere es intentar que Irán sea la siguiente Venezuela. Si Estados Unidos e Israel paran, Irán parará, si no, seguirá, porque ya hemos visto que la nación persa no tiene reparos en dañar a sus enemigos y, al final, si e no se llega a un fin, la economía mundial sufrirá mucho más de lo que ya lo está ahora mismo.


