Por qué tener más años no nos hace más sabios: una mirada honesta a lo que de verdad significa crecer
Siempre oímos hablar de madurez: al gestionar emociones, al afrontar situaciones complejas o al tomar decisiones. Es un concepto que debería estar presente en cada aspecto de nuestra existencia. No obstante, todos hablamos de ella casi sin saber cómo definirla. ¿Qué es realmente? ¿Dónde se encuentra? ¿Cuándo somos, acaso, maduros?
Hace unos días vi un vídeo de dos mujeres con una amplia diferencia de edad que intentaban descifrar qué es aquello que necesita la madurez y cuáles son los pilares que la sustentan. Para mí, es una combinación de elementos que nos permiten transformar nuestro comportamiento o aprender a gestionarlo. Sin embargo, tras esta reflexión, comencé a preguntarme si la curiosidad y la madurez van siempre de la mano. Quizá se puede ser maduro en un campo específico pero carecer de esa característica en el resto de la vida; pensemos en un científico brillante en la investigación, pero inmaduro en lo personal.
Por lo tanto, considero que la curiosidad no te vuelve automáticamente maduro. Y aunque sostengo que la madurez es independiente de la edad, socialmente se presupone que los años otorgan esta virtud. No se puede igualar la madurez con el tiempo acumulado, sino más bien con una actitud de aceptación y, al mismo tiempo, de apertura al mundo.
También reflexioné respecto a la humildad: ¿todas las personas maduras son humildes? Probablemente sí, por lo que considero que curiosidad y humildad son dos pilares fundamentales. Pero ¿qué hay de la paciencia? ¿Puede una persona impaciente ser madura? Alguien podría cumplir con las características anteriores de forma independiente a sus años, pero ser impaciente con el ritmo de la vida.
Quizá no sea inmadura del todo, pero sí nos indica que no alcanzará su plenitud hasta que aprenda a templarse. Al fin y al cabo, parte de la humildad reside en saber esperar y en entender que no puedes conseguir las cosas de inmediato. La paciencia es un gran pilar que —este sí— suele verse condicionado por el momento vital.
Sí que creo en la importancia del optimismo. No hablo de negar el pesimismo, que es una reacción natural, sino de evitar mirar la vida a través de un espectro puramente negativo. Si eres curioso, debes partir de un enfoque constructivo.
La madurez es saber manejar el día a día porque eres lo suficientemente paciente, humilde y curioso. Madurar es aunar todas esas cualidades para labrar un camino coherente. Un camino que no está exento de errores, caídas o contradicciones porque, al final, son precisamente esos tropiezos los que nos hacen crecer.


