Cuando Juan Ignacio de Mesa comenzó a estudiar Económicas en Madrid, no sabía que, en 1979, cambiaría la historia de Toledo siendo el primer alcalde de la democracia
Si hablamos de Juan Ignacio de Mesa, podríamos hablar de casi cualquier ámbito de la política y la empresa toledana. Esta figura ha ocupado puestos clave en ambos sectores de la provincia. Dirigió el ayuntamiento de la capital castellanomanchega durante el período 1979- 1983 como representante de la Unión de Centro Democrático (UCD) e impulsó la creación de la Federación Empresarial Toledana (Fedeto), entre otras entidades que lideró. A sus 78 años dirige junto a su familia uno de los establecimientos comerciales más emblemáticos de Toledo: la confitería Santo Tomé, reconocida internacionalmente por la elaboración de sus mazapanes.
Nos recibe en su despacho, un espacio donde conviven recuerdos, fotografías y reconocimientos que dan fe de décadas de intensa actividad al frente de instituciones políticas y empresariales. Lo hace con la cercanía y naturalidad de quien, pese a haber ocupado los puestos más relevantes de la ciudad, no ha perdido la sencillez ni las ganas de seguir trabajando cada día.
Pregunta. ¿Cómo recuerda el ambiente político y social en Toledo en el momento en el que se celebraron las primeras elecciones democráticas?
Respuesta. Ya habíamos tenido las elecciones del 77 y de marzo del 79. Las municipales llegaron el 3 de abril rodeadas de una gran ilusión: era el cambio en las administraciones más próximas al ciudadano, aunque existía una cierta tensión, la proximidad y el conocimiento de los candidatos hacía que no se notara en demasía.
P: ¿Notó miedo o rechazo entre quienes venían del régimen anterior ante la llegada de un alcalde elegido democráticamente?
R: Solo tuve una situación en la que se me echó en cara el participar en lo que aquel interlocutor llamó una traición, pero sin consecuencia alguna. Todos sabían que era un camino que debíamos andar y que era mejor hacerlo juntos por muchas diferencias que pudiéramos tener.
P: ¿Cómo se organizó el primer Ayuntamiento democrático? ¿Qué retos encontró al poner en marcha un Ayuntamiento que debía aprender a funcionar democráticamente?
R: Planteé a todos los concejales, desde el de Fuerza Nueva hasta los del PC, que ellos estaban en el Ayuntamiento por el voto de los toledanos y que mi proyecto era contar con todos para que formaran parte del Gobierno de la Ciudad, aceptando Delegaciones de la Alcaldía y así fue. Nombré delegados del alcalde en todos los grupos y ellos lo aceptaron.
P: ¿Recuerda cómo fue el primer pleno democrático?
R: El primer Pleno fue en el que salí elegido alcalde con los votos de UCD (11), el de Alianza Popular y el de Fuerza Nueva. La mesa de edad fue presidida por el N.º 1 de la lista del PSOE, Manuel Díaz Marta Pinilla, era una gran persona y sus hermanos eran amigos de mis padres. La mayoría de los concejales éramos amigos o compañeros, podíamos tener diferencias ideológicas a la hora de decidir prioridades o cómo resolver determinados problemas, pero estábamos de acuerdo en que había que trabajar conjuntamente para hacer una ciudad mejor, con servicios que atendieran a los vecinos.

P: ¿Cómo se establecieron las relaciones entre los distintos grupos políticos?
R: Hubo alguna situación de confrontación entre grupos a la hora de definir el cómo hacer frente a determinadas cuestiones, pero eso permitió también enriquecer el debate y buscar las mejores soluciones, si es que estaban a nuestro alcance. La primera vez que nos reunimos en una cena (que pagamos a escote, como todas las que tuvimos a lo largo del mandato y que no fueran de carácter oficial) todos los concejales, entraron al restaurante algunos concejales del PC, que al ver solo en una mesa al de Fuerza Nueva, no dudaron en sentarse con él diciendo una frase que también caracterizó aquel periodo “perdonamos, pero no olvidamos”, y la mezcla de concejales de uno y otro grupo, se convirtió en habitual.
P: ¿Alguna de sus decisiones provocó un conflicto con el Gobierno central o con la Iglesia, que siempre ha tenido peso en Toledo?
R: Con la Iglesia no se produjo tensión alguna. Entonces era D. Marcelo González Martín, el Cardenal arzobispo de Toledo, un verdadero Príncipe de la Iglesia con el que cualquier tema era fácil de tratar. Con el gobierno central tuvimos un problema por la aprobación de la Ley de Aprovechamiento Conjunto del Trasvase Tajo-Segura.
El Pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad su oposición al Trasvase, así como convocar una manifestación que recorrió el centro de la ciudad, terminando delante del Ayuntamiento, desde donde pronuncié un discurso dando traslado de la postura de la Corporación. Siento tener que reconocer que parte de lo que entonces dije, hoy es, por desgracia, una realidad. El entonces ministro de Obras Públicas me llamó a una reunión en la que me trasladó su enfado por esa postura. No pasó de ahí.
P: ¿Cómo cree que vivieron los toledanos ese cambio histórico en su día a día?
R: Entonces no te daba tiempo más que a actuar, pedir consejo y seguir actuando. Mucho era lo que había que hacer, mucho se hizo y más cosas quedaron por hacer. Pasado el tiempo, recibes el mensaje de que la gran mayoría de los vecinos recuerdan aquellos momentos de forma muy positiva y echan en falta esa política de colaboración desinteresada en la que prevalecía el servicio al ciudadano por encima de cualquier idea personal.
P: ¿Cree que la clase política actual habría resistido las presiones y el riesgo con los que ustedes trabajaron en aquellos años?
R: No soy yo el más idóneo para juzgarlo. Soy demasiado subjetivo para opinar al respecto. Todo el periodo de la Transición fue lo que permitió que España pasara de un régimen autoritario a una democracia. Fue mucho más el sentido de servicio a los demás, lo que en aquellos momentos vivimos, que lo que yo veo en los momentos actuales por los que nos gobiernan. ¿Qué hubiera pasado si a los de hoy, les hubiera tocado ser protagonistas de aquel proceso? Prefiero no pensarlo.
P: ¿Qué mensaje le gustaría dejar a los jóvenes que hoy participan en la vida política y social de Toledo?
R: Que no pueden dejar de comprometerse en colaborar. El ciudadano debe participar en la vida de su ciudad, atender a lo que le demande su vecino, ponerse al servicio de poder hacer mejor y más cómoda la vida de los demás. Ser proactivo en lo que le corresponda hacer. Ser buen profesional, buen familiar. Hay que recordar que solo si eres capaz de actuar, puedes pedir a los demás que actúen.


