«Mediterráneo», luchar por la supervivencia en un escenario líquido y profundo

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Mar Mediterráneo | Fuente: Gema Mañogil

«Cada vida cuenta»

Una película que pone el foco en la ruta migratoria del Mediterráneo, letal y soñada como escapatoria a partes iguales. Danielle Schleif, Marcel Barrena y Óscar Camps dan forma a una historia sobre y para la actualidad que, un mes después de su estreno, sigue dando de qué hablar.

Ficción a un solo paso de la realidad

El desplazamiento geográfico de individuos o grupos ha ocurrido desde la antigüedad debido a diferentes causas ligadas al ser humano desde su origen: en un inicio relacionadas con circunstancias geográficas y más adelante económicas y sociales, una vez fueron estableciéndose núcleos de población. La migración consiste precisamente en este desplazamiento, nacional o internacional.

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El capítulo 10 del Informe sobre las migraciones en el mundo de 2020 está dedicado a los migrantes inmersos en situaciones de crisis. Concretamente, en la página 295 se explica que en realidad existen “gran variedad de fenómenos” vinculados a las crisis. Denota uno de ellos como el “fracaso de la gestión política y económica” de los lugares de origen.

En cualquier caso, numerosos fenómenos empujan a habitantes de un determinado lugar a emigrar y a poner en riesgo, en multitud de ocasiones, sus propias vidas y las de sus seres queridos.

Una responsabilidad necesaria

El proceso de adaptación de las personas a nuevos entornos requiere tiempo debido a numerosos factores que en muchas ocasiones se deben dar forzosamente. Estos pueden ser la creación de un sentimiento de pertenencia a la comunidad a la que se ha llegado o el aprendizaje de una lengua diferente.

La dificultad de este proceso de adaptación se ve incrementada cuando se producen migraciones masivas para las que las regiones o los países de destino no están adecuadamente preparados.

Así, surgen multitud de problemas ligados a todos los ámbitos (legal, económico, social, geográfico, administrativo…) que las autoridades deben solventar para garantizar el bienestar y la seguridad de la población ya residente y de los inmigrantes. De la misma forma, las autoridades competentes se enfrentan después a la labor de gestión y control de la situación.

A la desesperada

Ha pasado un mes desde su estreno el 1 de octubre y lo que es evidente es que no ha dejado a nadie indiferente, para bien o para mal.

El hilo de la narración cuenta los inicios de la ONG Open Arms, impulsada por dos socorristas de Barcelona. Óscar Camps es uno de ellos y también participó en el argumento de la película, para asegurarse de que se conseguía el mensaje que quería transmitir.

 

Además de la historia real que se narra en la película, Mediterráneo traspasa la escenografía y reflexiona sobre el drama en el que se encuentran miles de personas que ven como única alternativa adentrarse en la ruta migratoria del Mediterráneo con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

Es importante mencionar que ha sido incluso ganadora del premio del público «FS Audience Award» en el Festival de cine de Roma este mes, durante su decimosexta edición. Logro en el que seguramente participen Arnau Bataller y Kiko de la Rica, encargados de música y fotografía respectivamente.

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1 Comentario

  1. Un rescate que obliga al gobierno español a pagar por parte del rescate (más de 10 mil euros por persona) y a mantenerlos hasta que termine el proceso por el derecho de asilo de acuerdo con las normas internacionales. Todo porque un traficante de personas, que no será castigado sino que tendrá un negocio florenciente gracias a los gentiles de Open Arms, los abandona a su suerte en el océano.
    Los países que violan los derechos de las personas, mientras tanto, no pueden acoger inmigrantes porque no son seguros, con lo cual se ahorran esos costes que recaen necesariamente en los países que más respetan los derechos humanos.
    Al llegar a España, Open Arms se desentiende completamente del futuro de los inmigrantes, aunque éstos terminen siendo presa fácil de explotadores, de tratantes de personas, o de predicadores del odio que les enseñarán a odiar los valores del maldito país de acogida.
    Mientras tanto, España sigue permitiendo que se abran centros islámicos en donde enseñan la superioridad del hombre musulmán sobre todos y todas, e valor de la poligamia y de la moral sexual patriarcal, así como las conspiraciones antisemitas.
    Ada Colau seguirá defendiendo a asesores cercanos a Marruecos que promueven el velo preislámico y misógino en nombre de la libertad (libertad de discriminar, por supuesto).
    Eso sí, a las feministas de África y de medio Oriente, los de Open Arms no las reciben con los brazos abiertos, ya que están demasiado ocupadas jugándose la vida para defender los derechos de mujeres y niños ante los cañones de las milicias islámicas o de las milicias turcas.
    El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

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