El acuerdo que exige neutralidad política al Gobernador del Banco se tambalea
El próximo 11 de septiembre se acaba el plazo para que el PSOE y el PP decidan quién debe ser el nuevo gobernador del Banco de España. Pedro Sánchez insiste, desde su potestad como Presidente del Gobierno, en que el sucesor sea el Ministro de Transformación Digital, José Luis Escrivá. Pero el PP se opone y solicita llegar a un acuerdo sobre quién debe ser. ¿Cuáles son las razones de esta oposición? ¿Tiene potestad? ¿Habrá o no un acuerdo?
Antecedentes al siguiente gobernador del Banco
Desde el fin de la presidencia de Pablo Hernández de Cos el 11 de junio, Margarita Roble, la subgobernadora, ha sido la gobernadora interina, rol que remite este 11 de septiembre. Para entonces, la Presidencia del Gobierno debería haber nombrado ya a un nuevo gobernador. Cualquier demora podría ser muy mal vista, ya que la figura del gobernador es la encargada de dirigir una institución que vela por la estabilidad monetaria. A tales efectos, se exige que sea un economista neutral a nivel político.
Esta exigencia se ha respetado desde el año 2000, cuando el PP y el PSOE se comprometieron a que el gobernador fuese apolítico. Desde entonces, se ha respetado a excepción de una vez: cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero propuso a Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ex secretario de Hacienda.

Aunque el acuerdo fuese no escrito y, por tanto, no tiene un carácter vinculante, es esencial para respetar la estabilidad del Banco de España y una convivencia pacífica entre los dos partidos políticos más influyentes.
El acuerdo está en juego
A pesar de todo, el Gobierno actual tiene clara su decisión para el nuevo gobernador del Banco de España: José Luis Escrivá, militante del PSOE al cargo de dos Ministerios diferentes durante dos legislaturas consecutivas, respectivamente.
El PP se opone a esta decisión, como ya pasó con Miguel Ángel Ordóñez, ya que el PSOE no está respetando la exigida neutralidad política del gobernador y podría acometer la estabilidad monetaria del país.
No es que José Luis Escrivá sea un incompetente. Al igual que otros gobernadores, tiene una gran experiencia: ya ha trabajado en el BdE; ha ocupado puestos en el Banco Central Europeo (BCE); fue jefe de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno, y otra serie de cargos muy elevados que lo acreditan.

Posibles consecuencias de que el nuevo gobernador sea Escrivá
El peligro radica, más bien, en que un posicionamiento favorable al Gobierno podría sesgar sus decisiones. Que el tecnicismo se convierta en conveniencia. Y que se empiecen a tomar decisiones que favorezcan a corto plazo al partido en turno.
Aunque esto no sucediese, un Banco Central con presunta inclinación política, podría tacharse de “intervenido” y perder credibilidad. Algo muy negativo a la hora de, por ejemplo, emitir bonos gubernamentales para solicitar financiación: si los inversores acuden a una Agencia de Calificación para tomar una decisión, y esta ve con malos ojos al Banco Central del país, el inversor podría pedir más tipo de interés ante la falta de confianza. Y aumentar los costes de financiación y reducir las posibilidades.
Estas son solo posibles consecuencias negativas que podrían evitarse de una manera muy sencilla: que el nuevo gobernador del Banco de España sea un candidato neutral. Claro está, Pedro Sánchez tiene la última palabra debido a sus competencias presidenciales, y puede evitar el acuerdo con el PP. Esto rompería el compromiso de ambos partidos de consensuar el gobernador y generaría muchas tensiones entre ambos partidos. Algo poco recomendable teniendo en cuenta que este 27 de septiembre se tiene que negociar algo aún más controvertido de cara a la opinión pública: la renovación de la cúpula de Radiotelevisión Española (RTVE).
De momento, sigue sin haber un candidato consensuado para la figura del Gobernado. ¿Habrá uno antes del 11 de septiembre? ¿Será Escrivá a pesar de la oposición? ¿O se finalizará el plazo y seguirá sin haber un gobernador?

