Una ceremonia marcada por el recuerdo a Francisco como voz y consuelo de los últimos y los ritos tradicionales del adiós a un pontífice
Los ritos previos
El cardenal Kevin Farrell presidió el cierre del féretro a las 20:00 horas del viernes 25 de abril. Monseñor Diego Ravelli leyó el “rogito” con el legado de Bergoglio. Un tubo metálico sellado guardó el documento junto a monedas de su pontificado. Símbolos como la cruz papal y el escudo adornaron el ataúd. Familiares y autoridades honraron al Pontífice en un rito solemne e histórico.

Un velo blanco cubrió el rostro del Papa Francisco antes de sellar el féretro. El Ordo Exsequiarum Romani Pontificis guió cada detalle litúrgico. La placa conmemorativa destacó su vida y ministerio petrino. El Capítulo de San Pedro veló el cuerpo en oración hasta el amanecer. La Santa Misa matutina inició los preparativos finales que incluyen un recorrido por Roma.
Un protocolo muy estudiado
Por orden de protocolario se encuentran la delegación Argentina (patria del pontífice), la delegación Italiana y justo detrás los reyes, teniendo preferencia las monarquías católicas. Después les siguen los príncipes herederos, los jefes de estado, y los presidentes en orden alfabético usando el francés como base. Por eso vemos al presidente de Estonia, a Donald Trump y a los reyes sentados en la misma fila.
Los reyes Felipe y Letizia han tendido la oportunidad de visitar el féretro del Papa Francisco en la Basílica de San Pedro. Es un gesto que han repetido otras autoridades de forma previa al inicio del funeral del Papa Francisco La reina Letizia y el pontífice comparten su preocupación por la atención de los más necesitados.

La delegación española está formada por las vicepresidentas María Jesús Montero y Yolanda Díaz, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, y el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. Todos llegaron ayer a Roma trasladados en dos Falcon. Han posado en la embajada de España ante la Santa Sede pocos minutos antes del inicio del funeral del Papa Francisco.
La figura del pontífice
Como marca la tradición, durante la homilía se ha recordado los grandes hitos del pontificado de Bergolio. En nuestra memoria deben quedar la visita del Papa Francisco a Lampedusa al inicio de su pontificado y su visita a la cárcel pocos días antes de morir. Giovanni Battista Re, decano del Colegio cardenalicio ha hecho hincapié en la visita a Irak y a las zonas del sudeste asiático tan olvidadas en la cultura occidental.

El funeral del Papa Francisco destacó su legado como líder cercano al pueblo. El cardenal Giovanni Battista Re resaltó su defensa de la solidaridad y la fraternidad. «Promovió la cultura del encuentro y dedicó su vida a los marginados», afirmó. Durante su pontificado, Francisco priorizó el contacto directo con las comunidades, especialmente con quienes enfrentaban dificultades. Su último saludo público en la misa de Pascua reflejó su compromiso hasta el final.
Giovanni Battista Re enfatizó en el funeral del Papa Francisco su lucha incansable por la paz. «Elevó su voz contra las guerras, pidiendo negociación y sensatez», declaró. El cardenal recordó su frase emblemática: «Construyan puentes, no muros». Francisco unió fe y servicio humano, bendiciendo desde la Basílica de San Pedro hasta su despedida. «Roguemos por él, como él rogó por el mundo», concluyó Battista Re en un emotivo homenaje.
El mensaje final
El funeral del Papa Francisco acabará en Santa María la Mayor, bajo la icónica imagen de Salus Populi Romani. Los más vulnerables —migrantes, pobres y marginados— lideran el homenaje final, un reflejo del legado que Bergolio construyó desde sus primeros días como Papa. Durante su pontificado, repitió: «La Iglesia pobre para los pobres», una convicción que guió cada acción.

Inspirado en san Francisco de Asís, Francisco recordó las enseñanzas de figuras como san Juan Crisóstomo: «Honrar a Cristo es vestir al desnudo». Citó a san Ambrosio y a Pablo VI para subrayar que «la propiedad no es absoluta si otros carecen de lo esencial». Defendió a migrantes con su emblemático «construyan puentes, no muros». En su último viaje, quienes Jesús llamó «los últimos» lo acompañan dejando para la historia su gran enseñanza papal. Su legado, arraigado en el amor universal, selló un pontificado que desafió al mundo a mirar más allá de las estructuras y hacia el corazón humano.
La plegaria final
En un emotivo momento, se procedió a rezar las Letanías De los Santos, en los que se pide a Los Santos apóstoles De la Iglesia Católica que recen por el eterno descanso del Papa Francisco. También se realizan plegarias a santos fundamentales para la construcción de la identidad De la Iglesia Católica. Destacan nombres como Santo Tomás de Aquino, San José María Escriva de Balaguer (fundador del Opus Dei), o su algunos de su predecesores como San Juan XXIII y San Juan Pablo II.
Cabe destacar que Francisco fue el papa que más canonizaciones realizó. El pontífice buscaba que la iglesia tuviese figuras actuales en las que inspirarse en el camino de la fé. Estas plegarias a Los Santos también se rezaron durante el traslado del Papa a la Basílica De San Pedro y la ceremonia de cerrado del féretro.
Acompañados de los jovenes
El funeral del Papa Francisco integró a miles de adolescentes en un gesto cargado de simbolismo. Jóvenes de Italia y el mundo se reunieron en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo el viernes en Roma, para el Via Lucis: un camino de oración con siete estaciones centradas en la Resurrección. Este Jubileo de los Adolescentes reflejó el legado del Pontífice, quien insistió en que “el mundo necesita testigos, no solo maestros”. Con cantos, meditaciones y relatos teatrales, revivieron encuentros con figuras bíblicas como María Magdalena y Tomás, guiados por el arzobispo Fisichella. La llama del Cirio Pascual, presente también junto al féretro de Francisco, iluminó el ritual, fusionando duelo y esperanza.
La participación activa de los jóvenes subraya su rol vital en la Iglesia que el Papa soñó. Al involucrarlos en el Via Lucis —un paralelo pascual del Vía Crucis—, se reforzó su visión de una fe dinámica y cercana. Los adolescentes, portando banderas y entonando cánticos como Jesus Christ, you are my life, encarnaron la continuidad del mensaje de Francisco: una Iglesia que escucha, integra y confía en las nuevas generaciones. Su presencia masiva, incluso mientras otros rendían homenaje en la Basílica Vaticana, simboliza un puente entre el dolor terrenal y la promesa eterna, clave en un pontificado que siempre priorizó el futuro sobre el protocolo.


