Los reyes de Tailandia realizan la primera visita de Estado tras diez años de reinado, siendo recibidos por el rey Dragón
Conocido en la esfera nacional como un ‘semidiós’, el rey Vajiralongkorn y la reina Suthida de Tailandia comenzaron el pasado 25 de abril su visita de Estado a Bután. Este ha sido el primer viaje de alto rango del soberano tailandés desde el comienzo de su reinado en 2016.
El monarca y la consorte real fueron recibidos con honores por el conocido rey Dragón y la reina Jetsun Pema. Tras su llegada al Aeropuerto Internacional de Paro, pilotando su propio avión —los reyes de Tailandia son los únicos miembros de la realeza mundial en pilotar sus propias aeronaves—.
Recibimiento con honores
La pareja de monarcas asistió a la Guardia de Honor y a los festejos oficiales que rendían homenaje no solo a la cultura tailandesa, sino también al país anfitrión, Bután. Esto permite forjar una intensa relación más que necesaria en Asia Meridional. «El viaje reviste especial importancia y fortalece aún más los lazos de amistad entre los dos reinos», asegura el Reino del Himalaya de Bután. Tras esta calurosa bienvenida, el día siguiente trató de exponer una cultura compartida: el budismo. Los monarcas, acompañados por las consortes reales, asistieron durante la mañana a una ceremonia especial de oración, haciendo especial énfasis en el Buddha Dordenma.
Ambos países mantienen en su mayoría el budismo como principal religión. Es por ello que, a través de monjes tailandeses y de Bután, encendieron mil lámparas de mantequilla. Estas representan una ofrenda simbólica en favor del ‘semidiós’ y la reina de Tailandia «por la larga vida de Sus Majestades». Más tarde, las familias reales asistieron a una exposición enfocada en la vida animal y la agricultura. Una ocasión que permitió a la reina Suthida deslumbrar con el joyero familiar, luciendo un sofisticado broche de perlas, en similitud a sus pendientes.

El joyero familiar: un legado histórico
La cena de Estado estuvo marcada por la elegancia de las mujeres de la Corte y el respeto de los anfitriones. La reina deslumbró con el espectacular broche de cisne de diamantes Hongsa, que realiza un corte desde su hombro hasta la cintura. Símbolo de elegancia y majestuosidad en este histórico encuentro real. Una joya Fabergé que se cree original de la Rusia de 1897, cuando el rey Rama V visitó el país. Una pieza histórica que es habitual en las cenas de alto rango ofrecidas por la familia real de Tailandia, principalmente por la reina madre Sirikit de Tailandia.
Para la ocasión, la reina de Tailandia lució un traje —tradicional tailandés— de dos piezas. Formado por una blusa color café y una falda tipo sihn en tejidos dorados y motivos geométricos, simbolizando la solemnidad de la cena de Estado. No deja de ser llamativo sus accesorio, su ya mencionada banda de joyas y su bolso de diseño estructurado y sus zapatos de tacón en color oro, alargando visualmente la figura de la monarca.
Un conflicto pendiente de solucionar
Este tipo de visitas no solo perfecciona la percepción pública de ambos reinos, sino que tiene el propósito de realizar un ajuste geopolítico, así como de establecer acuerdos internacionales y fomentar construcciones que aumenten el PIB de los países. Un ejemplo de ello es la intención de romper con la presión que la República Popular China ha estado ejerciendo durante años sobre Bután. Ambos reinos pretenden fomentar una nueva diplomacia en Asia Meridional que impacte positivamente en los desafíos estratégicos y financieros.

