La primatóloga británica no solo transformó la ciencia, sino que también movilizó a millones de jóvenes y activistas en defensa de la naturaleza y los animales
El mundo lamenta hoy la pérdida de una de sus figuras más influyentes en la ciencia y la conservación. La Dra. Jane Goodall, primatóloga, antropóloga y mensajera de la paz de la ONU, ha fallecido a la edad de 91 años por causas naturales en California, mientras se encontraba en una gira de conferencias. La noticia fue confirmada por el Instituto Jane Goodall, dejando un vacío inmenso en la comunidad científica y ambientalista global.
Una visión revolucionaria del mundo chimpancé
Goodall dedicó más de seis décadas de su vida al estudio de los chimpancés salvajes en el Parque Nacional Gombe Stream, Tanzania, desde su llegada en 1960. Sus investigaciones pioneras transformaron radicalmente la etología y nuestra comprensión de los primates. Desafió las concepciones científicas de su época al observar y documentar comportamientos complejos en los chimpancés, como la fabricación y uso de herramientas, la caza y el consumo de carne, y estructuras sociales intrincadas.
Su enfoque empático, que incluía nombrar a los chimpancés en lugar de asignarles números, y su inmersión prolongada en su hábitat natural, permitieron una visión sin precedentes de sus emociones, inteligencia y personalidades individuales. Este método humanizó a los animales y sentó las bases para una nueva era en la investigación de primates.
Incansable defensora del planeta
Más allá de sus descubrimientos científicos, Jane Goodall se erigió como una voz global incansable en la defensa del medio ambiente y los derechos de los animales. En 1977, fundó el Instituto Jane Goodall, una organización global dedicada a la investigación, educación y conservación de la vida silvestre. Posteriormente, lanzó el programa Roots & Shoots (Raíces y Brotes) en 1991, que ha empoderado a millones de jóvenes en más de 60 países para llevar a cabo proyectos de servicio comunitario y ambiental. Su activismo abarcó temas cruciales como el cambio climático y la explotación animal.
También denunció la pérdida de biodiversidad y la necesidad urgente de una educación para la sostenibilidad. Viajó incansablemente, casi 300 días al año, incluso en las últimas etapas de su vida. Compartió siempre un mensaje de esperanza y acción frente a la crisis ecológica global.
Reacciones y homenajes globales
La noticia de su fallecimiento ha provocado una oleada de condolencias y homenajes de líderes mundiales, organizaciones y admiradores de todo el globo. Naciones Unidas recordó su papel como Mensajera de la Paz, destacando que deja un legado “extraordinario para la humanidad y nuestro planeta”. Por su parte, organizaciones como Greenpeace la describieron como “una de las grandes figuras de la conservación”. Fue fundamental para motivar la protección de bosques y especies en peligro. Además, numerosas figuras públicas y científicos han reconocido su labor no solo como investigadora. También la consideraron una inspiración para generaciones enteras. Su trabajo ha cambiado la forma en que vemos nuestro lugar en el mundo natural.
Un legado de esperanza y acción
Jane Goodall deja atrás a su hijo, Hugo, y a una vasta red de colaboradores, seguidores y admiradores que ahora recogen el testigo de su misión. Goodall encarnó con su vida la interconexión de toda la vida en la Tierra y la responsabilidad humana de protegerla. Su mensaje final fue siempre de esperanza, instando a la acción colectiva para preservar la biodiversidad, respetar el mundo animal y reconocer que los seres humanos somos parte integral de una naturaleza que necesita nuestra protección.
Su impacto perdurará a través de las generaciones, inspirando a continuar su lucha por un futuro más sostenible y compasivo para todos los seres vivos.

