Olas de calor extremas, incendios forestales y graves efectos en agricultura y salud marcan el verano en todo el país
España ha vivido el verano más caluroso jamás registrado desde que existen datos oficiales, según ha confirmado la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). La temperatura media entre junio y agosto superó en 2,1 ºC la referencia del periodo 1991-2020, consolidando un nuevo récord histórico.
El calor extremo se tradujo en una sucesión de olas de calor, algunas de ellas prolongadas, que afectaron a prácticamente todas las comunidades autónomas. Las máximas rozaron los 47 ºC en varias ocasiones en Andalucía y Extremadura, mientras que en el centro y levante peninsular se encadenaron noches tropicales —con mínimas por encima de 20 ºC— durante semanas.
Consecuencias visibles
Las altas temperaturas provocaron un aumento de los incendios forestales, que arrasaron más de 130.000 hectáreas este verano. Además, hospitales de todo el país notificaron un repunte de ingresos relacionados con golpes de calor, deshidratación y complicaciones respiratorias, especialmente entre la población mayor.
El impacto se extendió también a la agricultura y la ganadería: cultivos como el olivar o la vid sufrieron descensos notables de producción, mientras que los ganaderos advirtieron de pérdidas por el estrés térmico en el ganado.
Un aviso del cambio climático
Expertos en climatología señalan que este récord no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia clara. “España es uno de los países europeos más vulnerables al cambio climático. Lo que antes considerábamos fenómenos excepcionales ahora se está convirtiendo en la norma”, explica María Lozano, portavoz de AEMET.
Las previsiones apuntan a que, de no reducirse las emisiones de gases de efecto invernadero, los veranos del futuro serán todavía más largos, cálidos y extremos.
Medidas en debate
El Gobierno recuerda que la nueva Ley de Transición Energética contempla acelerar la descarbonización y reforzar los planes de adaptación urbana. Entre ellos, destaca la creación de refugios climáticos en las ciudades. Sin embargo, organizaciones ecologistas reclaman mayor ambición en la lucha contra el cambio climático. Además, critican la falta de recursos destinados a la gestión forestal y a la protección de la salud pública frente a las olas de calor.


