Una Plaza de España llena, carcajadas compartidas y la certeza de que el humor también construye comunidad
No podía haber mejor final para la primera parada de Sabor Quijote 2025 que el que ofrecieron Agustín Durán y Paco Collado, “El Aberroncho”, en la Plaza de España de Daimiel. Tras una jornada que invitaba a mirar hacia atrás —a las raíces históricas, al agua, a la memoria—, la noche propuso exactamente lo contrario: reírse del presente y, por un momento, dejarlo todo en suspenso.
El escenario estaba sencillo: luces cálidas, un público de todas las edades, las terrazas llenas y esa brisa de verano que convierte las plazas manchegas en salones comunes. Antes, la DJ Cristina había calentado la noche, pero fue cuando subió Agustín Durán que la atmósfera se transformó del todo. Su humor es el humor de casa, el que reconoce el acento, los dichos, las costumbres que solo hacen gracia de verdad si se conocen de cerca.
Durán no solo hizo reír: se hizo entender, que es algo mucho más difícil. Habla de lo pequeño —las vecinas, los bares, las madres— pero desde ahí consigue que todo el mundo se reconozca. Porque el humor manchego tiene esa particularidad: sencillo pero profundo, irónico pero afectuoso, costumbrista pero certero. Y Daimiel lo recibió como quien escucha a un viejo amigo contando historias exageradas en la barra del bar.
«Esto es lo mejor que podía pasar: humor gratis, para todo el pueblo, y que no sea para turistas sino para nosotros»
Así fue la reacción de una mujer mayor que había llevado sus sillas plegables a primera fila. A su lado, un grupo de jóvenes coreaba frases de los monólogos de Durán como si fueran estribillos de canciones populares.
Después llegó Paco Collado, “El Aberroncho”, con su humor absurdo, televisivo y reconocible para varias generaciones. Su personaje, nacido en la televisión nacional pero adaptado con acierto al aire libre de Daimiel, cerró el círculo: carcajadas limpias, absurdas, populares. De esas que no exigen pensar demasiado ni buscar referencias: reírse, punto.
El resultado fue más que un espectáculo: fue una demostración de que el humor es también patrimonio, de que la risa es una forma de pertenencia y que, al igual que el queso o el vino, el arte del humorista manchego está hecho de oficio, tierra y memoria. Como recordó alguien esa noche: «Aquí no hace falta escenario: hace falta humor del bueno y alguien que sepa mirar a su gente».
El Ayuntamiento y la Diputación ofrecieron un espectáculo gratuito que no fue solo entretenimiento, sino también una celebración de la cultura popular, del encuentro al aire libre, de la conversación después de las risas.
Así cerró Daimiel la primera parada de Sabor Quijote 2025: con historia por la mañana y humor al caer la noche. Con la certeza de que en La Mancha se puede ser muy serio contando siglos… pero que sabemos despedir el día entre carcajadas.

