Los días 19 y 20 de septiembre, la capital se transforma en un universo sensorial con Melendi, Dani Fernández, Álvaro de Luna, Izal y un cartel que mezcla nostalgia, presente y futuro
Septiembre en Madrid tiene un olor inconfundible. Es mezcla de sol que todavía aprieta y de primeras brisas otoñales, de rutina que amenaza y de esa última chispa que no quiere apagarse. En mitad de esa transición, cuando la ciudad aún guarda calor pero empieza a vestirse de ocres, hay un rincón que se abre como un paréntesis de magia: el Jardín de las Delicias.
El 19 y 20 de septiembre, el Campo de Rugby Cantarranas de la Universidad Complutense volverá a transformarse en algo más que un recinto de conciertos. Lo que ocurre allí cada año no es solo música: es un universo paralelo, una experiencia inmersiva que convierte un fin de semana en una especie de viaje iniciático, un cierre luminoso para el verano que se resiste a marcharse.
Un cartel que es memoria y presente
El viernes 19, el Jardín abre con la fuerza de un regreso esperado: Melendi, convertido ya en un referente generacional, pondrá la voz a una noche que promete intensidad. Junto a él, el inconfundible Mikel Izal reaparece con la energía de quien marcó un antes y un después en la música alternativa española. Y alrededor, nombres que evocan distintos momentos de nuestras vidas: Pignoise y sus himnos de adolescencia, la melancolía pop de Nena Daconte, el desparpajo de Tu Otra Bonita, la frescura de Depol o la propuesta de Hermanos Martínez. Una mezcla de nostalgia y descubrimiento que es pura esencia Jardín: lo que fuimos y lo que aún queda por escribir.
El sábado 20, el testigo lo toman algunos de los nombres más potentes del panorama actual: Dani Fernández, que se ha convertido en voz indiscutible de esta generación, lidera una jornada en la que también brillará Álvaro de Luna, capaz de levantar estadios con sus melodías. Junto a ellos, Siloé, Pole, Paula Mattheus, Íñigo Quintero y Hey Kid completan un cartel pensado para que las canciones se coreen de principio a fin, para que los móviles iluminen la noche y para que nadie quiera que la música se detenga.
Y si algo distingue al Jardín es su apuesta por el futuro. El Escenario Bosque vuelve a ser esa ventana a lo emergente, donde talentos como Paul Alone, Bely Basarte, Meler, Daniel Sabater o Candela Gómez convierten el festival en un espacio de descubrimiento. Allí, cada canción puede ser el inicio de un nuevo recuerdo. Allí, lo que hoy es promesa mañana será memoria.
Un festival que se vive con todos los sentidos
El Jardín de las Delicias no se limita a ofrecer conciertos: construye un relato inmersivo. La decoración, siempre cambiante, se convierte en un personaje más. Hay rincones que parecen sacados de un cuento fantástico, lugares diseñados para que cada asistente se lleve no solo un vídeo en el móvil, sino un recuerdo emocional que no caduca.
Las performances irrumpen entre canciones, los espacios interactivos invitan a dejar huellas y deseos, y la atmósfera es tan sensorial que es imposible no sentir que uno forma parte de algo colectivo. No se trata de ver un festival, sino de entrar en él.
Y todo ello con un compromiso cada vez más firme con la sostenibilidad, avalado por A Greener Future y respaldado por Endesa, la Universidad Complutense y Vibra Mahou. Una demostración de que se puede celebrar a lo grande cuidando también del entorno.
El último gran latido del verano
Las entradas «han volado». No es casualidad: quienes lo han vivido saben que el Jardín es irrepetible. Con precios que oscilan entre los 55 y 65 euros por día y abonos desde los 65 a 110 euros, el cartel ya ha provocado que algunas opciones se agoten. Porque nadie quiere quedarse fuera de esta despedida que es, al mismo tiempo, una bienvenida: adiós al verano, hola a los recuerdos que se quedan para siempre.
El 19 y 20 de septiembre, Madrid volverá a vestirse de música, de luces, de magia. El Jardín de las Delicias no es un festival más: es ese instante en el que el tiempo se detiene, en el que la rutina espera fuera y solo importa lo que ocurre allí dentro. Es el lugar donde los amigos se abrazan con las primeras notas, donde se cantan letras que acompañaron viajes, rupturas o noches eternas, y donde uno se siente parte de algo más grande que uno mismo.
Quizá por eso, cada edición se recuerda como si hubiera sido única. Y quizá por eso también, cada año vuelve con más fuerza. El Jardín está de regreso. Y en apenas unos días, Madrid volverá a latir al ritmo de sus delicias.


