Para triunfar hay que saber escoger
El pasado 22 de septiembre Prime Video estrenaba el último episodio de la miniserie que, durante ocho capítulos, nos ha llevado por el cambio vital de nueve personas tan distintas como igual de quebradas.
Tantas vidas distintas, tantas personalidades, tantos contextos diferentes, pero todos con algo en común: la rutina. Te acompaña, te amolda y se adhiere a tu vida, o más bien, tu vida se adhiere a ella como una media se ajusta tu piel. No todos tienen la misma, claro está, pero todos tienen una. Incluso en aquellas escapadas que valen para desviarse de ella, entran dentro de un orden encorsetado necesario para subsistir en la sociedad que hemos construido. Aunque se puede extrapolar a muchos ámbitos de la vida, significa que tienes algo que hacer: un trabajo, un lugar al que ir a estudiar, etc. y en el mundo en el que vivimos eso es base para ser alguien. Así pues, te levantas, tienes tus hábitos mañaneros, coges el coche o transporte público y te vas a vivir la vida en el sistema que, o bien has escogido, o el que las vicisitudes de tu existencia han escogido por ti.
Aquí empieza Nine Perfect Strangers, en una de esas escapadas que nueve personas necesitan para recomponerse y volver a sus rutinarias vidas. Piezas rotas y defectuosas que necesitan pasar por el mecánico para volver a ser las que eran y poder ser útiles en la fábrica de la que les ha tocado ser parte.
Una calidad ya conocida
Estas personas llegan a Tranquillum House, un retiro de lujo que necesita solamente de nueve días para transformar a una persona en la mejor versión de sí misma. Estas personas, unidas solamente por un hecho personal que les ha marcado en algún punto distinto de sus vidas, necesitan recuperarse de aquello que descolocó sus mundanas existencias para poder seguir siendo normales y corrientes. De esta manera, la exótica y misteriosa Masha Dimitrichenko, interpretada por la icónica Nicole Kidman (Moulin Rouge!, Big Little Lies), jefa y dueña del curioso establecimiento, se encarga de darles a cada uno la experiencia y la ayuda que necesitan para alcanzar su máximo partido y exprimir su vida al máximo.

En un principio la serie es un regalo para el espectador. Sigue la línea de proyectos como Heridas abiertas, Big Little Lies, The Undoing y un largo etcétera. Producciones que hablan de la vida misma, manchada por algún acontecimiento fuera de lo normal, y con una actriz blanca, normalmente Reese Witherspoon (Una rubia muy legal, The Morning Show) o Nicole Kidman, a la cabeza de un reparto exquisito.
En Nine Perfect Strangers nos encontramos con Melissa McCarthy (Las chicas Gilmore, La boda de mi mejor amiga), Michael Shannon (Pearl Harbor, Puñales por la espalda), Luke Evans (The Alienist, Los tres mosqueteros), Samara Weaving (El misterio de Hanging Rock, Noche de bodas) y un sinfín de caras conocidas que dan vida a unos personajes redondos y cercanos, con esa aura de pijerío elegante que tanto caracteriza a las series de este estilo.
Una oportunidad perdida
Con todo esto la serie se plantea interesante y llena de intriga. Personajes con secretos que poco a poco se van a tener que ir revelando, exponiendo así temas y hechos que llegan al espectador y que pueden ser extrapolados a otros momentos de la vida del televidente. Este se ve representado y, como de una forma catártica, se ve en Tranquillum House sin moverse del sofá de su casa. También pueden servir simplemente para entretener y remover el interior del espectador durante los cincuenta minutos del capítulo, cosa que Nine Perfect Strangers consigue, hasta el sexto/séptimo capítulo donde como un globo se desinfla y queda una masa amorfa en la calle donde espera desintegrarse con el paso del tiempo, ya que no hay por donde cogerlo.
El primer capítulo se trata de una manera magnífica. Sencillo, elegante y atrayente. Todos los huéspedes son interesantes. Se muestra su evolución, la forma de comunicarse y relacionarse que tienen unos con otros; cómo paulatinamente esos desconocidos se vuelven un grupo pintoresco y agradable, con sus riñas y risas, con el nacimiento de amistades y respeto mutuo; la dinámica del lugar, entremezclada con la personalidad de cada uno que debe hacer piña en una misión común… Se va formando una visión completa de todos los participantes y sus vidas, a un fuego tan lento que, finalmente, queda casi crudo y con un mal sabor de boca al desaprovechar los ingredientes que la oportunidad ofrecía.

Al hablar de oportunidad me refiero a los cambios que se hacen de la novela, o incluso a la novela escogida. Hemos llegado a un punto en el que hay que recordar que no todo puede ser adaptado, o al menos no de la misma forma que funciona con unos libros, pero que con otros es inviable.
Un error innecesario
Con la novela homónima en la que se basa la serie nos encontramos con este hecho. Publicada en España por SUMA y traducida por Jesús de la Torre Olid, Nine Perfect Strangers (Nueve perfectos desconocidos, 2020) de Lian Moriarty, la misma autora que nos trajo Big Little Lies (Pequeñas mentiras, SUMA, 2015), es una lectura ligera y amena. El planteamiento y parte de su desarrollo es igual que en la adaptación, pero en general sigue una línea cuya misión es simplemente mostrar los efectos de una vida cotidiana privilegiada afectada por un momento bizarro, con algún punto de intriga.
La forma de narrar y mostrar las historias funciona muy bien en su forma escrita. También podría funcionar como serie independiente típica de Filmin, o incluso como blockbuster tachado de aburrido o de una sensibilidad especial. No obstante, la adaptación lo echa a perder con unos cambios que se podrían caracterizar de innecesarios y que rompen por completo el ambiente de la novela y la historia que se cuenta en el libro. Se encuentran al inicio y mitad de la serie, la cual cae en picado con ese intento de giro de guion fallido y un desenlace anticlimático cuya sensación es la decepción ante la pérdida de tiempo y el desaprovechamiento tanto de historia, reparto y calidad.
Así, Nine perfect Strangers es una serie que entretiene y sirve como goce visual, pero que se mantendrá en la mente de quien la vea por los motivos que no deberían haber sido.


