La magia de una frivolidad de escándalo
Poco menos de un mes más tarde, Netflix presenta la segunda parte de la tercera temporada de Los Bridgerton. A partir del 13 de junio, los últimos cuatro capítulos cierran la historia de Penelope y Colin con su dosis de drama, romance, erotismo y sorpresas inesperadas.
Ante la nueva moda de Netflix, se ha tenido que esperar tres semanas para ver el desenlace de una de las historias más esperadas de Los Bridgerton. No obstante, la espera ha merecido la pena. La última tanda de episodios de la tercera temporada es un cóctel con todos los ingredientes que una persona espera de una serie de tal calibre.
El cuarto episodio terminaba con la, ya famosa, escena del carruaje. Una ejecución visual, narrativa y musical digna de un Emmy. La situación dada en el carruaje deja a Penelope (Nicola Coughlan, Derry Girls, Barbie) y Colin (Luke Newton, The Lodge, Lake Placid: The Legacy) comprometidos.
Ser vs amar
Así, el quinto capítulo parte de ese momento y, a raíz de ahí, la historia continúa con el aviso de la noticia y el dilema moral de Penelope. Puede que haya conseguido a su príncipe azul pero, ¿puede el amor soportar el peso de la traición? De esta forma los últimos cuatro capítulos se torna al secreto de Lady Whistledown y la odisea entre ser descubierta, amar y tener el valor de dar a conocer su voz.

Tal y como se mencionaba en el artículo referido a la primera parte de la temporada, en este mismo medio, la diferencia entre una parte y la otra es notable. No sólo la duración de los capítulos, que en este caso no baja de la hora en ninguno de los cuatro, si no en la potencia de la historia y la dinámica entre ellas. La primera parte se siente un preludio alargado para una segunda mitad donde no se para y, todo lo que se sentía fuera de lugar, encaja a la perfección.
A diferencia de las temporadas anteriores, en la tercera temporada se consolida lo coral que es la serie. Ya no sólo es la historia de Penelope y Colin. Si bien se centran en personajes que tienen que ver con su trama, como Eloise (Claudia Jessie, Vanity Fair, Their Finest) o Cressida Cowper (Jessica Madsen, Dark Light, Leatherface) la serie se centra también en orquestar otras tramas para desarrollarlas en un futuro.
Una coralidad espaciosa
Ese puede ser el caso de Benedict (Luke Thompson, A Little Life, In the Club). A través de pequeños guiños relacionados con los libros en los que se basa la serie, se puede sospechar que su temporada es la siguiente. No obstante, toman más tiempo de pantalla que en ocasiones anteriores, sobre todo el personaje de Francesca (Hannah Dodd, Eternals, Find me in Paris) quien se puede decir que comparte temporada con Penelope.
Ahora, si tomamos de referencia los libros, esta disposición y desarrollo en la historia de Francesca se puede considerar necesaria. Se necesita una conexión con los personajes, basada en el conocimiento de ellos y su historia, para poder exprimir y desarrollar lo que se avecina. Básicamente, lo que la serie lleva haciendo desde la primera temporada. La única diferencia es que esta vez, han necesitado más espacio.
En relación a este punto, otra acción a favor ha sido rebajar la presencia de la familia que entra nueva en la alta sociedad. Las demás historias, en mayor o menor medida, están interrelacionadas en la familia Bridgerton, y por tanto con la pareja protagonista. Sin embargo, esta pareja puede considerarse la más innecesaria en la ecuación. No tenía sentido que quitasen tanto tiempo que podría haberse llevado la pareja de Penelope y Colin. En esta tanda de episodios han sabido equilibrar el reparto y presencia de las historias para conseguir una narración redonda.
Sofá, manta y salseo
A pesar de no gustar a todo el mundo, este reparto del tiempo entre las historias no afecta del todo a la pareja principal. La historia de Penelope y Colin, en principio algo coja, ha encontrado su camino y clímax en esta segunda parte. Ya sólo el quinto capítulo es mejor que toda la primera parte de la temporada.

El primer capítulo es una explosión de emociones y suspiros ahogados, con un final de episodio que rememora a un clásico en Gossip Girl (John Schwartz, 2007-2012) con un toque a lo Downton Abbey (Julian Fellowes, 2010-2015). Una mentira, una cuenta atrás, una revelación, una escena subida de tono… Los elementos que hacen que Los Bridgerton sea lo que es.
La guerra entre Cressida, la reina Charlotte (Golda Rosheuvel, Dune, Queen Charlotte) y Penelope en la búsqueda de la verdad ha mantenido la tensión en esta tanda de episodios. Si bien algunas resoluciones con respecto a este tema han sido rápidas y algo anticlimáticas, dejan buen sabor de boca. Cumplen la función directa de Los Bridgerton, el entretener. En su sentido más puro y simple, la serie es un entretenimiento con un aspecto visual relajante que lo envuelve todo. Un espacio seguro donde durante ocho horas solamente importa la trivialidad del cotilleo y los aspectos románticos de un folletín.
El amor en todo su esplendor
Hay que aceptar que el formato Netflix deja lo que permite. Ocho capítulos para desarrollar una historia completa. Además, se tiene que plantear otras cuatro o cinco para un futuro, pues se tienen que ir desarrollando a los personajes, sus formas de ser, relaciones y acciones. No es mucho tiempo, pero con el que tienen, aun con sus más y sus menos, lo consiguen.
La serie no trata solamente la historia de amor romántico. Es la amistad, que podemos ver en Lady Danbury (Adjoa Andoh, Invictus, Fractured) y Lady Violet (Ruth Gemmell, Penny Dreadful, Cliffs of Freedom) es la familia, que podemos ver en esta caso tanto en la familia Bridgerton como en los Featherington, es el amor entre hermanos, como podemos ver entre los hermanos Bridgerton… Es el amor en todas sus capas. Desde un punto de vista de una alta sociedad ficticia en un ambiente de ensueño, se nos muestra el amor como un diamante en mitad de un invernadero cuyos reflejos cubren toda la estancia.
El dinamismo de las historias ayuda a que la serie se mantenga por sí misma y sea un producto único. Los personajes se mueven entre ellas, creciendo cada vez más, cometiendo errores, descubriéndose ellos mismos a la vez que el espectador. Así, el reparto sigue haciendo un trabajo impecable.
Un drama a la altura
En un añadido a lo dicho sobre los actores y actrices en el artículo antes citado, una especial mención se merece Polly Walker (Roma, Pennyworth) quien da vida a Lady Featherington. La actriz ha dado vida a una madre coraje. Una mujer hija de la sociedad y sus circunstancias. Una madre que lo ha dado todo por sus hijas, se corona como la reina que es en esta nueva temporada. Un caleidoscopio de emociones y sentimientos que Walker refleja a la perfección en su actuación. Walker dota a Portia Featherington de una humanidad desgarradora.

En relación con la pareja principal, aún con menos tiempo, en estos cuatro capítulos la exaltación es mayor. La pasión y el cariño se ven envueltos en el engaño y la mentira. El peligro en el que se encuentra ella, unido a la envidia y la necesidad de protección de él, hacen que el resto de la temporada sea un vaivén de desencuentros y decisiones vitales. Un melodrama telenovelesco cuyo objetivo es el triunfo del amor por encima de todo. Aunque, en este caso, hay una diferencia entre la pareja principal y las otras. En esta, el peso del romanticismo cae en Penelope, luchando y arrastrándose por ese amor. Sin embargo, Colin parece más una pieza que encaja en el final feliz de Penelope más que una persona en sí misma.
Lo siguiente que ofrecen estos últimos cuatro capítulos son una serie de sorpresas relacionadas con los próximos protagonistas de sus historias. Aviso de spoilers, porque tiene relación con la sexualidad de éstos.
As bajo la manga
Por fin la serie ha sacado a relucir lo que en la primera temporada se intentó intuir. Esto es, la bisexualidad de Benedict. Su presencia en la serie hasta ahora ha sido solo sexo y arte, sin ir más allá. Le han tenido en la retaguardia esperando su momento para brillar. Aunque haya que esperar a la siguiente temporada, este giro ha dejado al menos momentos de coger el cojín y ahogar un chillido de emoción, cual adolescente leyendo un buen fanfic.
No obstante, la verdadera sorpresa ha sido la presencia de un nuevo personaje. Ni un minuto en pantalla, ya está dando mucho que hablar en las redes. Ella es la prima de John Stirling (Victor Alli, Belfast, Gangs of London), Michaela Stirling (Masali Baduza, La mujer rey, Pares y Nones). La serie se ha atrevido a hacer lo que nadie esperaba y, aunque un disgusto para muchos, las ganas de ver cómo desarrollan esta decisión son más altas que las pelucas de la reina Charlotte.

Así, esta temporada, al igual que las otras, sigue con su esquema principal. La temporada tiene su columna vertebral centrada en la pareja principal y deja todo planteado para lo que se viene. Cada temporada es un principio y un fin, pero sin dejar de ser un continuo.
Hasta (no tan) pronto…
La pena es tener que esperar dos años más para la siguiente temporada. Las modas pasan rápido y con todos los cambios puede que la gente se baje del tren. Simplemente hay que esperar que, llegado el momento, la gente se encuentre deseosa de una nueva tanda de escándalos y cotilleos que le evadan de la realidad.
En definitiva, la última tanda de episodios de Los Bridgerton encauza lo tumultuoso de su primera parte en un cierre de cuento de hadas con unas sorpresas dignas de mencionarse en la última columna de Lady Whistledown.

