‘Pokémon Diamante Brillante y Perla Reluciente’: un ‘remake’ que divide

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Carátulas Pokémon Diamante Brillante y Pokémon Perla Reluciente | Fuente: @pokemon

La nueva versión del juego de Pokémon lanzado en 2006 ha recibido tanto elogios como críticas

El pasado 19 de noviembre, Pokémon Diamante Brillante Pokémon Perla Reluciente salieron a la venta ante una comunidad de fans expectante. El juego original, Pokémon Diamante Pokémon Perla, se convirtió con el paso de los años en uno de los favoritos de los seguidores al haber sido la primera experiencia relacionada con Pokémon para muchos jugadores. 

Las expectativas estaban muy altas incluso antes del anuncio del propio juego. Era de esperar que llegase un remake para la Nintendo Switch. Ya había sucedido con los tres primeros juegos principales de la franquicia en los últimos años para anteriores consolas. El último de ellos, Pokémon Rubí Omega y Pokémon Zafiro Alfa (2014) introdujeron muchos cambios respecto a los originales. Por ello, se esperaba que estas nuevas entregas siguieran esa misma senda, al mismo tiempo que incorporarían las mejoras gráficas de los juegos más recientes, Pokémon Espada y Pokémon Escudo (2019). Todas las predicciones erraron.

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Pequeñas novedades

Lo primero que conmocionó a la comunidad fan es que se promocionaron estos juegos como versiones muy fieles a sus publicaciones originales. Aunque en cierta medida todos los anteriores remakes de la franquicia se habían mantenido cercanos a la propuesta inicial, siempre se habían comunicado con entusiasmo estas nuevas incorporaciones. Sin embargo, en este juego, la publicidad se mantuvo en apegarse a la tradición. Y después de poder jugarlo, es evidente que esto es una realidad.

Pokémon Diamante Brillante Pokémon Perla Reluciente son el mismo juego que en 2006. Incluye cambios más que notorios, como el estilo gráfico que no ha terminado de convencer a todos los seguidores, pero en definitiva las nuevas mecánicas son anecdóticas. Es una ruptura total con la octava generación de Pokémon («saga» de jugos actual). En vez de conservar los elementos propios de esta e introducirlos, tales como podrían ser las formas regionales o el Gigamax, parece permanecer en el 2006.

Entre las novedades solo podemos encontrar una mayor (aunque no completa) personalización del protagonista, la posibilidad de caminar con los Pokémon a tu lado o la introducción de un subsuelo más enriquecido en el que encontrar algunos Pokémon no disponibles en la aventura original. Estos aspectos accesorios ya se habían visto en gran parte en otros juegos de la franquicia, y en esta ocasión se presentan menos desarrollados. Por sí solos, no parecen suficiente como para adquirir Diamante Brillante y Perla Reluciente al precio de un juego totalmente nuevo.

Puntos de conflicto

Sin lugar a dudas, la mayor discusión dentro de los seguidores de la franquicia ha sido el estilo gráfico. Se esperaba un modelo más estilizado, semejante a lo visto en los juegos más recientes. Los más soñadores incluso se imaginaban un pequeño avance en el mundo abierto como se presentó en Espada y Escudo con el Área Silvestre y sobre todo con los DLC. El resultado fue completamente diferente: un estilo chibi y que algunos consideran exagerado. Aunque encaja mejor con la esencia de los juegos del 2006, no pocos se preguntan si ha sido un acierto.

Otra discusión clara ha sido la ausencia de novedades. Rubí Omega Zafiro Alfa (2014) fueron remakes repletos de ellas. Cogieron la nueva mecánica de su generación, la megaevolución. No solo la mantuvieron, sino que profundizaron en ella, añadiendo nuevas formas. En esta ocasión, se cumplió lo prometido y los juegos fueron muy fieles a los originales. Hasta el punto de que ni siquiera llegaron a introducir algunos de los cambios presentados en la tercera versión, Pokémon Platino (2008), que compensaban algunos de los puntos más débiles de Diamante y Perla. 

Pero sin duda el mayor punto de conflicto ha sido la falta de Pokémon. Han pasado 15 años desde el lanzamiento del juego original. En ese tiempo, se han incorporado a la franquicia más de 400 nuevos Pokémon, casi los mismos que se conocían tras esta entrega. Por mucho que reducir esta cantidad suponga una experiencia más fiel a la original, también la hace más pobre. El jugador tiene menor variedad para crear su equipo y al mismo tiempo no deja de encontrarse las mismas criaturas tanto como Pokémon salvajes en las rutas como en los equipos de los entrenadores rivales.

Momentos álgidos

A pesar de todos estos aspectos negativos, Pokémon Diamante Brillante y Perla Reluciente también tienen grandes momentos que han cautivado a los jugadores. Uno de ellos son las novedades. Aunque reducidas y bastante sencillas, están implementadas con tal naturalidad que al jugar se siente que siempre debieron estar ahí. Ahora resulta difícil imaginar una región de Sinnoh sin que tu Pokémon te siga por el mapa o sin un subsuelo tan rico y complejo en el que perderse durante horas sin apenas notarlo.

Otro aspecto que nadie esperaba era la dificultad de estos juegos. Tras años pidiendo un verdadero desafío, este ha llegado. La historia principal sigue siendo bastante asequible, aunque lleva hasta la campeona, Cintia, considerada desde siempre como la campeona más difícil de todos los juegos. Ahora, en el postgame, la dificultad de todos los rivales se multiplica, con una mejor inteligencia artificial y estrategias propias de equipos competitivos. Si Cintia era poderosa, ahora se convierte en ser la entrenadora con el equipo de mayor nivel de todos los juegos.

Pero en lo que no cabe duda es que el factor más potente y que dota más valor a esta nueva entrega de Pokémon es la nostalgia. Todo remake apunta a lo mismo: ofrecer a antiguos jugadores una posibilidad de volver a aquellos lugares en los que tanto disfrutaron. Y Pokémon Diamante Brillante y Perla Reluciente lo logran por todo lo alto. Esta nueva entrega con su fidelidad a la original logra que los 15 años pasados parezcan no haber existido. Ofrece una aventura ligera y despreocupada, un regreso a la alegría infantil.

Un título brillante y reluciente

Pokémon Diamante Brillante y Perla Reluciente dividieron desde su anuncio. Las redes se inundaron de opiniones perfectamente formadas aunque solo se hubieran visto unos segundos de los juegos y faltase mucha información por anunciar. Pero después de su lanzamiento, el consenso no ha llegado. Es un juego que divide, al parecer lo amas o lo odias. No hay puntos medios, y tal vez eso sea lo que tiene por aportar: ofrecer una aventura que reviva viejas sensaciones.

Tampoco se puede olvidar que es un producto lleno de imperfecciones y que podría haberse mejorado de diversas formas. Pero funciona. Logra aquello que se propone y convence a buena parte de los que lo juegan. Probablemente se deba a la propia región de Sinnoh, una región que muchos jugadores vivieron como nueva y que ahora ha quedado relegada a una de las cuatro más antiguas. Sinnoh tiene su propio misticismo, su propio halo de nostalgia que hace que estos juegos, casi exactos a los antiguos, se sientan nuevos. Este remake no es ni de lejos un nuevo descubrimiento. Pero es un antiguo tesoro, al que se le ha sacado brillo hasta que reluce, y que ahora se siente como regresar a un agradable recuerdo.

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