Derechos de autor, piratería y la cultura del «streaming»

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Un ladrón le pide la idea a su creador | Fuente: tizza.co

Desde la tradición oral de hace siglos hasta hoy, la cultura pertenece a todos aquellos que la consumen, comparten y difunden

La cultura es de todos. El arte de la escritura, del cine o de la pintura pertenece a aquellos que lo consumen, comparten y difunden. Siempre que lo hagan de una forma legal. 

Encaminados hacia el abismo hace una década, el mundo de la cultura ha sabido adaptarse al paso del tiempo con la aparición de plataformas como Netflix, que han logrado hacer pagar por aquello que antes se pirateaba y dar un futuro, que parecía inexistente, a la industria.

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Derechos de autor y piratería

La intención económica de aquel contenido cultural que se produce es inequívoca. Sin el dinero, ese que todo lo sabe y todo lo mueve, no se pueden llevar a cabo películas, series ni documentales, a menos que sea por una labor educativa hacia la sociedad y sin ánimo de lucro.

Recibir una compensación económica por la inversión de capital llevada a cabo, es un derecho de quien crea la obra. Sin embargo, la piratería parece eludir desde su creación la existencia de ese reconocimiento fundamental de beneficio al creador. Para ello, esta práctica totalmente inmoral se aprovecha de la libre transmisión de la cultura, un derecho lícito, inmaterial e inherente del ciudadano.

Copia vs Robo

Para entender toda la compleja disyuntiva que suponen los derechos de autor y la transmisión libre de la cultura, hay que entender lo que es copiar y lo que es robar. Copiar es algo que hacemos todos los días y desde hace siglos. ¿Acaso no copia Goya en su cuadro la familia de Carlos IV la forma de autorretratarse de Velázquez en Las Meninas? ¿Acaso C. Tangana no reutiliza en su canción “Demasiadas Mujeres” el éxito “Campanera” de Joselito?

Goya autoretratándose como Velázquez en las Meninas en el cuadro «La familia de Carlos IV» | Fuente: WordPress.com

Cuando creamos y pensamos nos inspiramos en lo que ya han hecho otros o lo hacemos de diferente manera. Es totalmente normal. Casi todo está ya creado, de una manera o de otra pero lo está. Entonces, cuando pensamos por ejemplo en el guion de una película, es totalmente normal que se nos asemeje a otra que hemos visto anteriormente. Una cosa es la copia otra muy diferente el robo.

La principal diferencia entre la una y la otra radica principalmente en la intención y el modo. No es lo mismo cambiar radicalmente con el uso de sintetizadores y un beat distinto un clásico del folclore español para complementar, incluso homenajear, una canción original y propia de un autor, que subir la canción a una web para que se descargue gratuitamente sin su permiso.

El beneficio económico

La diferencia está clara, pero aun así son muchos los que piensan que lo que distingue a la copia de robo en el beneficio económico que se extrae de ello. Sin embargo, C. Tangana obtuvo beneficios con aquella canción igual que Instagram lo hizo cuando copiando a Snapchat creó “Instagram Stories” y con Tik Tok cuando creó “Instagram Reels”.

En el año 2016 Instagram lanzó en su plataforma una funcionalidad muy parecida a Snapchat. En el año 2020 hizo igual con respecto a Tik Tok. Sin embargo, no se pudo considerar como robo en ninguno de los dos casos porque, aunque parecidos, no son totalmente idénticos. El caso de la tecnología es un caso particular. En el resto de los ámbitos la diferencia entre un producto cultural y otro tiene que ser significativa. Pero el caso de Instagram es un buen ejemplo para ilustrar la diferencia entre copia y el robo.

La libre transmisión de la cultura

El uso del derecho a la libre transmisión de la cultura en el que se sustenta la piratería no es más que una blasfemia para justificar una acción ilegal que atenta contra el futuro de la industria. Es cierto que la cultura es de todos, pero no podemos ignorar el hecho de que aquellos que la crean merecen su reconocimiento y beneficio. Sin ellos no se crearían productos culturales y moriría la cultura.

Imagen de un e-reader de Kindle | Fuente: Wired

El motivo por el cual muchos de los consumidores recurren a la piratería es muchas veces por el elevado coste del producto cultural. Durante años se ha luchado y vencido a esa problemática con plataformas como Neflix, Spotify o Kindle, que ofrecen una gran cantidad de series, películas, música y libros bajo demanda por un bajo precio. Se ha sabido afrontar ese problema de costes y la migración de la demanda al terreno virtual para, con un método de negocio novedoso, cómodo e inteligente, hacer pagar al consumidor online por aquello que hace años descargaba gratuitamente.

Ya sea ofreciendo la comodidad de tener tanto contenido a un clic sin necesidad de descargar nada o un lugar legal donde consumir mucho por muy poco, los consumidores han ido progresivamente abandonando la piratería para pagar por el consumo de productos culturales y que quien los crea obtenga un beneficio que hace años no tenía.

Las nuevas plataformas salvaron la cultura

Desde que Spotify cambiara el modelo de negocio de la música en un contexto en el que el sector necesitaba urgentemente reinventarse y dejar atrás el consumo físico, el cine, la lectura y recientemente el deporte, aunque de diferente manera, han emprendido una nueva era que marcará y lleva marcando durante años el consumo de la cultura. Cultura en streaming.

 

 

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