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Oda a las ‘road movies’

Como su nombre indica, una ‘road movie‘ o película de carretera sucede durante un viaje, ya sea en coche, en tren, a pie…

Las primeras road movies se rodaron en el Hollywood de los años 50, como Rebelde sin causa (1955), de Nicholas Ray. En aquella época, sobre todo en Norteamérica, el hecho de poseer un coche era signo de madurez, estatus y poder. Pero los protagonistas de este tipo de películas no suelen caracterizarse por ser maduros o poderosos. De hecho, la gran mayoría son personajes bastante perdidos, como los de Rain Man (1988), de Barry Levinson, que buscan encontrarse a ellos mismos. 

El viaje en el que se embarcan no solo tiene un destino físico, sino también espiritual. En Thelma y Louise (1991), de Ridley Scott, por ejemplo, las protagonistas no tienen una meta fijada, simplemente huyen de su rutina. Tanto los hermanos como las amigas parten de una crisis de identidad que van solventando a lo largo del viaje (y de la película), dejando algunas de las imágenes más icónicas del cine.

Los destinos de los ocupantes de la mítica Volkswagen amarilla en Pequeña Miss Sunshine (2006), de Valerie Faris y Jonathan Dayton, son de lo más variado y pintorescos: la más pequeña quiere ganar un concurso de belleza, el hermano quiere ser piloto, el tío no quiere seguir viviendo… Finalmente, la niña acaba dando una lección de vida a toda su familia. Los niños son temas recurrentes en estas cintas, ya que son una especia de guía inocente y pura para los adultos. Igual que ocurre en Captain Fantastic (2016), dirigida por Matt Ross.

Fotograma del final de Thelma y Louise | Fuente: Thelma y Louise

Música y… silencio

En un coche casi del mismo color viajan los personajes de Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013), de David Trueba. Esta vez, un viaje por las carreteras españolas de 1966 protagonizado por un profesor fanático de The Beatles (Javier Cámara) para conocer a John Lennon, que grababa una película en Almería. Por el camino se encuentra a un adolescente que se ha fugado de su casa y a una joven embarazada. Las relaciones que estos personajes traban son las que van tejiendo la trama.

Fotograma de la película | Fuente: Vivir es fácil con los ojos cerrados

Tratándose de una película cuyo protagonista es amante de uno de los mejores grupos de la historia, es de esperar que la música sea un elemento importante. Pues en este tipo de filmes lo es aún más el silencio. Sound of metal (2019), de Darius Marder, es un buen ejemplo. Aunque no creo que pueda considerarse una road movie en su totalidad, tiene un inicio y múltiples partes sobre ruedas. El silencio es lo que aporta realismo en sucesos del día a día: incomodidad tras una discusión, admirar el paisaje, compartir silencios bonitos.

Más allá del coche y de películas “reales”

Es cierto que road significa “carretera”, pero también puede significar “camino”. Por ello, no todas las “películas de carretera” ocurren estrictamente en la carretera. El maquinista de La General (1926), de Buster Keaton y Clyde Bruckman, narra un viaje en locomotora durante el cual, Keaton recorre todo el tren en busca de su amada. Un ejemplo más reciente podría ser Asesinato en el Orient Express (2017), dirigida por Keneth Branagh y basada en la novela homónima de Ágata Christie. Esta vez, lo que buscan es al asesino, pero casi sin bajar del tren.

No solo tratan temas reales y cotidianos, su versatilidad permite que podamos ver road movies creadas por animación. Como Toy Story 4 (2019), de los estudios Pixar Animation, y Los Mitchells contra las máquinas (2021), de los estudios Sony Pictures Animation. Ambas cumplen con los requisitos para ser «películas de carretera», y son aptas para todos los públicos.

Póster de Los Mitchells contra las máquinas | Fuente: FilmAffinity

Realidad de las ‘road movies’

Como las dos amigas que huían de su rutina en aquel coche azul, como la pequeña aspirante a Miss que viajaba con su familia en una furgoneta amarilla o como la pareja de delincuentes que escapaba de la policía robando diferentes automóviles. ¿Quién no ha querido ser uno de ellos al ver las películas? Solo un rato. Aunque su objetivo no fuera el más ético o el más deseado y el camino no fuera fácil.

El género de las road movies pinta un escenario apetecible -pese a que suele ser una carretera medio abandonada en mitad del desierto- pero no utópico. Un escenario y unas situaciones que, a lo mejor, no querríamos vivir, pero con las que nos identificamos enormemente. Realidad. Eso es lo que prima en Thelma y Louise, Pequeña Miss Sunshine o Bonnie y Clyde. Una realidad cotidiana que encontramos en historias excepcionales.

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