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La adaptación de ‘La piel del tambor’ desde dentro

Arturo Pérez Reverte y los protagonistas de la película reflexionan sobre la producción y lo que supone adaptarla al cine

Hoy se estrena La piel del tambor, dirigida por Sergio Dow. Ambientada en la Sevilla de la última década del siglo XX, filmada en inglés y basada en la novela homónima de Arturo Pérez Reverte publicada en 1995. Esta producción tuvo su preestreno a principios de semana. Allí, actores, director y autor dieron su opinión acerca de la adaptación.

El autor llegó media hora antes de la cita con los medios. Su sombrero de tipo habana, que ocultaba la mitad de su rostro -la otra mitad pendiente de una llamada telefónica- hacía recordar a Ibrahim, el falso abogado cubano que describe en la novela y olvida la película. Igual que ocurre con la niña puñales. Y otros tantos personajes y lugares que el filme deja fuera por las necesidades clásicas de un guion cinematográfico. Y Arturo Pérez Reverte lo sabe.

La opinión del autor

«La prueba del algodón para un novelista es que le guste la película, que reconozca su novela. Y ha ocurrido así. Al verla pensé: son mis personajes. Mi padre Quart, mi Macarena. Es mi Sevilla”, sentencia el autor. No es la primera vez -y muy probablemente tampoco la última- que Pérez Reverte observa cómo los personajes de una obra que él ha escrito toman vida en la gran pantalla. «No ocurre siempre. Cuando no me gusta me callo, y cuando me gusta lo digo. Esta me ha gustado. Es una gran película».

Lo importante en el paso de libro a cine es no perder la esencia. Aquello que el novelista piensa e imagina; lo que quiere trasladar al lector. «Es que la película huele a azahar y a Sevilla«, sonríe Pérez Reverte. Sucede lo mismo con los personajes. «La manera de moverse por la ciudad. Richard está formidable. Yo lo imaginé así: alto, guapo, duro. No un James Bond. Quart es un cura que sabe moverse por los terrenos sucios; es un hombre de la trastienda de El Vaticano. Hace un trabajo extraordinario. Me he quedado asombrado». El autor espera un segundo para poner la guinda al halago: «Yo creo que es, quizá, junto con El maestro de esgrima que hizo Pedro Olea, una de las mejores películas que han hecho de un texto mío«.

No es fácil realizar una adaptación. Supone un cambio de paradigma en el que literatura y cine no siempre llegan a la misma conclusión. En esa transición un escritor puede tomar diferentes posturas. «Yo creo que un autor debe cobrar la novela y retirarse» ríe Pérez Reverte. «Un autor molesta más que ayuda en un rodaje. Procuro mantenerme lejos, voy a saludar un día y me retiro. Así lo he hecho esta vez. No me necesitaban para nada«, completa el novelista bajo una media sonrisa que reconoce el trabajo bien hecho.

En esa Sevilla de la última década del siglo XX, frecuentada por canallas de oficina y de bajos barrios, transcurre la trama. Quizá por ello se hace extraño ver a actores españoles en el sur de la península discutiendo en otro idioma. «La película está rodada en inglés para tener una proyección exterior. Eso le da una fuerza enorme. Es una película que también tendrá un bagaje extraordinario en plataformas cinematográficas. Creo que es una gran película para Amazon, precisamente», reflexiona Pérez Reverte. «Tendrá un recorrido largo, largo, largo«.

Richard Armitage y Amaia Salamanca son Lorenzo Quart y Macarena Bruner

Pregunta: Amaia, ¿es difícil interpretar un personaje que ha sido pensado para la literatura?

Respuesta: Sí (ríe). Sobre todo, yo creo que lo difícil es la presión que podemos tener al venir de una novela cuyo autor, además, está vivo y puede opinar de lo que ve. Lo difícil es estar a la altura de lo que el autor escribió en su momento; y si la Macarena Bruner que yo interpreto es la que él tenía en mente cuando lo estaba escribiendo. En este caso, creo que nos ha salido bien y él mismo lo ha confirmado. Dice que es una de las mejores adaptaciones de sus novelas que él ha visto. Lo comentábamos antes Richard y yo: estamos contentos de que a Pérez Reverte le haya gustado.

P: Richard, tu personaje es muy particular. Por un lado, tiene un vínculo muy fuerte con la iglesia, por otro integra el brazo armado de la misma. Incluso en algunos momentos tiene puntos sarcásticos. ¿Qué has aprendido de tu experiencia como Lorenzo Quart?

R: ¿Qué he aprendido? (suspira, pensativo). Tuve que llevar a cabo una investigación. El personaje tiene mucha relación con un entorno tan misterioso como El Vaticano. Un lugar que está lleno de secretos, y él es partícipe de ellos. Tuve que aprender a perdonarme a mí mismo, porque el padre Quart es una persona que necesita perdonarse a sí misma por esos vínculos con el pasado oscuro que tiene la iglesia. De hecho, está roto cuando conoce a Macarena. Lo que he aprendido de él es a perdonar.

Rodolfo Sancho y Alicia Borrachero encarnan a Pencho Gavira y Gris Marsala

P: No sé si habéis leído la obra original…

Rodolfo: Sí (sonríe).

Alicia: Por supuesto.

P: ¿Qué dificultad encierra interpretar a un personaje que ha sido pensado para literatura?

Rodolfo: Siempre es un reto, ¿no? Y en una novela de Arturo, pues quizá más. Lo que piensas es: tengo que estar a la altura de lo que él imagina. Pero, por otra parte, yo siempre pienso que, en la literatura, como en el cine, el espectador pone mucho de su parte. Un espectador puede ver unas cosas de un personaje y otro espectador ver otras. De alguna manera, ese pensamiento me da cierta libertad.

P: ¿En qué sentido?

Rodolfo: Yo no puedo, como actor, estar constreñido a una visión concreta. A la hora de la verdad, cuando dicen “acción” tengo que estar suelto y vivo. Incluso abierto a que ocurran cosas que no has pensado en el rodaje. Escuchas al otro actor hacer algo y tienes que reaccionar. Creo que es vital basarte en lo que has leído para no morirte en la escena; pero sin coartar la libertad.

Alicia: Estoy de acuerdo con todo lo que dice. Creo que, por añadir algo más, la riqueza que tiene una novela de Arturo Pérez Reverte es enorme para un actor porque puedes remitirte al libro y obtener muchísima información. Información que normalmente no se tiene en un guion. Esto es una adaptación.

P: ¿Qué tipo de información?

Alicia: Bueno, no solamente información sobre tu personaje. Escenario, ambientes, otros personajes. Como en la vida: nos hacen los otros; no solo “yo, yo, yo”. Si soy el rey, cuando entro a una habitación todos se levantan; de tal forma que lo que me hace ser rey es algo que hacen todos y no tú. Por tanto, tener esa información tan rica de otros personajes, esas descripciones, esas escenas que no están en la película… Para mí es una fuente de inspiración. La novela original no debe atar al actor, sino inspirarle. Luego, la creatividad aparece en el momento; y cuando hay mucho trabajo detrás, más (ríe).

P: No es tanto un trabajo de adaptación, sino de inspiración…

Alicia: Yo he intentado quitarme de la cabeza el hecho de que sea una novela, excepto para desear que a Arturo le convenciera la película. Nunca va a haber alguien que diga: es tal como me lo había imaginado; porque cada persona imagina una cosa de una manera distinta. Te tienes que quitar ese peso de encima. Es imposible satisfacer a todo el mundo. A mí me gusta porque siempre me ha gustado mucho estudiar y tener datos, y en este caso los he tenido.

P: ¿Cuál es vuestra escena favorita de la película? Esa que veis y os recuerda a un momento especial o de la que estáis muy satisfechos.

Rodolfo: Me gusta mucho la presentación de mi personaje, cuando presenta el proyecto que quiere hacer en la parroquia. Por otra parte, cuando la cosa se está torciendo y Pencho dice aquello de “yo no dejo cabos sueltos”. Ahí es cuando ves que este tipo está dispuesto a hacer lo que haga falta. Las secuencias con Richard las he disfrutado mucho; con Amaia la discusión también (sonríe). No sabría elegir una.

Alicia: Para mí la primera.

P: ¿También la presentación?

Alicia: Es que, ahora que lo pienso, están muy bien presentados los personajes en esta película. Con sentido, nada a la ligera y muy integrado en el argumento. Para mí era una escena difícil porque tenía que presentar a un personaje que en la novela tiene mucha extensión, pero que en la película no. Entonces tenía que contar mucho con poco. Y se tenía que comprender, porque si no el final… Había que dejar muchas semillas del personaje sin caer en la obviedad.

P: ¿Qué tiene de particular esta escena?

Alicia: Va más allá de una presentación normal. Conoces al personaje por cómo toca la iglesia, cómo habla de ella, cómo se tira del andamio como un mono a la llegada del padre Quart. Esa presentación la trabajé mucho y era muy importante. Además, tenía que dar mucha información sobre el retablo, la iglesia, de los años que lleva allí y de la familia que la protege. Datos que no tenían que ser información, sino, bueno, otra cosa (sonríe). Me pasa poco. Normalmente me veo y no suele salirme lo que quiero; pero de esta escena estoy más que orgullosa.

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