Las películas de Tarantino contienen dos rasgos principales: violencia y carcajadas. Y los combina a la perfección
Poca gente cuestiona la calidad de Tarantino como director. Pero no vamos a hablar de la calidad indudable de las películas, sino de la violencia que encontramos en ellas. No hay una sola cinta de Tarantino sin muertes, sangre, armas y una violencia desmesurada. Esta violencia, sumada a la sátira, es el rasgo más común y repetido en las películas de Tarantino.
Cortarles la cabellera a unos nazis, abrasar a una hippie con un lanzallamas o torturar a un policía cortándole la oreja son escenas que te hacen apartar la vista del televisor. Sin embargo, Tarantino tiene la capacidad de hacernos llorar de la risa en situaciones tan violentas como estas. Un sádico cortando una oreja no es divertido para nadie, pero si ese sádico lo hace mientras se menea al ritmo de Stuck in the middle with you, entonces el drama de la escena cambia por completo. Esa manera peculiar de mezclar el drama con la comedia es lo que hace tan grande a este director. Pulp Fiction está plagada de este tipo de situaciones, es una película violenta de principio a fin. Sin embargo, no deja de ser una película absolutamente satírica y cómica. No creo que nadie llorase (de pena) con ninguna de las muertes.
A diferencia de otros directores, Quentin no tiene ningún reparo en ejercer violencia sobre aquellos que la merecen. Los villanos siempre acaban recibiendo su propia medicina y entonces el espectador disfruta con esa violencia. En Django desencadenado, se nos plasma durante toda la cinta el sufrimiento de los esclavos, sometidos a trabajos infrahumanos, torturas y humillaciones por parte de los negreros. Esta violencia duele, pero Tarantino te permite el lujo de resarcirte después cuando Django ‘desencadenado’ tirotea a varias decenas de esos mismos esclavistas. En Reservoir dogs, el sádico mencionado anteriormente muere abatido poco después de torturar al policía. Tarantino incluso nos ha brindado la posibilidad de ver morir a Hitler y toda la cúpula nazi abrasados por el fuego y acribillados a balazos. ¿Quién no disfruta esa violencia?
Es un director cuanto menos peculiar y cuesta entender el objetivo de sus películas, al igual que la violencia que habita en ellas. Además, no le gusta que le insistan en este tema, aunque en alguna ocasión ha explicado que “es una película, es fantasía, no la vida real”. Ha recalcado en varias ocasiones la gran brecha que existe entre disfrutar de la violencia en el cine y hacerlo en la vida real. Una puedes degustarla y la otra aborrecerla. Quentin Tarantino es un amante del cine. Disfruta haciendo y viendo sus películas; y quiere que nosotros disfrutemos con él. Te guste o no, es innegable que esa violencia excesiva y explícita es uno de los rasgos más distintivos del director. Sus películas se nutren de la violencia y no serían igual de extraordinarias sin ella.


