Carolina Bassecourt presenta Cuánto me queda, una comedia sobre la muerte y cómo afrontarla con humor
¿El último libro de Elísabet Benavent, la colonia de Bustamante o un turrón almendrado de Suchard? No es sencillo decidirse a la hora de elegir el regalo de Navidad para los más allegados. Los primeros días del mes de diciembre suponen la encrucijada más delirante del año. Acertar se convierte en un reto. «El regalador» exprime sus dotes comerciales para encontrar la necesidad y dar en el clavo con exactitud. ¿Y qué es lo que más necesita un ciudadano español en fechas navideñas? Pues una comedia marca de la casa.
Esa ha sido la intención de Carolina Bassecourt en su debut como directora con Cuánto me queda (España, 2023). Así, narra la historia de una científica (Kira Miró) que crea un método para conocer con exactitud la fecha de la muerte de una persona. Lo prueba con su madre – funciona – y después vaticina el fallecimiento de su marido (Salva Reina), que elaborará una lista de todo lo que le queda por hacer en la vida. Además, contará con dos secundarios (Antonio Pagudo y Eva Ugarte) que se entrometerán de lleno en esta relación amorosa con fecha de caducidad. La comedia está servida. O eso parecía.

Historia con potencial desaprovechada
La directora presenta una trama – basada en una obra de Marta Buchaca – bastante agradecida con la comedia. Muy apta para destabuizar la muerte, para tratarla como algo natural, para reírse de ella y afrontarla con humor. En parte es de lo que se trata el filme, pero para cuando llegan esas secuencias ya no se puede ni forzar la sonrisa.
El chiste se estira como el universo Marvel: hasta la saciedad. Si esto ocurre con un gag divertido e hilarante puede ser provechoso. Pero si una broma de incubadora sobre la oratoria del Quijote no resulta divertida en su primer disparo, imagina en el trigésimo noveno. Sin entrar de lleno en valoraciones actorales – aunque Antonio Pagudo y Kira Miró consiguen que se desprenda alguna tímida carcajada – se percibe una sobreactuación incómoda y absolutamente perjudicial para la obra en su conjunto. Ni carisma, ni vis cómica, ni nada de nada.
El personaje de Salva Reina – desde su primera manifestación humorística en una especie de desfile de modelos – es cansino, plúmbeo, y un sinfín de adjetivos atribuibles a todo menos a la comedia. Tres cuartos de lo mismo con la hermana de la protagonista (Eva Ugarte). Si Billy Wilder, Chaplin o incluso Berlanga levantaran la cabeza… Mal asunto.
En cuanto a cinematografía se refiere, la película no es tan desconcertante. Sencilla, poco arriesgada y una historia bien secuenciada en varias partes. Un esquema bastante común en el género, cuya simplicidad se suele compensar con el ingenio y el sarcasmo. No como en este caso, claro.

Demasiado tarde
Es cierto que las dos secuencias finales pincelan levemente de sentimentalismo al filme. Son sorprendentes (por su aparición repentina, no por su calidad técnica) y sí hacen justicia al género e incluso a esa denominación de origen española de otros títulos como Ocho Apellidos Vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) o 3 Bodas de más (Javier Ruiz Caldera, 2013). Pero no son suficientes ni su poder emocionante ni su sincerada comicidad para apañar todo un filme lleno de puñaladas traseras al verdadero humor.
Así pues, Carolina Bassecourt – en esta tentativa de obsequiarnos con un jocoso relato sobre cómo afrontar la muerte – firma otro de los títulos a los que se referirá alguno de nuestros vecinos franceses cuando quiera desprestigiar nuestro cine. Sin duda, ya estamos acostumbrados a esta descompensada intentona de reventar la taquilla en fechas navideñas. Sonreímos, hacemos como que nos ha encantado, y todos contentos. Como cuando tu padre vuelva a regalarte calzoncillos por quinto año consecutivo.


