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Cine y Holocausto: ¿Memoria Histórica o fetichización del dolor?

Hoy se celebra el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. El cine es una de las múltiples maneras en las que hemos podido rendirles homenaje; pero a veces las películas, más que servir como potente memoria histórica, pecan de una cruda fetichización de la violencia que puede ser contraproducente, alimentando los deseos más morbosos del público. 

Cierto es que no hay una única manera de tratar este tema en la gran pantalla. Son miles las obras que intentan aproximarse a este hecho desde diferentes perspectivas. Lo más común, por razones evidentes, es hacerlo desde el drama y el suspense. Pero eso no impide que, de vez en cuando, encontremos algunos géneros diferentes, algunos tan chocantes como la comedia y la parodia satírica. 

Tratamientos del Holocausto en el Cine

Una de las películas más famosas de la historia del cine a este respecto es La lista de Schindler (1993), dirigida por Steven Spielberg. Este drama filmado en blanco y negro se basa en la historia real de Oskar Schindler, un empresario alemán que salvó la vida de aproximadamente mil doscientos judíos durante el Holocausto, ofreciéndoles empleo como trabajadores en sus fábricas de utensilios de cocina y munición. La película fue galardonada con siete premios Oscar, entre ellos mejor película, mejor director y mejor guión adaptado. Se trata de una película cruda que no adorna los horrores de los campos y nos sitúa de manera magistral en el centro del horror.

Pero, no es el drama el único recurso para contar estas historias. Yéndonos al extremo opuesto, podemos citar La vida es bella (1997) la emotiva comedia de Roberto Benigni que sigue a un padre y su hijo, víctimas del genocidio. La comedia es uno de los géneros cinematográficos que menos estima cultural tienen, al ser considerada menos seria. Sin embargo, es gracias a esto que puede permitirse mostrar algunas realidades que el cine dramático encuentra difícil representar. La vida es bella utiliza el humor como dispositivo de distanciamiento para poner el acento en la imposibilidad misma de representar el Holocausto. Además, nos hace cuestionarnos cuáles fueron esos mecanismos de supervivencia que los prisioneros de los campos usaban para evadirse de todo lo que les estaba pasando. 

Cine holocausto
Fotograma de La vida es bella | Fuente: IMDB

Existen numerosas opciones creativas a la hora de enfrentarse a este tema. Hay filmes románticos basados en el Holocausto, como La decisión de Sophie (1982); hay largometrajes que se centran en el suspense diplomático sin adentrarse en el terror de los campos, como La solución final (2001); y un largo etcétera de tratamientos que se extienden a prácticamente todos los géneros

La violencia en la pantalla

¿Cuál es el límite de violencia que se puede mostrar en la gran pantalla? ¿Qué podemos filmar para sensibilizar sobre el Holocausto sin ser irrespetuosos con las víctimas? ¿Tiene deber moral el cineasta frente a una historia así?

Las películas en las que se reflejan eventos tan traumáticos acostumbran a representar de manera muy gráfica la violencia en la pantalla. Tanto es así que, en los últimos tiempos, asistimos a una fetichización de la violencia en la gran pantalla que insensibiliza al espectador, acostumbrándolo al gore

En los inicios, estas situaciones violentas se daban de manera justificada. Tal es el caso de algunos filmes de carácter histórico, bélico, ideológico, o de algunos géneros como el Cine Negro, el Western o el cine de Terror. Aquí, la violencia es parte sustancial de la trama, y carecer de ella no solo era complicado, sino que restaba realismo y autenticidad a la producción. Sin embargo, en los últimos tiempos la violencia ha comenzado a abandonar su importancia narrativa y a ser usada como un mero recurso impactante.

La evolución de los efectos especiales es uno de los principales factores que lo ha permitido. Los medios técnicos, tanto físicos como digitales, hacen posible la reproducción cada vez más realista de la sangre, las vísceras, los golpes, los cortes, y todo tipo de brutalidades.

Este crecimiento de violencia, aunque sea ficticia, no resulta inocua. Nos insensibiliza y nos acostumbra a la tolerancia del sufrimiento. Cuando nos enfrentamos a un tema tan abrumador como el Holocausto, es innegable que, además, también puede tener un efecto en la percepción que tenemos sobre este evento. Roland Barthes, en su obra Mythologies, critica el peligro de “sobreconstruir el horror”, de manera que estas imágenes se vuelven “falsas”. Es decir, las representaciones cinematográficas del Holocausto acaban convirtiéndose en “El Holocausto”. 

Los límites de la imagen

Son numerosos los recursos que se han utilizado para intentar representar la Shoah sin explotar el sufrimiento de las víctimas. Una de las películas referentes en esta cuestión es el filme húngaro de 2015 El hijo de Saúl. Su historia habla de los esfuerzos de un judío húngaro perteneciente a un Sonderkommando—unidades conformadas por prisioneros de los campos de concentración para ayudar en la eliminación de los cadáveres de las víctimas—por enterrar el cuerpo de un joven que él identifica como su hijo.

Lo más interesante de ella es la manera en la que consigue filmar el horror de las cámaras y los crematorios: casi la totalidad de la película se constituye por primeros planos del protagonista, dejando todo el sangriento escenario fuera de foco. De esta forma, imágenes que podrían resultar extremadamente desagradables para el público se presentan de una manera velada y borrosa que permite su integración en la gran pantalla sin despertar las náuseas de los espectadores.

Cine holocausto
Fotograma de El hijo de Saúl | Fuente: IMDB

Quizás la manera más efectiva para explorar este límite es sacar del todo la acción de los campos. La solución final es una película de 2001 en la que el exterminio judío se ve desde un punto de vista completamente diferente. Sigue una reunión de los altos mandos del ejército Nazi durante la cual acordaron aquella Endlösung der Judenfrage: “solución final al problema judío”.

Nos revuelve el estómago y nos pone los pelos de punta porque sabemos cuál fue el resultado de aquellas sosegadas palabras. Y nos enfada. Porque los vemos sentados alrededor de una mesa de madera sobre la cual se hallan las vidas de millones de personas. Los vemos hablar de una población entera como si no fueran más que números. A veces, ese tipo de películas son mucho más efectivas que toda la sangre del mundo.

Documentales: Memoria histórica y respeto

La manera más aséptica de tratar este tema es quizás a través de los documentales. El cine de no ficción tiene una ventaja grande con respecto al de ficción: presunción de credibilidad. No necesitamos oír los gritos y ver los cadáveres para que una tortura nos resulte realista. Solo oír el testimonio de una víctima es suficiente para hacernos llegar el mensaje

Una obra referente de este género es Shoah, dirigida por Claude Lanzmann en 1985. Es especialmente conocido por su duración y formato. Unas diez horas de documental basados únicamente en el testimonio de víctimas, victimarios, testigos y expertos. Sin ninguna recreación ficcionada. Lanzmann no utiliza música ni efectos de sonido, y tampoco reconstruye el genocidio con imágenes de archivo. 

La única imagen que acompaña a las narraciones son los rostros de los propios protagonistas y algunas grabaciones de los campos tomadas mucho después de que se acabara aquel horror. El propio autor afirmó en diferentes entrevistas que estas decisiones fueron clave: “preferir el archivo fílmico a las palabras de los testigos, como si este tuviese más poder que ellas, es disimuladamente reconducir esta descalificación de la palabra humana en su destino hacia la verdad”.

Cine holocausto
Fotograma de Shoah | Fuente: IMDB

Otro documental muy importante al respecto es Memorias de los Campos (1984). En él, se utilizaron las imágenes reales obtenidas por las cámaras de las fuerzas aliadas al liberar los campos de concentración. Utilizar imágenes reales puede resultar chocante, y hay quienes se preguntan hasta qué punto son necesarias o se trata únicamente de una curiosidad morbosa.

Imágenes reales

La Segunda Guerra Mundial cuenta con una fuente novedosa de información: la existencia de imágenes reales. El desarrollo de la fotografía a finales del siglo XIX nos ha permitido acceder a documentos gráficos que retrataron los sucesos ocurridos, tanto en los campos de batalla militares como en las ciudades y, aunque en menor medida, también en los campos de concentración. Las imágenes reales sobre el Holocausto han sido de gran ayuda para la reconstrucción histórica de los hechos, lo cual ha permitido llevar acabo importantes condenas judiciales, y han servido, asimismo, para su reproducción cinematográfica

Una película que utiliza como referencia estas imágenes reales es El fotógrafo de Mauthausen (2018) basada en la historia real de Francesc Boix Campo, un fotógrafo catalán que fue internado en el campo de concentración de Mauthausen y que logró revelar al mundo un importante número de negativos en los que se mostraban las brutalidades cometidas en aquel lugar. Tanto las fotografías como su testimonio fueron claves para inculpar a algunos altos cargos en los juicios de Núremberg.

En ella se recrean fielmente fotografías reales, lo cual es un recurso ampliamente empleado. Recientemente, en La sociedad de la Nieve (2023) —que, si bien no trata sobre el Holocausto, guarda similitudes por representar una cruda historia real— también se utiliza este recurso. De la misma manera, en ambas se muestra el material original durante los títulos de crédito, una decisión arriesgada que algunas personas consideran poco respetuosa, pero que muchos otros alaban por su importancia a la hora de honrar a las víctimas.

Cine holocausto
A la izquierda, fotograma de El fotógrafo de Mauthausen. A la derecha, fotografía real del campo de concentración | Fuente: Elaboración propia a partir de IMDB y Mauthausen Memorial

Filmografía

Ojalá estas películas fueran ciencia ficción, o distopías, o películas de terror. Ojalá no hubiera ni un solo documental porque no hubiera nada que documentar. Pero no es así. El cine es un medio muy potente para que recordemos y homenajeemos a las víctimas de La Catástrofe, y puede que manteniendo su recuerdo en nuestras mentes seamos capaces de evitar cualquier suceso mínimamente similar. 

Consumir este tipo de productos audiovisuales puede ser duro para los espectadores más sensibles, pero si el lector se considera interesado en la materia, dejamos a continuación una lista de las películas que hemos mencionado:

  • El fotógrafo de Mauthausen (2018)
  • El hijo de Saúl (2015)
  • La decisión de Sophie (1982)
  • La lista de Schindler (1993)
  • La solución final (2001)
  • La vida es bella (1997)
  • Memorias de los Campos (1984)
  • Shoah (1985)

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