Antes de comenzar a leer este artículo, el lector debe tener en cuenta que se va a hablar en profundidad sobre la depresión y el suicidio. Si consideras que estás pasando por un momento difícil, no continúes leyendo. Ten en cuenta que puedes ponerte en contacto con el teléfono 024, la línea de atención a la conducta suicida: gratuito, confidencial y disponible las 24 horas del día.
“Dios sabe cuántas veces me voy a la cama con el deseo, incluso con la esperanza, de no volver a despertar; y por las mañanas abro los ojos, vuelvo a ver el sol y me siento miserable.” A nivel mundial, aproximadamente 280 millones de personas sufren depresión, y cada año se quitan la vida unas 800.000. En nuestro país, el suicidio era la principal causa de muerte externa hasta el año pasado—siendo ahora la segunda.
Cada año, cuando el INE saca su informe sobre el tema, todos los periódicos se hacen eco. Y se habla de cifras desoladoras, lamentable aumento, importancia de la salud mental, necesidad de prevención… Una pena, desde luego. Ahora vamos con el deporte. Y así, todas las palabras vacías y números sin identidad se pierden en las páginas de un periódico, en los minutos de un telediario o en el historial de un navegador.
Las únicas otras veces en las que se habla del tema es cuando alguna persona conocida llega a su límite y toma esta dolorosa y horrible decisión, creyendo que es la única salida a su sufrimiento. En esos momentos suele abrirse un debate acalorado en redes sociales donde todos son psicólogos expertos en crisis suicidas y episodios depresivos.
Todo el mundo parece saber la solución al problema, echándole la culpa, por pura casualidad, a su chivo expiatorio favorito. Los que van más encaminados, suelen reivindicar mayor concienciación y mayores facilidades para acceder a psicólogos y otros profesionales de la salud mental. Pero, lamentablemente, no es tan fácil.
Se tiene la imagen de que aquellos que se quitan la vida sólo tenían que pedir ayuda. Habla con alguien, y eso hará que tus pensamientos intrusivos desaparezcan y vuelvas a ver la luz. Pero, según un estudio llevado a cabo por el grupo Wolters Kluwer Health,la mayoría de las personas que intentan quitarse la vida habían acudido por lo menos una vez en el último año a un profesional de la salud mental.
Es decir, ayuda, pero no es suficiente. Entonces, te dirán, hay que concienciar más. Hablar más del tema, ofrecer información, abandonar el estigma. Tampoco va por mal camino. Es innegable que invisibilizar el sufrimiento emocional puede hacerte sentir desamparado. Saber que no estás solo es importante porque te da esperanza. Conocer a quienes han superado lo que a ti te impide levantarte de la cama puede ser una gran motivación.
Sin embargo, hay que tener mucho cuidado cuando se juega con esas informaciones. Está demostrado que durante los días después de la publicación de las mismas en medios de comunicación aumentan considerablemente las personas que se quitan la vida. Así que hay que informar, pero de una manera suave y suficientemente estudiada, para evitar impactos en audiencias vulnerables. De nuevo, no es tan fácil.
Está claro que la prevención del suicidio es un desafío complejo que requiere un enfoque integral. Es fundamental identificar las señales de alerta y ofrecer apoyo a nuestros cercanos. Indicios como cambios en el comportamiento, aislamiento o expresiones de desesperanza deben ser escuchadas y no pasadas por alto. Pero no sólo debemos volcarnos en aquellos que manifiestan claramente su malestar. Hasta la persona más sonriente puede estar luchando.
El apoyo debe ser continuo y no limitado a momentos de crisis. No basta con intervenir una sola vez, sino que se requiere un seguimiento constante para evitar recaídas y proporcionar las herramientas necesarias para sobrellevar el sufrimiento. Nadie se despierta un día después de meses o años de depresión completamente curado. Y esperar que pase eso es completamente irreal.
Y en medio de esa oscuridad que parece interminable, donde la desesperanza se arraiga y el dolor se convierte en una sombra constante, es importante recordar que incluso la noche más larga termina con la promesa del amanecer. No estamos solos en esta travesía, y aunque el camino pueda ser incierto y arduo, siempre hay manos dispuestas a sostenernos, voces que susurran palabras de aliento y, sobre todo, la posibilidad de encontrar un nuevo día lleno de pequeñas luces que guían hacia la paz interior.


