La cocreadora del proyecto filosófico y literario Punzadas publica su primera novela La Ternura, una ficción que deconstruye lo entrañable de los vínculos humanos
Ella es filósofa, editora, podcaster y, ahora, aclamada escritora. Hace ya tres años que Paula Ducay inició, de la mano de su amiga y socia Inés García, la aventura que es Punzadas. Desde entonces, cada paso juntas ha consistido en celebrar la cultura y traducir el mundo a sus seguidores; siempre desde el humor, la verdad y el gusto por lo que hacen. El pasado 14 de febrero Ducay sacó a la luz La Ternura en la editorial Altamarea. Una novela corta, pero cuidada y contundente que le sitúa a la altura de las escritoras a las que invoca en sus episodios de Punzadas Sonoras.
Leer La Ternura es transportarse al mar, al pueblo y a todos aquellos afectos para los que abrimos un hueco en nuestra vida, y que pronto tuvimos que cerrar por las circunstancias que los acompañaron. Nos habla de Naima y Marco, compañeros de trabajo que mantienen una amistad especial, atravesada por la diferencia de edad. Mientras que él es un padre casado, ella una joven a la que conocemos a través de sus dudas, inseguridades y alguna que otra certeza. Como lectores, exploramos el cariño que los une cuando Marco invita a Naima a pasar unos días en la casa de su familia en el norte de Italia. Un escenario aparentemente idílico en el que pronto subyacen las heridas que agrietan todas las familias, también la de Marco. La extrañeza que siente Naima en un hogar que no es el suyo, la compleja intimidad que comparte con Marco, los miedos que caracterizan su juventud… todo está descrito por una prosa dulce, detallista y elegante, que conoce el poder de los silencios, que espera ser complementada por quien la lee.
En su entrevista con El Generacional, Ducay desentraña su novela, sus inquietudes y motivos de escritura. Tiene un discurso decidido, probablemente repetido en las abundantes charlas y entrevistas que ha protagonizado el último mes. Sin embargo, no dejan de sorprender la facilidad con la que se expresa, el desparpajo y la humildad con las que abraza sus reflexiones.
Pregunta: ¿Por qué decidiste escribir esta novela?
Respuesta: Quería explorar aquello que sucede en un vínculo extraño e indefinido, una amistad rara que dos personajes no comprenden del todo y que está atravesada por el deseo. También me apetecía, después de años de trabajar el género del cuento, escribir algo un poco más largo y desarrollado.
P: A través de Punzadas Sonoras tanto Inés como tú os habéis convertido en un referente cultural para miles de personas, son miles de ideas preconcebidas de quiénes sois, de lo que podéis hacer… ¿En algún momento te ha dado miedo la expectación que se haya podido crear hacia tu primera novela?
R: ¡Claro! Creo que a cualquier escritor le da vértigo que sus textos salgan al mundo y algunos tenemos la suerte o la maldición de que hay lectores esperándolos. En mi caso ha sido una suerte. He intentado centrarme en pensar en que es todo un privilegio que La ternura haya salido a un mundo donde hay gente interesada en leerla, pero por supuesto que he tenido en mente la expectación que pudiera haber.
P: Naima es una protagonista observadora y reflexiva, cuida con atención lo que dice y sopesa constantemente las acciones de los de su alrededor; además, es una ávida lectora que aprecia la tranquilidad del hogar y la calidad en sus conversaciones. ¿Cuánto de Paula hay en Naima?
R: Pues quizás en todas esas cosas que has enumerado yo también estoy ahí (aunque creo que podríamos estar describiendo a un montón de gente), pero en general a esta pregunta siempre respondo que hay menos de mí en Naima de lo que la gente pueda pensar. Entiendo que es una pregunta que surge sola, a mí también me pasa cuando leo ficción escrita por alguien a quien conozco un poco, ya sea personalmente o porque le admiro de antes, pero creo que intentar rastrear todo el rato las raíces de la ficción en la realidad no es lo más interesante que podemos hacer. Dicho esto, claro que hay algo de mí en el personaje, pero también hay cosas de mí en Marco, en Elisa, en Martina. Y hay rasgos de otras personas que han sido fuente de inspiración diseminados por todo el conjunto de personajes de la novela. Pero sobre todo hay mucha imaginación.
P: ¿Crees que el proceso creativo de la novela te ha descubierto matices nuevos de ti misma?
R: Desde luego como escritora. Nunca antes había escrito una novela, así que nunca antes me había conocido a mí misma como novelista. Creo que he aprendido muchas cosas sobre disciplina, sobre cómo ordenar lo que una imagina y sobre el arrastre que las ficciones que creamos tienen; a veces tengo la sensación de que el universo ficticio que he creado existe de verdad y se mueve solo, sin que yo haga nada.
P: En sí, ¿por qué crees que es tan fácil verse reflejado en Naima, empatizar con sus temores, sus formas de pensar y sentir?
R: Pues creo que a esta pregunta tendrían que responder los lectores de la novela, que a veces son más lúcidos sobre lo que leen que los propios autores. Si me haces esta pregunta quiero pensar que el personaje de Naima está bien construido, que huye de clichés y arquetipos, que tiene sentimientos complejos, dudas, contradicciones… y que se mueve en un mundo que no se comporta como ella espera, que la sorprende y le hace tropezar, a veces caer. Así vamos todos un poco por el mundo, ¿no? A trompicones.
P: La escritora Jhumpa Lahiri escribe en uno de sus poemas que <<pesadilla>> es: “…la cabeza llena de palabras, protestas que no salen”. La Ternura plasma muy bien la incertidumbre y la inseguridad que nos provoca la edad adulta a muchos jóvenes de hoy. ¿Sientes que la novela te ha permitido liberar alguna pesadilla?
R: No mucho, jajaja. No creo que la novela haya sido ningún ejercicio terapéutico, aunque me haya permitido explorar un poco ese principio de la edad adulta que mencionas. Estas contradicciones de los jóvenes que quieren ser adultos pero que a la vez quieren quedarse en la infancia me parecen interesantes y me parecen un buen caldo de cultivo para la ficción. Hablaba el otro día con Julia Viejo, que acaba de publicar también su primera novela, Mala estrella, que también habla de un personaje en una edad-puente, o edad-bisagra; hablábamos de que nos interesaban este tipo de momentos vitales, pero que probablemente después de estas crisis de juventud vendrán otras crisis distintas y esas también serán interesantes y seguramente escribir no nos salve de ellas, pero será interesante y será divertido. Y con eso basta.
P: Aparece en abundantes ocasiones el término “edad indefinida”, que pretende dejar en el aire la cifra exacta de los años que tiene Naima. Sin embargo, también acudes a esta indeterminación al presentar a Elisa. ¿Llega a definirse la edad de las mujeres? A veces da la sensación de que la sociedad mide nuestro grado de madurez en función del logro de ciertos hitos femeninos, como son la menstruación, las primeras relaciones sexuales, formalizar una relación amorosa o la maternidad. ¿Les atraviesa esta expectativa social a las mujeres de La Ternura?
R: Qué buena pregunta. Creo que sin duda la sociedad mide nuestro grado de madurez en función de esos hitos y que poco a poco vamos deshaciendo estas expectativas, y creo que la ficción puede jugar un papel clave en esto; nos permite imaginar nuevas formas de medir el tiempo, de calibrar el momento vital en el que se encuentran las personas. Creo que, aunque Naima y Elisa se describan como mujeres en edad indefinida, sí que hay ciertas edades que definen a las mujeres. Los 40, por ejemplo. Solo hay que ver en el mundo de la interpretación la cantidad de actrices que llevan reivindicando desde siempre el hecho de que cumplir 40 años te vuelve invisible. Recuerdo un clip de una entrevista a Meryl Streep en el Graham Norton Show donde contaba que cumplió 40 años y de repente solo le ofrecían papeles de bruja.
P: El título de la novela trata de definir lo que surge entre Naima y Marco, pero bien podría hacer referencia a otras relaciones que componen la historia (Martina y sus padres, Clemen y Nia, Giulia y Naima…), ¿cuántas formas de ternura hay? o ¿cuántas realidades es capaz de explicar esta palabra?
R: Esa era un poco la idea del título y de la novela: explorar los distintos tipos de ternura que puede haber dentro de una constelación de personajes. La ternura por definición es un sentimiento algo ambiguo y eso es lo que me gusta de ella, que puedes sentirla por muchísima gente, no necesariamente solo por tu círculo más íntimo, ni por tu pareja.
P: Naima quiere a Marco, pero también parece desear su atención, la seguridad de su familia, la complicidad que tiene con Elisa, el punto de apoyo que él supone en la oficina… Una vez que es apreciada por Giulia, su tierno cariño por Marco disminuye, ¿ocurre que nos enamoramos por necesidad de tener a alguien, de que nos hagan sentir especiales?
R: Creo que es muy certero el análisis que haces de su relación: la idea de la amistad entre Naima y Marco no está acotada solo a esa atracción que puedan sentir el uno por el otro, hay algo en Naima que también anhela pertenecer a la familia, que para ella es un misterio, un lugar nuevo. Y creo que a todos nos puede pasar que nos enamoramos del amor en vez de enamorarnos de la persona, aunque yo creo que es algo contra lo que hay que luchar y que en el fondo todos sabemos que estar por gente solo para evitar la soledad no suele salir demasiado bien. Creo que lo que le sucede a Naima es muy humano y que sí hay algo de que su atención se desvía, pero también creo que hacia el final de la novela hay una serie de elecciones por su parte que tienen mucho sentido y que no puedo contar aquí porque hago spoiler.

P: “Desde que cruzó el umbral del mundo adulto, hace unos años, le cuesta reconciliarse con la idea de que su cuerpo está sometido, igual que ella, a las idas y venidas de las presencias y las ausencias, a los nuevos amores y a las soledades” Es interesante la reflexión que fluye en la obra sobre lo corpóreo de los encuentros humanos. El abrazo o el roce con algunas personas nos genera seguridad, nos reconforta; en cambio, con otras nos sentimos extrañas, torpes o vulnerables. También, hay momentos de la narración que se dejan dominar por el silencio para limitarse a describir los gestos, los movimientos de los personajes. Para ti, ¿por qué es tan importante pensar el contacto físico y su papel en las maneras en que nos relacionamos?
R: Tuve claro desde el principio que quería construir la historia a base de silencios y de gestos. Esto es algo que me sale de manera natural al escribir, pero en La ternura descubrí que tenía mucho sentido. Estoy escribiendo sobre un grupo de personajes que por la situación tienen que tener cuidado los unos con los otros. Casi todos (excepto quizás la niña, porque es una niña) están constreñidos de alguna manera, son muy conscientes de lo que sus gestos pueden decir y, sobre todo, desvelar. Me gusta también pensar las escenas de la novela como un teatro. Al escribir lo concebí un poco así: imaginaba el escenario (la casa, el pueblo, la playa), colocaba a los personajes y pulsaba un botón de play imaginario. Lo primero que veía eran sus movimientos.
También creo que los gestos y el contacto (o el no-contacto) físico son importantes porque los dos personajes de la novela tienen prohibido de alguna manera tocarse demasiado, pero a veces quieren, y ahí es donde radica gran parte de la tensión a lo largo del libro.
P: Si no me equivoco, ninguno de los afectos descritos en la novela es atravesado por lo digital, algo inusual en las relaciones que se forman en la actualidad. ¿es algo intencionado? Las relaciones “analógicas”, ¿son más humanas y, por ende, más susceptibles a convertirse en literatura?
R: De nuevo, qué buena pregunta. Nadie me había señalado esto antes. No tengo claro que fuera intencionado, aunque debería decir que sí siempre para parecer más lista. Creo que al suceder en verano y en un sitio pequeño, tiene sentido que los dispositivos electrónicos estén un poco abandonados. El universo tan concentrado de la novela también me llevaba a eso: Naima solo quiere comunicarse con quienes ya están allí y les tiene delante, no tendría sentido que estuviese pegada al móvil. Dicho esto y más allá de lo que tenga o no sentido en La ternura, no creo que las relaciones “analógicas” como dices sean más humanas y más susceptibles a convertirse en literatura. Solo hay que ver el último libro de Sally Rooney, Dónde estás, mundo bello: una buena parte de la historia y de los afectos de los personajes se cuenta a través de sus mensajes de texto y de los propios gestos que hacen en las pantallas de sus móviles. Creo que, si los humanos nos comunicamos de maneras nuevas, esas maneras serán por fuerza humanas, tan humanas como las de los humanos del siglo XVI.
P: La ternura es una narración en la que importa más lo que no se dice que lo explícitamente escrito, en la que el pasado de muchos personajes queda desdibujado y el final llega sin dar tiempo a que cicatricen sus heridas, ¿esperas que los lectores completen la narración mediante sus horizontes propios?
R: Sí. Sin duda, esa era la idea cuando dejaba puntos de indeterminación en la novela; pensar que el lector estará lo suficientemente atento como para detectarlos y poner de su parte para que el sentido salga a la superficie. Me gusta mucho escuchar las distintas interpretaciones de quienes han leído el libro. Para mí no tiene sentido, ni como escritora ni como lectora, una literatura que te lo explica todo, que te lo mastica todo.
P: “A veces pasa eso, ¿no? Que una deja de leer porque tiene que vivir” Sin embargo, siempre se ha inculcado que los libros son un puente a infinitos lugares, personas y experiencias…
R: Claro, y esa es una manera de vivir preciosa, pero, ¿es vivir-vivir? Creo que a lo que apuntaba en esa frase es a que leer te obliga a cierta calma, te impone que bajes el ritmo, que te concentres en lo que tienes delante y que te olvides un poco de todo. Y en momentos vitales turbulentos (para bien o para mal) es difícil encontrar esa calma y por tanto puede ser difícil leer, porque una está en un estado de alteración, que creo que es el que tiene Naima en la novela, aunque todo parezca relativamente tranquilo y cotidiano, ella evidentemente no está nunca del todo cómoda.
P: La Ternura es tu primera novela y, al menos desde fuera, parece que ha tenido una acogida fantástica. Ha sido aclamada tanto por la calidad de la prosa como por la historia que abarca. ¿Qué crees que pensaría la Paula “niña” de este primer gran paso literario?
R:La Paula “niña” pensaba que nunca podría publicar una novela, porque publicar significa presentar la novela, promocionarla, hablar en público, etc., que eran cosas que me daban un miedo terrible hace unos años y mira, aquí estamos. Creo que estaría orgullosa y un poco enfadada porque en la novela no haya dragones, ni hechiceras, ni vampiros.
P: En vista de un futuro cercano, ¿te centrarás en los proyectos filosóficos o todavía guardas inquietudes literarias por resolver?
R: Si con “proyectos filosóficos” te refieres a Punzadas y al podcast, no puedo no centrarme en ello porque es mi trabajo y tengo que pagar el alquiler, pero estoy convencida de que encontraré tiempo y espacio para escribir y publicar más libros. Eso seguro.
P: Por último, como editora, filósofa, comunicadora, escritora… ¿guardas algún consejo para los estudiantes que proyectan formar parte del cuadro de la cultura española?
R: No sé si mis consejos servirán de algo y estoy segura de que esos estudiantes ya tienen muchas cosas claras, pero les diría que recuerden que su trabajo vale dinero y que merecen ser recompensados por ello, aunque a veces el sistema les intente convencer de lo contrario.


