David Foenkinos regresa a las librerías de la mano de Alfaguara con La vida feliz, un refrescante y esperanzador libro sobre el amor, la vocación y el sentido de la vida
Después del éxito logrado con su amplia producción literaria, en la que se incluyen obras como La biblioteca de los libros rechazados (2017), Hacia la belleza (2019) o La delicadeza (2009), con la que obtuvo más de diez galardones, Foenkinos se adentra ahora en el amor, la soledad, la incertidumbre y el existencialismo con la ligereza de La vida feliz (2024), una novela que se lee sola.
Lo que nos augura el libro en primera instancia no parece muy inspirador, al menos en la contraportada. «A sus cuarenta años, divorciado y padre de un adolescente al que apenas ve, Eric Kherson es director comercial de una gran marca deportiva. A pesar de su éxito laboral, se encuentra al borde de la depresión consumido por un drama familiar.» Así se describe a Eric, el personaje principal de la historia. Sin embargo, como se continúa explicando en la sinopsis, cuando recibe una oferta de trabajo en el gobierno a través de una antigua compañera de instituto, su vida empieza a encaminarse por sendas inesperadas que le llevan a desembocar en un importante viaje de negocios a Seúl.
Los encuentros y desencuentros en este viaje marcarán drásticamente el futuro del protagonista. Después de probar la experiencia de fingir su propio funeral, la vida de Eric Kherson cambiará para siempre. Dividido en tres partes, el libro marca un antes y un después a partir de este acontecimiento, que dará la vuelta a los mundos de Eric, su amiga del instituto y compañera profesional Amelie y a los de todos sus seres queridos.

Una narración al estilo de Lost in traslation
Aunque tal vez pueda parecerlo en ocasiones, no nos encontramos ante una historia de amor. Al menos, no se trata de eso. Se trata de la Vida, en mayúsculas. Del valor que requiere enfrentarse a ella, tomar las riendas y elegir cómo queremos que sea nuestro paso por este laberinto. El poeta Henry David Thoreau escribió: «Fui a los bosques. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida… para no descubrir, en el momento de morir, que no había vivido». Y esa es parte de la esencia de La vida feliz.
Foenkinos sitúa su narración en Francia abarcando desde los últimos años previos al confinamiento hasta los posteriores a la pandemia, en un contexto de angustia e inquietud. Lo que caracteriza a todos los personajes es una experiencia compartida de desconcierto, agotamiento e insatisfacción. Esto no se visibiliza sólo en los protagonistas, sino también en los personajes secundarios. Desde la ex-mujer de Eric hasta su madre, o en Amelie y su marido. Cada una de estas personas, desde una dimensión única y completamente distinta de la del otro, lleva una misma carga de insatisfacción y decepción sobre los hombros.
Pero lo hermoso de este libro es que todos, desde los más importantes hasta los más relegados al segundo plano, encuentran su lugar, su manera, su bosque. No significa que todos los problemas desaparezcan y cualquiera pueda alcanzar con tal facilidad el objetivo de ser feliz. Simplemente indica un atisbo de ánimo, de voluntad en sus corazones, un halo de alivio en sus vidas, un rayo de luz que esquiva la capa de nubes en la tormenta para anunciar que no es eterna, que se acercan tiempos mejores, días mejores, vidas mejores.
Foenkinos es un experto en dejar entrever con discreción y delicadeza pequeños gestos y guiños que conmueven al lector sabiendo que, si bien no hay un arcoíris con un caldero de monedas de oro al final de la trayectoria de los protagonistas, estos se encuentran en el camino correcto.
Un libro que se parece a un amigo
La vida feliz es uno de esos libros en los que puedes intuir el final desde los primeros capítulos. Pero no por eso pierde encanto. No es un libro que pretenda sorprenderte. Pretende acompañarte. Pretende hacerte agradable el trayecto al trabajo cada día. Arroparte cuando llegues cansado a la noche. Pasear contigo si necesitas un respiro. Esta historia te envuelve y te abraza al estilo de tu serie de confort favorita o esa canción que te consuela escuchar los días malos. Si un libro puede ser un amigo, este es un buen amigo, de los que abrazan fuerte y sonríen con sinceridad.
El talento de Foenkinos para retratar la intimidad cotidiana se muestra en todo su esplendor. Sus personajes son personas corrientes, como tú y como yo. Tal vez sus historias resuenen contigo, o con alguien a quien conoces. Porque Eric podríamos ser cualquiera de nosotros. Y Amelie también. Las creaciones del autor, aunque traídas a la lectura con asombrosa cercanía y sencillez, son profundamente humanas, complejas e imperfectas. Sólo él podría hablar con tal facilidad de algo tan inmenso como el sentido de vivir.
Para cada lector, la experiencia será distinta. Pero lo que resulta innegable es que, igual que un falso funeral altera la perspectiva de Eric para siempre, este libro no dejará indiferente a nadie. Porque después de La vida feliz, no puedes mirar a la muerte con los mismos ojos. Y a la vida tampoco.


