Los valencianos dieron un conciertazo y una lección de vida
El 29 de octubre una DANA comenzó a azotar con violencia y brutalidad la Comunidad Valenciana. Desde entonces, nada ha vuelto a ser lo mismo. Nada volverá a ser lo mismo para nadie. Tampoco para Corazones Eléctricos. Los valencianos tuvieron que cancelar las fechas de Logroño y Bilbao como consecuencia de la crisis en su tierra. A estas tristes noticias se sumaba una más. Quique y Pete comunicaban su salida del grupo de manera inmediata, aunque la decisión estaba tomada desde hacía meses. El desastre vivido ha cambiado los planes para todo el mundo, y la música no es una excepción.

Sin embargo, la música se presenta como un rayo de fe cuando parece que no hay salida. Nos acompaña cuando estamos solos, nos tiende la mano cuando nos caemos y nos impulsa cuando nos quedamos atrás. La música, como el grupo dice en su comunicado, nos mueve y nos ayuda a alejar la tristeza y la pesadumbre. La música tiene el poder de convertirse en parte de nosotros, de formar una parte importante de nuestra personalidad y actitud ante la vida. Por ello, incluso con una pena insondable habitando en su interior, Corazones Eléctricos sacó adelante su concierto en la capital. Por amor, por compromiso, por rabia. Porque, como cantan en Cimarrón, a pesar de haber sido abandonados han logrado resistir.
La sala Moby Dick presenció algo más que un concierto. Fue el telón de fondo de uno de los actos de resistencia más grandes del rock en español. No hay nada más rock que el romanticismo del que sabe resistir la tempestad y afronta la batalla dispuesto a morir sobre el escenario. Eso hizo Corazones Eléctricos. Dar una lección de vida y de amor propio. Negarse a renunciar a una pasión por lo que han luchado tanto tiempo. Defender su derecho a escribir su propio destino, por encima de cualquier adversidad o contratiempo. Reivindicar que la música – y en particular el rock and roll – es más que notas en un pentagrama. Gritar a los cuatro vientos que la pasión que une al artista y a su público no puede detenerla nada ni nadie. Demostrar que mientras haya música, habrá vida.

Cuando un grupo tiene talento y actitud se dan conciertos como este. La banda al completo, con sus nuevas incorporaciones – David Lozano y Adrián Perales –, desbordaba energía por todos los poros. El público, que sabía de antemano que iba a ser un directo atípico, se entregó a los músicos que habían preparado el show en tiempo récord. Canción urgente, Aullar contigo, Tú y Todo por el aire tienen apenas un año y ya son clásicos coreados por toda la sala como himnos de guerra. No se quedan atrás Los renglones torcidos de Dios o ¿Quién salvará al Rock’n’Roll?, aunque a esta pregunta le han dado una repuesta clara y contundente: ellos. Valentina y La destilería fueron el cierre de la noche con el que la sala terminó de coronar a Corazones Eléctricos como una banda con mucho futuro y un presente más que serio en la escena española.
La noche del viernes 29 ha sido una ceremonia, una reunión de fieles y una reivindicación. Ha sido una declaración de intenciones: estamos aquí y nada nos va a parar. El golpe encima de la mesa que propina Corazones Eléctricos es de aquellos que quedan grabados en la memoria de todos los que han podido presenciarlo. Los valencianos cada vez reúnen más público en todas las salas españolas y es cuestión de tiempo que la vida les ponga donde han demostrado que merecen llegar.

