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Víctor Fraile: «Quiero hablar con total libertad y no tengo miedo a que la gente me conozca por ello»

Cantos de lejanía abre la puerta a una actitud más positiva de Víctor Fraile, sin perder de vista el intimismo que tanto caracteriza su música

El trabajo en solitario de Víctor Fraile se constituye sobre una idea muy concreta: expresarse con total sinceridad. Así, con Cantos de lejanía, su nuevo disco, el cantautor pretende expresar aquellas emociones que ha ido experimentando a lo largo de un año y medio.

Pregunta: El nombre del disco, Cantos de Lejanía, hace referencia a la distancia. ¿De qué tipos de distancia habla exactamente?

Respuesta: Cantos de lejanía hace referencia a la distancia en casi todos los sentidos. Cada canción trata de la distancia de un ser querido, a lo mejor, que ya no está, de un amor no correspondido, de una amistad que se ha roto. De la distancia en cada una de sus formas hasta incluso de la mía. De tomar distancia para saber afrontar los problemas y afrontarlos y avanzar. Así que de eso trata Cantos de lejanía.

P: En Antes de que guarde silencio, presente en Cantos de lejanía, precisamente parece que hablas de ti mismo.

R: Yo creo que tengo un problema y también una virtud, por decirlo de alguna manera. En las canciones me abro en canal y a lo mejor soy muy directo y me expreso de una manera que algunas veces puede ser demasiado directa, y dejo ver mis sentimientos de una manera muy clara. Antes de que guarde silencio es una de esas canciones de un momento en el que no me encontraba bien con el mundo, ni conmigo mismo, ni con los que me rodeaban. Estaba en guerra. La verdad es que estaba muy triste y es uno de esos momentos en la vida en los que necesitaba parar.

Esa canción trata sobre eso, sobre todo, y también sobre ese tipo de momentos que todos tenemos en que no somos tan fuertes como nos creemos. Siempre llega algún momento en el que decimos “no puedo más”. En esos momentos de la vida hay que saber parar y rodearte de la gente que te quiere y pedir ayuda. Sobre eso trata. Sobre un momento duro en el que pido ayuda en forma de canción.

P: ¿La música te ha ayudado a sanar?

R: Totalmente. Sin la música no viviría. Para mí es fundamental. No solo a la hora de hacer canciones, sino en mi día a día. Yo vivo por y para la música desde que me despierto hasta que me acuesto. Es lo primero que hago cuando salgo de casa, cuando llego a casa. Para mí es una forma de vida. Así que claro que sí. Me ha hecho sanar. Es mi medio y mi forma de hacer de la tristeza y todo lo que tengo dentro y duele, algo hermoso para sanar.

Cantos de lejanía nació desde la sinceridad

P: Tardaste en grabar Cantos de lejanía en torno a un año y medio. ¿Crees que durante ese tiempo hubo algún tipo de evolución? Por ejemplo, en canciones como Mis buenas voluntades hay más esperanza, ya no es solo tristeza.

R: No es debido a que haya pasado un año y pico. Es debido a que soy géminis. Debo de ser medio bipolar y estoy todo el día para arriba y para abajo. Se trata más de esto, no tanto de que haya pasado un año y medio. Se trata de que un día me levanto y amo la vida y otro día digo “qué asco de vida”.

Sí es cierto que en este disco, en Cantos de lejanía, he tratado de ser más positivo, aunque no lo parezca. Sí hay un Víctor que dice “pues hay cosas de la vida que te duelen, pero tienes que aprender y aceptar y a luchar contra ellas, a mirar al frente y a disfrutar de lo bonito de la vida”. Sobre todo, por toda esa gente que queda atrás que ya no está y que sí que ha querido vivir y que, por lo que sea, no ha podido. Aunque solo sea por eso, el Víctor de Cantos de lejanía tiene muchas ganas de comerse la vida y disfrutar del día a día.

P: ¿Sientes diferencia entre tu primer disco y este?

R: Sí. Totalmente. Diarios de un instante lo compuse en esta habitación en plena pandemia. Encerradísimo, como estábamos todos. Era una época muy oscura. No solo para el mundo en general, era bastante de película. El hecho de estar tanto tiempo encerrado y tener tanto tiempo para estar con uno mismo me hizo sacar un disco que yo creo que es más oscuro, más triste, más introspectivo y más acústico, con el piano, con la guitarra acústica. Mucho más tranquilo. El hecho de sacar Diarios de un instante, que terminase la pandemia, empezar a dar conciertos, a relacionarse con la gente, que parece de película, ahora cuando lo hablamos. Eso también ha hecho que las canciones se transformen. Al fin y al cabo, mis canciones son el reflejo de lo que vivo y siento. Así que claro que hay diferencia.

Sin el dolor no habría música

P: ¿Puede que el próximo disco sea incluso más alegre? O, ¿piensas mantener esta estética?

R: Pues a saber. A mí me gusta hablar de lo que siento. Normalmente, las cosas hermosas de mi vida no tengo la necesidad de hablarlas. Tengo la necesidad de disfrutarlas y de compartirlas. Lo que tengo que sacar de dentro es lo malo, lo que se me enquista, lo que me pesa. Lo triste o lo que me duele es lo que necesito transformar en algo bello. Por eso es muy difícil que yo haga canciones sobre qué felices somos los dos corriendo por un campo. Eso prefiero disfrutarlo. Darle la mano a alguien y correr por el campo. Me parece más bonito que escribir sobre ello. Yo creo que sí, que el siguiente disco será sobre lo que esté viviendo en todo este tiempo.

P: En tu caso, ¿sin el dolor no habría música?

R: Pues, totalmente. Para mí está relacionado. La música que me gusta, el arte que me gusta, ya no solo con el dolor, sino con el lado oscuro de las cosas, con la tristeza… Siempre me he sentido más cómodo. Haber, que no me paso el día llorando. Soy super «salao», pero al hablar de arte me siento más cómodo aquí. Me siento más cómodo escuchando Radio Head, por ejemplo, que escuchando unas sevillanas. Radio Head me transmite una serie de cosas, pero también tiene ese trasfondo de oscuridad, de melancolía, en donde me gusta sumergirme.

P: Hace tiempo dijiste que escribiste una canción de salsa cubana que se quedó fuera de Cantos de lejanía porque no encajaba.

R: Sí. Hice una canción para este disco de salsa cubana muy chula y muy divertida y muy de bailar, aunque yo no bailo absolutamente nada. Pero, sí, me apetecía y salió de una manera muy natural. La letra trataba sobre una mujer que vivía en un pueblo y todos los hombres la deseaban y ella vivía a parte del mundo.

Me gustaba, pero no encaja en Cantos de lejanía. Encajaba tal vez en un disco de Café Quijano o a lo mejor de Juan Perro, pero no de Víctor Fraile, así que decidí no incluirla en el disco. No sé si saldrá alguna vez. A lo mejor este verano la saco como single y hago un videoclip en el que hay un montón de gente bailando salsa y ya está. Será también parte de mí. También está ese lado. Pero en este disco no encaja. No había lejanía en esta canción.

P: ¿Cuál consideras que es la canción más representativa de Cantos de lejanía?

R: Es complicado. No lo sé. Por ejemplo, Quién puede bailar, el primer single que saqué. En Quién puede bailar se aprecia que hay un cambio con Diarios de un instante. Es una canción más rockera, más indie, por decirlo de alguna manera, pero también en la letra sigue estando esa oscuridad a la que siempre estoy ligado. Así que yo creo que puede ser bastante representativa. Adiós también, que es el segundo single que saqué. En realidad, todas las canciones representas, y me siento orgulloso de ellas. No sabría decir. Tal vez Quién puede bailar.

Portada del disco ‘Cantos de lejanía’ | Fuente: Raúl Durán, cedida por Víctor Fraile

P: ¿Hay alguna canción con la que tú mismo te identificas más?

R: Con todas y cada una de ellas. Lo curioso de las canciones es que una vez que salen, como que ya no son tuyas. Seguro que los has oído en muchas entrevistas y parece «topicazo» de la gente que compone. Pero es cierto. Una canción nace, tú sientes que está ahí, sientes que hay algo que lucha por salir, sientes que hay algo de sensaciones, de sentimientos y, de repente, la canción sale, se crea de la nada, de uno mismo en realidad.

Me parece algo mágico que tiene el arte. Una vez que ya has hecho la letra, que tú ya has hecho la canción, esa canción sé que es mía, sé que trata sobre mí, sobre cómo me siento. Pero ya la veo desde otro prisma, la veo desde otra distancia que siento como que es algo que me he sacado y que he dejado ahí. Entonces, podría decirte que todas me representan y que ninguna me representa, porque también las veo desde la distancia. Escucho Antes de que guarde silencio y pienso “quién ha escrito esto estaba muy jodido”. Como que lo veo desde la distancia. Y ya no me duele tanto. Por eso también es una terapia para mí.

P: ¿Podrías explicarme cómo es el proceso de creación y composición de una canción en tu caso?

R: Hace años, lo que me ocurría es que había canciones que aparecían con mayor facilidad. A lo mejor coges la guitarra, cacharreas, pruebas un rato, pruebas melodías haber si surge esa conexión entre armonías. Ya no ocurre así. En mi proyecto en solitario decidí que todas las canciones tenían que nacer por necesidad. No a base de trabajo, que trabajo hay, pero yo tenía que sentir que esas canciones brotaban de mí de una manera natural, como algo que necesitaba salir.

Todas las canciones de Diarios de un instante y Cantos de lejanía han nacido así. Fue como que “ostras tengo algo”. Cojo la guitarra y la canción estaba compuesta en cinco minutos. Era algo que tenía dentro y por eso estoy tan orgulloso de los dos discos que he sacado, porque pueden gustar, pueden no gustar, pueden ser tu estilo, pero cuando lo escuchas la gente siente que hay verdad. Ese es el mayor piropo que le pueden decir a alguien que trata de hacer algo en la música.

P: Osea que, en tu caso, ¿nunca se ha tratado de forzar la creación?

R: Antes sí. Si te digo que no he estado probando cosas y cambiando a ver si… Te mentiría. Pero en estos dos discos no ha ocurrido así. En esta faceta en solitario no ha ocurrido así. Hay canciones como Son de luna que han nacido de sueños que tengo. Sueño esa historia, que la luna viene a verme, que me dice que está sola. En el sueño escucho toda la melodía, toda la guitarra, todo lo que lleva la canción y la letra. Solo tengo que despertarme y grabarla como si me estuviera plagiando a mí mismo. Como si hubiera una voz que me dice “mira Víctor, es este tema. Se llama así y la letra es esta. Apunta, coge el boli”.

Luego hay un trabajo, por supuesto. No te voy a decir que salga de la nada. Hay un trabajo y hay que arreglar las canciones. Hay que darles forma y vestirlas de una forma que suenen hermosas. Pero otras han nacido muy rápido.

P: ¿Alguna vez has explorado una faceta literaria? Las letras de tus canciones tienen mucho de poesía.

R: No recuerdo si me presenté a algún concurso. Me gusta mucho la poesía y leo muchísimo. Tengo ahí todos los libros y el 99% es de poesía. Me encanta. A parte, escribo muchísima y tengo cuadernos con cientos y cientos de poemas, pero nunca me he plantado y he dicho “venga, voy a editar un libro de poemas”. Solo tendría que hacer selecciones de poemas y ya está. Los tengo ahí. No sé si algún día los sacaré.

La música creo que reúne todo lo que me gusta del arte. Todas las melodías y la forma, la guitarra, el piano, la instrumentación y luego, también, el hecho de hacer letras que tengan un fondo poético, por su puesto. Me gusta hablar de cosas que tengan ese fondo poético, sino apaga y vámonos. La música de hoy en día con tema reguetón, pues fíjate la poesía que lleva eso.

P: ¿La consideras música vacía?

R: Bueno, no me gusta ser irrespetuoso y trato de no serlo. Pero, lo primero que tendría que decirte es que no sé si considerarlo música. Supongo que sí es música, tiene una serie de ritmos. Pero, puedo decirte que no me gusta. Totalmente vacía, sí. Y, a parte de vacía, denigrante para la mujer, con unas letras impresionantes. No sabría que decirte para que no me vengan los reguetoneros a partirme las piernas. Pero sí. Me parece que es una música carente de alma. No es lo que me gusta.

A mí me gustan muchísimos estilos de música, en donde siento que hay alguien tratando de decir quién es, o tratando de decir “esto es lo que siento”, siendo del estilo que sea. Yo escucho muchísimos estilos de música, te sorprenderías. Pero en todos ellos siento que hay alguien que ha dicho “necesitaba decir esto”. En el reguetón no ocurre, dejémoslo ahí.

P: ¿Cuando emprendiste tu viaje en solitario tenías claro la estética que querías lograr en tus canciones? O, ¿fue algo que afloró libremente?

R: Es que creo que la estética de mis canciones se nutre de que fui yo quien las ha hecho. Parece una tontería, pero es así. Yo creo que tienen un denominador común que es mi forma de componer y mi forma de ser y de decir las cosas. Creo que es ahí en donde está todo. Yo puedo hacer una canción que sea más rockera o hacer una canción que sea un vals… Pero, en todas, se nota que hay un estilo y un denominador común y creo que se nota. Se nota que lo ha compuesto una persona. Y en la letra, ¿no? También en la forma de escribir. Yo creo que está ahí. Yo creo que ese es uno de mis mayores logros es que se note en mi música que soy yo que lo compone. Para mí eso es un regalo.

P: ¿A través de tu música podemos conocerte un poco más?

R: Sí. Hablábamos antes de que en mis letras me abro. Como decirlo… Soy demasiado transparente. Y, el problema que eso conlleva es eso mismo que acabas de decir, que hay gente como tú que no me conoce de nada, pero que a través de mis canciones puede saber realmente cómo me siento, lo que me duele de la vida o lo que no. O, incluso, por lo que he pasado estos últimos años. Y eso es muy fuerte. Es abrirte mucho. Algunas veces da miedo, pero, por otra parte, no podría no hacerlo. Necesito ser sincero cuando compongo, cuando hago una letra y cuando canto. Y tampoco quiero vestirlo con metáforas y con mogollón de recursos con los que no se entiendan lo que quiero decir.

En Antes de que guarde silencio, está “si rompo el guion”, “si muero por hoy” y “que el cielo vuelva a caer”, porque ha habido veces que quieres que se te caiga el cielo encima y dejar de pasarlo mal. Lo hemos sentido todos. Lo malo es que, cuando lo dices tan abiertamente, parece que… Parece que hay ciertas cosas y ciertos sentimientos que hay que vestirlos para que no sean tan claros. No me ocurre. Quiero hablar con total libertad y no tengo miedo a que la gente me conozca por ello.

Emprender un viaje en solitario

P: Tú estás con dos grupos de música, que son Whisky Caravan y Reine. ¿Cómo fue emprender tu viaje en solitario en la música? ¿Cómo decidiste dar ese paso?

R: Sobre todo fue porque hubo un momento en que estaba haciendo canciones como Son de luna, Hay niños que saben matar o Tu secreto, del anterior disco, que no encajaban en el rock, que era el estilo que yo hacía. Y en bandas, como Reine por ejemplo que es más de rock alternativo, más rollo Nirvana, Pearl Jamp, y menos en Whisky Caravan, en donde el trabajo y la composición son totalmente diferentes.

Entonces, al hacer canciones así, tuve que decidir qué hacía con ellas. O las transformaba en algo que no era, porque yo creo que las canciones tienen una identidad propia, transformarlas y maquillarlas de algo que no eran, o sacarlo tal cual me nacieron, con la letra tal cual nació y con los instrumentos que me venían. Decidí que hay que dejar de engañarse. Es que creo que cuando la cosa sale con naturalidad y las agarras antes de que salgas y dices “no, no. Voy a hacerlo de otra manera, para que no se vea cómo ha salido”, me parece que te estás engañando, que no estás dejando que lo que es salga de una manera libre. Estos discos en solitario son eso, canciones que he hecho con total libertad, sean del estilo que sean. Así que bueno, estoy muy orgulloso.

P: Supongo que no fue un paso fácil.

R: No fue fácil. De primeras me dio mucho miedo. Siempre he estado en bandas de rock, más rock alternativo. Y, claro, el primer single que saqué fue Son de luna, que es una canción muy lentita. Es una historia de la luna que viene a visitarme y me dice que se siente sola y, de repente, con todas las palmas, rollo flamenco, cajón flamenco.

Me acuerdo del día anterior a que saliera en Spotify. Estaba diciendo “ya verás la de hostias que me van a caer con esto”. Creía que la gente no lo iba a entender, el por qué estoy haciendo esto, pero fue todo lo contrario. La gente me dijo “olé tú, que estás haciendo algo diferente a lo que has hecho nunca y en donde se refleja también cómo eres”. A partir de ahí se abrió la caja de Pandora y hasta el día de hoy. Un par de discos que llevo y ya estoy componiendo para el tercero. No tengo intención de parar, mientras que me quieran escuchar. Y si no, también la voy a hacer, así que no pasa nada.

P: Si Son de luna no hubiese tenido esa buena acogida, ¿tu carrera en solitario hubiese sido imposible?

R: No, lo hubiera hecho igual.

P: ¿No te hubiera dado aún más miedo si no hubiese tenido una buena acogida?

R: No. Fue esa sensación el día de antes. Después, básicamente estoy haciendo lo que me da la gana. No es pensando en mi carrera musical, si va a tener más o menos éxito., solo estoy haciendo canciones. Solo estoy tratando de sacar lo que me duele y de hacer de eso algo bonito, que os pueda gustar y que pueda sentirme yo orgulloso. Nada más. El rollo de carrera musical y todo eso, me viene en grande.

Me siento súper afortunado de que haya gente que me escribe y que me dice “me encanta tus canciones, por favor ven a Méjico, ven a Perú”, o aquí en España, por supuesto. Gente que va a mis conciertos y la ves llorando de emoción o de sentimiento. Ese es el éxito para mí. Esa es mi carrera musical. Podría haber en un concierto tres personas, que sería igual de feliz, si sienten mis canciones. Te lo digo de verdad. Si Son de luna no le hubiera gustado a nadie yo hubiera seguido haciendo canciones porque necesitaba hacerlo y necesito hacerlo.

P: ¿Cómo es compaginar tu trabajo con las otras bandas en las que estás?

R: Con Reine, ahora estamos bastante en un stand by. Así que, en ese aspecto, no hay ningún problema. Con Whisky Caravan, la verdad es que lo único que he hecho es tratar de compaginar y de que las agendas no se cruzaran, que no hubiera momentos en los que yo estaba de gira con Whisky Caravan y con mi trabajo en solitario. Hablando las cosas con mis compañeros y tratando de marcar los tiempos, la verdad es que esos dos discos los he compaginado bastante bien.

Hicimos con Whisky Caravan una gira de año y medio, de Imaginaciones, luego nos fuimos a Méjico de gira con Elefantes un mes. En cuanto aterricé, al día siguiente yo ya estaba ultimando y preparando para que saliera Cantos de lejanía, viendo las fechas, los alojamientos… Vamos, que no he parado en ningún momento. Y, ahora mismo, en cuanto termine la entrevista, me voy a ir al local con Whisky Caravan para componer el nuevo disco. Así es, solapando un poco. Muy cansado, pero estoy haciendo algo que me gusta. Así que no me puedo quejar.

El concierto de Víctor Fraile en Fuengirola, aplazado

P:  Sobre el concierto que tenías programado en Fuengirola y que ha tenido que ser aplazado, ¿podrías explicar qué es lo que ha pasado exactamente?

R: Lo que ocurre es que muchas veces a los músicos nos tratan como si fuéramos… No lo se el qué. Y creo que somos nosotros los primeros que tenemos que hacernos valer y hacernos respetar y no tragar y tragar por absolutamente todo. Lo que ha ocurrido es que las condiciones de la sala eran unas. Ellos se encargaban del sonido y, cuando les dimos el rider técnico, el rider técnico es las especificaciones, necesito una caja de inyección para la guitarra acústica, nosotros vamos con dos guitarras acústicas y una voz y, la otra chica, Lady Owl que tocaba piano y guitarra, pues el de la sala nos ha dicho que muy bien, pero que él no tenía sonido, que teníamos que llevar nosotros nuestra mesa de sonido. Inaudito eso. No lo he hecho desde que estaba en el instituto para tocar para las fiestas del instituto.

Teníamos que llevar nuestra propia mesa, hacernos nosotros el sonido, ser nosotros los técnicos de sonido y, a parte, si queríamos dos monitores teníamos que llevar uno, porque él solo tenía uno. Básicamente, se quería ahorrar un técnico de sonido y se quería ahorrar el tener que alquilar una mesa si no la tiene. Luego, he estado preguntando y en esa sala sí hay bandas que les ponen técnico de sonido, donde les ponen equipo. A nosotros, no me preguntes por qué, han decidido que se lo querían ahorrar.

Como ya estoy curado de espanto, como se suele decir, he decidido que buscaría otro sitio donde se me traten con más respeto. Lo mínimo es llegar a un sitio donde haya alguien que te haga el sonido. “Venga prueba guitarra, prueba la voz, venga, se oye, venga, tocad algo, venga, vamos para adelante”. Sobre todo, llevándose un porcentaje importante de la recaudación de las entradas. Así que he decidido aplazarlo y buscar un sitio donde se me respete. Con que se me respete… Eso es lo que ha pasado. Y me da mucha pena porque me ha escrito gente que tenía ganas de verme. Es una lástima, pero lo que no voy a hacer es decir sí a todo.

P: ¿Hay alguna alternativa ya pensada?

R: Tenía pensado hacer una fiesta en la playa, pero no sé. La chica que organizaba el concierto, Patricia Rojo Sostenido, ya me ha estado mandando otras salas para que les echara un vistazo y ver alguna alternativa en Fuengirola. Para intentar buscar alguna sala lo antes y poder hacer el concierto. Me da pena, me entristece, pero tiene solución. Se cancela el concierto, se devuelven las entradas, se busca otro sitio donde se nos respete y haya unas condiciones mínimas y ya está. No hay problema.

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