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‘El misterio de la mujer tatuada’: tinta, sangre y amor en el Japón de la posguerra

Nunca un crimen había sido tan bello. Hay crímenes que se resuelven con pistas y otros que se descifran con tinta

Necesitamos historias para aprender. Un libro es una ventana hacia el entendimiento y Akimitsu Takagi es el artista que esboza los misterios, desdichas y fortunas de una tierra lejana en un pasado cercano. El país del sol naciente aguarda multitud de enigmas, casi tantos como los que emana la gran serpiente que figura en la portada de este libro. La misma sangre fría que da vida al reptil corre por las páginas de este libro.

En El misterio de la mujer tatuada, cada línea marcada sobre la piel de una víctima desmembrada nos conduce a una verdad más profunda: la del alma de un país herido, lleno de sombras, belleza y silencio. Así, Akimitsu Takagi nos ofrece algo más que una novela negra; nos entrega un retrato inquietante del Japón de posguerra, donde el arte del tatuaje se convierte en símbolo, lenguaje y testimonio.

El misterio de la mujer tatuada, una historia al más puro estilo oriental

La novela fue publicada en Japón hace 77 años, concretamente en 1948, pero su publicación en español, por parte de Salamandra Black, es inédita hasta ahora. El caso comienza con el asesinato de una mujer cuyo cuerpo aparece desmembrado, pero con un tatuaje espectacular que se convierte en una pista clave. Kenzo Matsushita, como médico forense y amante de la víctima, se involucra en la investigación para tratar de descubrir al asesino. A medida que el caso avanza, el misterio se complica con la aparición de nuevos personajes, pistas y secretos que desafían constantemente las suposiciones del lector.

De El misterio de la mujer tatuada podríamos decir que es un whodunit al estilo de Agatha Christie, pero con una fuerte influencia japonesa. Esta historia va mucho más allá del misterio clásico: nos sumerge en el Japón de la posguerra y explora temas tan profundos como la identidad, la obsesión y la belleza. Este es, probablemente, su rasgo más diferenciador con respecto a otras publicaciones del mismo género.

Y es que, una de las mayores fascinaciones que me ha causado la obra es que no es una novela policíaca al estilo occidental. Es una lectura que envuelve al lector con el folclore, la mitología, las tradiciones y las costumbres de Japón. Retomando la idea de la que he partido al principio, El misterio de la mujer tatuada constituye una ventana hacia el entendimiento; en concreto, hacia el entendimiento de sociedades distantes geográficamente y con la que apenas tenemos un nexo de unión histórico.

La ambientación histórica, uno de los principales aciertos de la novela

Además, el contexto histórico en el que se enmarca la obra es otro de sus mayores atractivos. Akimitsu Takagi no solo recurre a los padecimientos de la posguerra para enmarcar la historia y caracterizar a sus personajes. También recurre a ello como un recurso estilístico. Ha dotado a las 395 páginas que componen la obra de un carácter sombrío y funesto.

De este modo, la novela no solo captura el misterio en torno al asesinato de una mujer tatuada. También captura el dolor y el trauma de un país vencido en la Segunda Guerra Mundial, debilitado por horror y la angustia de haber padecido dos bombas nucleares. Es por ello que el libro no solo podría interesarle a los adictos al misterio y a las tramas policiales. También a aquellos que sientan algún tipo de atracción por el país en el que se ambienta la obra.

El arte del tatuaje como punto de partida

La obsesión con la belleza, la identidad y el arte del tatuaje japonés como símbolo de poder y misterio son los temas que más caracterizan la novela. Takagi escribe con una prosa detallada y clara que destaca especialmente en las descripciones visuales. El tatuaje de la víctima es un elemento tan vívido que parece cobrar vida.

Las detalladas descripciones de los tatuajes que adornan el cuerpo de los personajes, así como las contundentes explicaciones de los complejos procesos que forman parte del tintado de la piel, envuelven al lector en una vorágine de emociones. ¿Cómo algo que tradicionalmente se ha considerado como vulgar y de mal gusto puede volverse de repente tan delicado?. Leer para entender. Ahí está la clave. Ahora sí me atrevo a afirmar que tatuar es un arte.

Es precisamente debido a esta ornamentación descriptiva que el ritmo puede resultar lento en algunos pasajes, sobre todo por la tendencia del autor a la reiteración. Sin embargo, este recurso también sirve para no perderse entre los múltiples detalles de la trama. Por otro lado, la traducción al español hace un excelente trabajo al aclarar conceptos culturales específicos, facilitando así una lectura fluida.

La mitología como fuente de inspiración

Pero, a pesar de que el culto al tatuaje japonés acapara casi todo el protagonismo, la inclusión de aspectos folclóricos y mitológicos a lo largo del relato es un aspecto muy interesante que no debe pasarse por alto. “La serpiente se come a la rana, la rana se come a la babosa, la babosa disuelve a la serpiente”. Akimitsu Takagi se inspira en esta célebre frase, perteneciente a un mito japonés, para desarrollar gran parte de la narrativa.

Los personajes de la novela, al igual que en la tríada serpiente-rana-babosa, parecen estar predestinados a devorarse unos a otros. Y es que, Takagi no solo utiliza este mito como adorno narrativo, sino que lo introduce en la psicología de los personajes y en la estructura misma del crimen. De este modo, otorga al relato una dimensión simbólica que trasciende lo meramente detectivesco.

Lejos del típico detective carismático

Kenzo, protagonista de la obra, lejos de ser el detective carismático al que estamos acostumbrados en este tipo de historias, es un hombre inseguro, a veces pasivo, y marcado por un aire melancólico; más intelectual que físico. Esta elección del autor le da a la historia un tono distinto, más introspectivo. 

En cuanto a los personajes secundarios y los sospechosos del crimen, estos están bien definidos. Cada uno de ellos cuenta con su propio trasfondo y motivaciones, lo que enriquece la complejidad del misterio. Todos ellos cuentan además un tono sombrío. No podemos olvidar que la novela se contextualiza en la posguerra, por lo que los padecimientos de la sociedad civil son una parte inherente a la obra.

No obstante, no es una lectura para quienes buscan acción trepidante o un protagonista tradicional. Su ritmo puede ser exigente y, por momentos, se echa en falta un personaje con más carisma que contrarreste la personalidad apagada de Kenzo. Aun así, esta decisión estilística parece intencionada, reflejando el estado emocional de una sociedad aún convaleciente.

En definitiva, El misterio de la mujer tatuada es una excelente elección para los amantes del misterio clásico, especialmente para quienes buscan una ambientación diferente a la europea o americana. Es una novela que no solo desafía al lector a descubrir al asesino, sino que también invita a reflexionar sobre el arte, el cuerpo y el deseo. Una lectura que, al igual que un tatuaje, deja huella y permanece inmutable con el paso del tiempo.

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