La conquista del Drag: de los márgenes al mainstream
«El arte del transformismo en España nos muestra una historia inmensa, dolorosa, esperanzadora y brillante» dice Anto Rodríguez en su libro ¡Eres tan travesti!. Hemos llegado a la época del Pride multitudinario, de las performances que se cubren de aplausos sobre unas plataformas de 25 centímetros y de la retransmisión en streaming de Talent Shows que visibilizan a las drags queens. Tanto ha pasado y de forma tan frenética, que nos parece que las glamurosas y dolientes reivindicaciones de referentes como Madame Arthur, Lorena Loys, Violeta la Burra, Paco España o La Otxoa ocurrieron hace ya una eternidad. Esos testimonios que, según Rodríguez, «nos enseñan que existió una España luminosa y travesti que destelleó alejada del relato de los “vencedores” y su censura».
Hoy, la demanda de audiencia de formatos como Drag Race España es 10 veces superior a la de cualquier serie de televisión en nuestro país, según Parrot Analytics. Estos datos evidencian el recorrido que ha seguido el transformismo y el arte drag; de los márgenes al mainstream, de la clandestinidad a los platós de televisión. En los locales de ambiente, ya no existen esas bombillas rojas que hacían que la artista corriese despavorida al camerino para cambiar las faldas por pantalones. Nuestras drags ya no tienen que trabajar con el miedo a que, de pronto, amparado por la Ley de Peligrosidad Social, un agente de la Brigada Político-Social se las lleve al calabozo para cambiar el maquillaje por los moratones. Todo ha cambiado tanto, pero aún cabe preguntarse cuál es el lugar que ocupa este arte y, todavía más importante: ¿por qué?
¿Cuántos más focos más brilla el maquillaje?
«RuPaul se hizo muy famosa en los años 90 con Supermodel, y expresiones artísticas queer como las houses neoyorkinas generaban mucho interés desde el documental Paris is Burning o el Vogue de Madonna», explica Víctor Mora, activista, investigador, docente universitario en la UC3M y autor de libros como ¿Quién teme a lo queer?. Tal y como apunta el Doctor en Estudios Culturales, resulta imprescindible tener en cuenta estos aspectos para llegar a comprender ese salto que el drag ha dado «de lo marginal al mainstream», pero «manteniendo las particularidades de un universo que se desarrollaba en las periferias».
Con fenómenos como la Gala Drag Queen de Las Palmas de Gran Canaria o RuPaul’s Drag Race – programa replicado en numerosos países alrededor del mundo-, el drag ha podido alcanzar una exposición y copar unas cotas de audiencia sin precedentes. Esto ha posibilitado que cada vez más gente -no necesariamente parte del colectivo LGTBIQ+- acceda y disfrute de este arte. Precisamente Onyx Unleashed, participante en la segunda temporada de Drag Race España y del posterior All Stars, entiende que este formato, además de la visibilidad, permite «que la gente vea que detrás de las pelucas y el contouring hay seres humanos que sienten y padecen, hace que el público nos vea como lo que somos: personas igual que elles».

«¿Que nos viene bien que existan programas así? Por supuesto»
«Drag Race ha conseguido estandarizar la expresión drag dentro de los parámetros de una franquicia exportable. Con todo lo problemático que eso pueda ser, o su doble cara, ha sido la manera de hacer entendible el drag: convertirlo en un producto estandarizado y exportable». Tal y como lo expresa Víctor Mora, la franquicia Drag Race ha conseguido que un arte históricamente relegado a las periferias y a la clandestinidad haya conseguido formar parte de un consumo cultural a gran escala. Eso sí, con los consiguientes riesgos de estandarización y una posible desvirtuación del arte drag en sí mismo.
Para Onyx, «meter todo el arte drag en una misma categoría es como decir que todos los pintores son iguales. Valemos para mil cosas y adquirimos formas muy distintas. Nuestra raíz y fortaleza es la diversidad, tanto social como cultural». Existen tantos modos de hacer drag como personas que lo realizan y, por ende, resulta importante que se respete esa diversidad aun cuando se trata de acceder al gran público. Es la propia artista la que se pregunta: «¿Necesitamos el formato para entender que el drag es un arte igual de válido que cualquier otro? Pues, no. ¿Que nos viene bien que existan programas así? Por supuesto».
«Toda forma de arte lo es por sí misma»
En la opinión de V. Mora, «el drag ya es un arte de pleno derecho, como toda forma de arte lo es por sí misma», no es necesaria la visibilidad para que adquiera su cualidad como disciplina artística. Y es precisamente aquí, donde convergen ambas visiones puesto que, aun conociendo los riesgos que una franquicia representa para el arte, también posee la virtud de visibilizar «lo que hay detrás de nuestra puesta en escena. Pone en valor todo el trabajo que realizamos para poder construir nuestra fantasía (que no es poco) antes de subirnos al escenario», como manifiesta Onyx.
Decía el pintor suizo Paul Klee que «el arte no reproduce lo visible, sino que hace lo visible» y debe ser necesariamente cierto, puesto que el arte y la cultura siempre han servido para transgredir y visibilizar realidades ignoradas o prohibidas, para entablar un diálogo con su época. Tanto como el avance social, el arte ha ido poco a poco tentando las fronteras de lo aceptable para ensancharlas más y más cada día. Muy bien sabe la drag queen madrileña que «el drag es un reflejo de nuestro tiempo». En su modo de verlo, «no es casual que, a la vez que el drag se vuelve mainstream, vivimos unos conflictos sociales tan importantes respecto al género».
El género en disputa
Gracias al transformismo y al arte drag, «se abre un espacio interesante donde confrontar los estereotipos sociales y de género, los límites que la política establece sobre el cuerpo y la conducta» según dice Grace Morales. Se trata, en este sentido, de una manifestación artística combativa y liberadora per se, ya que «es una forma de expresión del género, muestra la plasticidad dentro y fuera de los ámbitos de la expresión artística», como dice Víctor Mora. El servicio que el drag -como cualquier otro arte- puede hacer a la sociedad, tiene mucho que ver con la ampliación de horizontes, un aumento de los «lugares de identificación» para personas que no entienden y viven su expresión sexual o de género de acuerdo con el corsé cultural que ha sido tradicionalmente impuesto sobre los cuerpos.
Es el propio Mora el que advierte que «hay personas para quienes la expresión drag ha sido fundamental en la construcción o entendimiento de su propia identidad». Se ha erigido como una «fantasía» en la que el público tiene la capacidad de conectar con una artista que, en el espacio de un escenario, es capaz de desafiar y, hasta en cierto modo, abolir esas estrictas reglas que dominan el género y la sexualidad. Según el doctor valenciano, «el drag es pedagógico en el sentido en que hace evidente que la expresión del género es algo diferente a la orientación y a la identidad».

¿Quién teme al Drag?
Es precisamente esa cualidad combativa y que busca traer a la conversación las convenciones vertidas sobre el género lo que hace que, a menudo, artistas drags sean excluidas o «domesticadas» en ciertos círculos culturales. Más aun, cuando sabemos que existen infinitud de formas de llevar a cabo este arte. Tal y como relata Onyx:
«Yo llevo más de 15 años subiéndome a los escenarios (aunque como Drag solo siete) y aun así me han cerrado muchas puertas por tener un drag demasiado “extraño”. Es curioso, para muchos bares y discotecas, mi propuesta es demasiado diferente, y para muchos espacios artísticos mi propuesta es demasiado pop».
Con respecto a lo tratado anteriormente, Víctor Mora advierte en estos comportamientos un tipo de veto silencioso que «pretende iniciar el camino de rearmadura del género y el sexo dentro de los parámetros de subordinación y subalternidad de los que tanto nos ha costado salir». Hablamos de una censura proveniente «de lugares rancios y neoconservadores» que acostumbra a «retirar libros de autoris queer, o que hablan sobre educación sexual, o recogen representaciones travestis», incluso censurar espectáculos infantiles de cuentacuentos drags como si el hecho de serlo fuera un atentado contra las infancias. A su modo de verlo, esta es una censura contra la que «debemos ser contundentes».
«¿Será que mi eyeliner no encaja en su línea estética actual?»
Desde su participación en Drag Race, Onyx ha sentido con más recurrencia este «elitismo cultural velado» que ha evitado que actúe en galerías de arte en las que antes sí que se le permitía. Ante la ausencia de explicaciones, sólo le ha quedado especular: «¿será porque mi discurso ya no es compatible con los públicos minoritarios de las galerías? ¿Será porque el drag ocupa un lugar mainstream demasiado “vulgar” para estos espacios? ¿Será que mi eyeliner no encaja en su línea estética actual? Quien sabe». Su estilo de drag es experimental, revolucionario, performativo, «galáctico» en el mejor de los sentidos, a Onyx le «encanta jugar con los extremos».
En su opinión, «una drag es como una bruja: hace su ritual y conecta con las energías del público, y les hace sentir cosas. Y jugar con el contexto es otra forma más de hacer su hechizo más efectivo». Y quizás esa sea la mejor dirección a la que mirar: hacia el público. A menudo, en los círculos culturales cercanos al establishment, no se ha sabido valorar lo rompedor y escénico de su propuesta artística, pero en sus propias palabras: «¿sabes quién siempre ha entendido y valorado lo que hago? El público. La gente que me sigue y me apoya es la que mejor entiende mi propuesta y a elles me debo».

¿Una labor institucional?
A menudo, se puede llegar a pensar que lo que hace verdaderamente relevante o visible una expresión artística son los círculos de poder y las instituciones. En cambio, para Víctor Mora, estas no tienen «un papel legitimador en ningún caso. Puede que reconozcan, en un momento dado, algo que ya existe y que ya tiene una relevancia tal que no es posible seguir dándole la espalda». Los curadores artísticos, los directores de teatros y museos o, directamente, los políticos terminan por aceptar y tener por válidas formas de arte cuando, para la opinión del público, ya eran valiosas en primera instancia.
Ejemplos de aparición en espacios que tradicionalmente les habían estado vetados podrían ser las visitas guiadas de Hugáceo Crujiente por el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza o la presencia en la Delegación del Gobierno en Madrid de un grupo de distinguidas drag queens con motivo del Día Internacional del Drag en 2024, entre las que se encontraban Shany LaSanta, Ariel Rec o la propia Onyx Unleashed. Cada vez, más espacios van abriéndose a la presencia de estas reinas, pero, como recuerda Víctor Mora: «La institución reconoce y puede que de ese reconocimiento se llegue a lugares que antes no se había llegado, pero el drag y las formas de expresión popular del arte son legítimas por sí mismas».
El autobús de Priscilla
El hecho de que el arte drag conquiste cada vez más espacios significa que más personas podrán acceder a él e incluirlo en sus hábitos de consumo cultural, y «toda ampliación del mapa de referencias culturales siempre va a generar una ampliación paralela de lugares de identificación», según dice Víctor Mora. El drag visibiliza el juego, la libertad o la experimentación en todo lo que rodea la expresión sexual y de género, la manera en las que se usan para construir la identidad de cada cual. Tal y como dice el autor valenciano, cuando tratamos estos temas: «Todo reconocimiento implica riqueza en diversidad».
Para Onyx Unleashed, «el Drag es la confianza y el amor por una misma, y ese amor es un gesto de valentía cuando nos ponemos el tacón, la plataforma, el maquillaje o la peluca». Esa valentía ha posibilitado que se abran muchas puertas en favor de la libertad. Para quien lo practica, tanto como para quien lo consume con ilusión cada noche en las salas, teatros y festivales, el arte drag es una disciplina transformadora y vital para entenderse, conmoverse y liberarse de todas las imposiciones culturales que someten la expresión y el cuerpo. Es por eso mismo por lo que, para Onyx, «no hay que parar» nunca de hacerlo, porque es fundamental, porque las drag queens son «el autobús de Priscilla cruzando el desierto. Contra viento y marea, pero nunca perdiendo de vista su objetivo».


