Sevilla vive el encuentro entre cultura popular y tendencias digitales
Cada año, la Feria de Abril se llena de lunares, flamenco, rebujito … y móviles grabando cada detalle. Las redes sociales han transformado esta fiesta andaluza en una experiencia aspiracional para miles de jóvenes que, sin ser sevillanos, se plantan en el albero con su mejor outfit rescatado de Wallapop. ¿Es amor por la tradición o búsqueda de una estética viral?
Del “¿eso qué es?” al “yo también quiero ir”
Hasta hace apenas unos años, si no eras del sur, la Feria de Abril te sonaba a algo exótico, lejano o directamente ajeno. Pero llegó TikTok, llegaron los “get ready with me”, los reels bailando con bata de cola, moño bajo y flor en el pelo, y todo cambió. De repente, no solo todo el mundo quiere ir, sino que además quiere estar impecable. Porque ya no se trata únicamente de vivirla, sino de mostrarla.
El traje de flamenca, con sus volantes majestuosos y sus colores brillantes, se ha convertido en un símbolo de estatus temporal. No hace falta entender la tradición, basta con parecer que formas parte de ella. Hay quien alquila el traje para una sola noche, quien lo compra de segunda mano en Vinted o quien organiza un haul improvisado como si de una nueva colección de Zara se tratase. Lo importante es que la estética funcione y que el vídeo triunfe. La Feria se convierte así en un gran escenario y cada asistente en su propio protagonista.
La noche del pescaíto
Una de las citas más esperadas es la noche del pescaíto o alumbrao, esa velada luminosa y festiva que da inicio a la Feria de Sevilla con cenas familiares, encendido de luces y muchas ganas de estrenar lo nuevo. Aunque se trata de una celebración reservada para los socios de las casetas, que comparten una cena especial a base de pescado frito y brindan en un ambiente íntimo, las redes sociales la han convertido en un escaparate abierto al mundo. Para los creadores de contenido, es el momento perfecto para publicar el primer post, subir stories del alumbrado o brindar con manzanilla ante la cámara.
Eso sí, no todo lo que reluce en TikTok está al alcance de cualquiera. Muchas casetas son privadas, de acceso restringido únicamente a socios o invitados, lo que dibuja una experiencia muy distinta entre quienes tienen entrada libre y quienes deben conformarse con pasear por las calles públicas o buscar alguna caseta abierta. Aun así, el efecto red es tan potente que la Feria entera, pese a su esencia cerrada y tradicional, parece estar al alcance de un simple swipe. Esa noche, antes íntima y local, se ha convertido en una pasarela digital donde lo auténtico y lo instagrameable se entrelazan de manera casi inseparable. Es la verdadera entrada, no solo al recinto ferial, sino también al algoritmo.
¿Turismo cultural o postureo masivo?
A muchos sevillanos este fenómeno no les molesta, pero a otros sí. La Feria siempre ha sido mucho más que una postal bonita: es un conjunto de normas no escritas, de códigos, de significados profundos. Convertirla en contenido efímero para redes plantea una duda inevitable: ¿estamos reduciendo a un simple disfraz una tradición que tiene tanto fondo?
Este fenómeno va más allá de la Feria de Abril. Es una nueva manera de consumir cultura, fragmentada y veloz, vista primero a través de una pantalla, imitada después y, en ocasiones, despojada de su sentido original. Sin embargo, también es cierto que nunca antes había habido tanta visibilidad: que haya personas de toda España, e incluso del extranjero, interesadas en este evento, aunque sea atraídas por la estética, dice mucho del poder de las redes para expandir lo local y mantener viva su llama. Porque en 2025, la tradición también se baila, se brinda y se viraliza en TikTok.


