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Estigmatizar también es hacer política

La caricatura del sur como inferioridad vuelve a aparecer en la política española, demostrando que la «andalufobia» sigue viva

Cuando Alberto Núñez Feijóo afirmó que “los andaluces no saben contar”, no solo cometió una grave torpeza como presidente del Partido Popular, sino que también obvió, como responsable político, que Andalucía está conformada por casi nueve millones de personas. Resulta lógico pensar que, acorde a su cargo, debería ser consciente de que necesita los votos de esta numerosa comunidad y que su obligación política no es despreciarla, sino seducirla para ganarse su apoyo. 

Fue tan poco original que volvió a recurrir a un prejuicio clasista y territorial. Acabó reduciendo a toda una comunidad a un estereotipo ofensivo que históricamente ha servido para justificar el desprecio y la desigualdad. Si realmente amase su tierra tanto como se ha dedicado a predicar, se daría cuenta de que Galicia es una comunidad tan maravillosa por sí sola que no necesita que dejen a otras mal para hacerla destacar. Su desafortunado comentario fue la clara repetición de un estereotipo profundamente arraigado: el andaluz como sujeto poco preparado, poco serio y poco fiable. La caricatura del sur como un lastre.

Uno de los factores que más ha alimentado la «andalufobia» es el conjunto de estereotipos que se han difundido durante décadas a través de medios de comunicación, cine y literatura. El acento andaluz, que debería ser un signo de identidad y riqueza cultural, a menudo se caricaturiza. Este tipo de representaciones contribuye a reforzar la idea injusta de que Andalucía está “atrasada” frente a otras regiones de España.

Se nos ridiculiza por la forma en que hablamos, como si la manera de pronunciar unas palabras definiera nuestra capacidad. Como si nuestro acento fuera un delito y no, en realidad, una manifestación más de la riqueza lingüística de España.

Andalucía ha sido históricamente utilizada como saco de culpas. Se la culpa cada vez que hay problemas, fracasos o desequilibrios, mientras se ignoran las causas reales: decisiones políticas centralistas, falta de financiación, escasa inversión y un modelo económico impuesto desde fuera. Decir que los andaluces no “saben contar” es una manera burda de evadir responsabilidades.

Andalucía ha dado algunos de los mayores nombres de la cultura universal. Poetas como Federico García Lorca, Luis Cernuda o Rafael Alberti, artistas como Velázquez, Picasso o Zurbarán, y generaciones enteras de músicos, dramaturgos y escritores han marcado la historia del arte y el pensamiento mucho más allá de nuestras fronteras. Andalucía no necesita que nadie le enseñe a contar: lleva siglos contando historias, creando belleza y aportando identidad a este país.

Si Feijóo quiere liderar algo más que un partido, debería empezar por revisar el marco mental desde el que habla del sur. Porque el problema nunca fue que los andaluces no sepamos contar. El verdadero problema es que muchos sueltan comentarios de nuestra tierra sin medida, pero luego son los primeros en venir a disfrutar de nuestras playas, el flamenco, nuestra gastronomía y nuestras ferias.

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