Los tortuga es el segundo film de Belén Funes y estará disponible en cines a partir del 23 de mayo
La directora catalana vuelve al ruedo con Los tortuga, la película que ya destacó en el Festival de Málaga el pasado mes de marzo. Tras ganar el Goya a mejor dirección novel con La hija de un ladrón, Funes vuelve a sus raíces con este largometraje basado en el abandono del campo, la crueldad de las ciudades y el duelo frente a la muerte de un ser querido.
En este drama social, una madre y su hija vuelven a los campos de olivos de Jaén tras el fallecimiento del padre de la familia, donde se encuentra la familia de él. Delia, una taxista chilena que aún no ha logrado superar la muerte de su pareja, quiere regresar cuanto antes a Barcelona, la ciudad que la ha acogido. Anabel, su hija, ha conseguido entrar en la carrera de Comunicación Audiovisual y comienza a cursar su primer año. Ambas desean continuar sus vidas y afrontan la muerte de Julian cada una a su manera. Sin embargo, una vez instaladas de nuevo en su piso, les llega una notificación de la inmobiliaria avisando a todos los vecinos de que deben abandonar el edificio. La precariedad de la gran ciudad y la voracidad del problema inmobiliario harán que Delia y Ana tengan que volver a Jaén y enfrentarse a la realidad.
El gran talento de sus actrices protagonistas
Antonia Zegers logra representar a la perfección el dolor que siente Delia al perder a su marido, una mujer que transita el duelo atrapada entre la negación y una asimilación que no termina de concretarse. En el lado opuesto, Elvira Lara interpreta a Anabel, una joven que a pesar del dolor latente por la pérdida de su padre, muestra una capacidad más serena de aceptación. Esta actitud se alinea emocionalmente con el resto de los familiares de Julián.

Planos cortos y tonos fríos que muestran a la perfección los sentimientos reprimidos de los personajes
En esta obra, Belén Funes demuestra una vez más su maestría técnica al construir una atmósfera íntima y contenida que potencia la crudeza emocional de la historia. Utiliza con maestría los planos cortos como herramienta principal para encapsular las emociones contenidas de sus personajes. Con esta técnica, Funes no permite la distancia, sino que obliga a mirar de frente el dolor, el silencio y la incomunicación. Estas características definen a la perfección la vida interior de sus protagonistas. La cámara se sitúa muy cerca de los rostros, sin dar espacio a la fuga, encerrando a los personajes en su propio malestar emocional.
La puesta en escena, marcada por una cámara que observa sin intervenir, se alinea con un montaje pausado. La realización permite que el tiempo pese, que los silencios respiren y que los gestos mínimos adquieran relevancia. La fotografía, de paleta contenida y luz naturalista, sostiene una estética que huye del dramatismo fácil para centrarse en lo cotidiano y lo emocionalmente reprimido. Los tonos fríos ayudan al espectador a introducirse en el dolor que sienten los personajes.

Los paisajes son un elemento más de la historia
Rodada entre Barcelona y Jaén, los paisajes no sólo ofrecen un espacio para que suceda la historia, sino que la atraviesan emocionalmente. Estos escenarios funcionan como una extensión emocional de los personajes. Al mismo tiempo, reflejan la identidad de la propia directora, que también cuenta con raíces jienenses. La contraposición entre la periferia de Barcelona y los campos de olivos en Jaén subraya la tensión entre pertenecer y no encajar, entre lo heredado y lo que se desea dejar atrás.
A pesar del vínculo que Funes comparte con este espacio, no pretende romantizar la vida rural. Al contrario, esta película sirve para mostrar los duros tiempos que se viven en el campo. El propio título de la película alude al término que los andaluces daban a quienes dejaban el pueblo con una gran mochila a la espalda, semejante al caparazón de una tortuga. En ella cargaban el peso de toda una vida para instalarse en las ciudades —destacando Barcelona y País Vasco— en busca de un futuro mejor.
Premios y reconocimientos
Se estrenó en el festival de Toronto en 2024 y a partir de ahí Los Tortuga no ha parado de cosechar tanto reconocimiento internacional como nacional. Hay que destacar el Festival de Cine de Tesalónica, donde Antonia Zegers recibió el premio a Mejor Actriz. También Elvira Lara obtuvo una Mención Especial del Jurado por su destacada interpretación debut. La película también ha sido seleccionada para otros festivales internacionales y debutó en España en el Festival de Málaga. Logró hacerse con la biznaga de plata, pero también con los premios a Mejor dirección y Mejor guion, que la cineasta compartió con Marçal Cebrián. Todo este reconocimiento la posiciona como una de las grandes candidatas para los Goya 2026.


