Vista satelital de la Península Ibérica | Fuente: X (@elgeneracional)
Se cumple un año del día en que todo el país se quedó a oscuras
El 28 de abril de 2025, España se apagó. No de forma simbólica, sino literal. En cuestión de segundos, millones de personas vieron cómo la electricidad desaparecía de sus vidas, y todo lo que depende de ella. El transporte, las comunicaciones, los pagos… Hoy se cumple un año de este suceso y aún quedan dudas en el tintero.
Una situación inédita para España
Durante unos minutos —eternos para quienes los vivieron sin saber qué estaba ocurriendo—el país dejó de funcionar como lo hacía hasta entonces. Un año después, al echar la vista atrás, aquel apagón ya no se percibe solo como un incidente puntual, sino como un punto de inflexión que permitió entender mejor las fragilidades del sistema y la dependencia que define nuestra vida cotidiana. El recuerdo sigue presente, pero más allá de la imagen de ciudades paralizadas, gente en las calles o trenes detenidos, el apagón dejó preguntas que siguen siendo relevantes: ¿qué lo provocó realmente?, ¿quién sostuvo el sistema en esos momentos críticos? y, sobre todo, ¿estamos mejor preparados para que no vuelva a ocurrir?
Torre de electricidad al atardecer | Fuente: freepik
¿Qué provocó el apagón?
Según el análisis posterior elaborado por el grupo de expertos de ENTSO-E, el apagón no tuvo una única causa, sino que fue el resultado de varios fallos encadenados. Algunas centrales eléctricas no reaccionaron como debían ante las primeras señales de inestabilidad, mientras que parte de la generación renovable tampoco contribuyó a sostener el sistema en ese momento crítico. A esto se sumaron desconexiones inesperadas de varias plantas de generación, entre ellas una instalación fotovoltaica en Badajoz, y de numerosos sistemas de autoconsumo, lo que agravó aún más la situación. Todo ello provocó una especie de efecto dominó que el sistema no logró frenar a tiempo, derivando en un apagón de gran escala que, según los expertos, no tenía precedentes recientes en Europa.
¿Quién sostuvo el sistema?
Durante el apagón, la recuperación del sistema eléctrico no dependió de un único actor, sino de una coordinación escalonada dirigida por Red Eléctrica de España, que fue reactivando la red de forma progresiva junto a las principales compañías energéticas. Las eléctricas pusieron sus recursos a disposición del operador, que indicaba en cada momento qué generación debía entrar en funcionamiento para estabilizar la red. La reposición se apoyó además en las interconexiones internacionales, especialmente con Francia y Marruecos, clave para recuperar tensión en distintas zonas del país.
Casi 24 horas sin luz
Mientras tanto, sectores críticos activaron sus propios planes de contingencia: hospitales y centros sanitarios funcionaron con generadores y priorizaron servicios esenciales para garantizar la atención. La recuperación no fue inmediata —los propios responsables estimaron entre seis y diez horas para restablecer el suministro—. Esto evidencia hasta qué punto el restablecimiento del sistema requiere una gestión cuidadosa y coordinada. Alrededor de 60 millones de personas se vieron afectadas y, en muchos lugares, la luz tardó hasta 20 horas en volver.
Consecuencias humanas del cero eléctrico
La actividad industrial quedó paralizada durante horas y el apagón se llevó consigo vidas humanas. Al menos cinco personas fallecieron en hechos vinculados al corte de suministro. En Taboadela (Ourense), tres miembros de una misma familia murieron por inhalación de monóxido de carbono, presuntamente procedente de un generador utilizado para alimentar el respirador de uno de ellos. Una mujer de 46 años perdió la vida al quedarse sin oxígeno el respirador de su domicilio del que dependía en Alzira (Valencia). En Madrid, otra mujer falleció en un incendio originado por una vela, y dejó al menos trece personas intoxicadas, de las cuales cinco tuvieron que ser hospitalizadas.
¿Qué medidas se han tomado desde entonces?
Tras el apagón, tanto el Gobierno como el operador del sistema, Red Eléctrica de España, se vieron obligados a dar explicaciones y anunciar cambios para evitar que algo así se repitiera. En los meses posteriores se reforzaron los sistemas de supervisión de la red para detectar fallos con mayor rapidez y se revisaron los protocolos de actuación ante situaciones de inestabilidad. También se puso el foco en mejorar la coordinación con otros países europeos y en adaptar el sistema a un contexto con cada vez más peso de las energías renovables, impulsando soluciones como el almacenamiento energético o herramientas que permitan reaccionar antes ante problemas. Al mismo tiempo, el apagón abrió un debate más amplio sobre la preparación de infraestructuras críticas y de la propia ciudadanía ante este tipo de crisis.
Lo analógico volvió a la fuerza, y la radio fue esencial
En medio del silencio digital, hubo un medio que recuperó un protagonismo casi olvidado: la radio. Cuando las redes móviles fallaron y el acceso a internet se volvió intermitente o inexistente, miles de personas recurrieron a un dispositivo que muchos no utilizaban desde hacía años. Transistores, radios portátiles, las del coche o incluso aplicaciones que lograban funcionar con conexión limitada se convirtieron en la principal fuente de información. Las emisoras generalistas jugaron un papel clave, no solo informando de lo que estaba ocurriendo, sino también aportando calma en un contexto de incertidumbre. Frente a la avalancha de rumores que circulaban donde aún había conexión, la radio ofreció algo básico pero imprescindible: contexto y verificación.
RNE fue la emisora más escuchada
En concreto, un estudio posterior del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), reflejó que la emisora más escuchada ese día fue Radio Nacional de España. El 62,1% de los encuestados recurrió a la radio para informarse durante el apagón. El 21,3% escuchó la radio pública, seguida por la Cadena Ser (16,7%), la COPE (14,5%) y Onda Cero (6%). Por primera vez, todas las emisoras de la Casa de la Radio se unificaron en una sola. El apagón demostró que en situaciones de catástrofe, emergencia e incertidumbre, la radio siempre está ahí.
La Casa de la Radio | Fuente: Andrea Enríquez
Lo que deja el apagón
Más allá de lo técnico, el apagón del 28 de marzo puso en evidencia la dependencia absoluta de sistemas que rara vez cuestionamos. Ese día, hechos simples como pagar, moverse por la ciudad o comunicarse se convirtió en un problema. La digitalización, que ha simplificado la vida cotidiana, mostró también su cara más vulnerable. El sistema eléctrico no falló de forma permanente, pero sí lo suficiente como para cuestionar esa sensación de normalidad constante que damos por hecha.
De algún modo, aquel día la desconexión fue también un punto de encuentro. Sin electricidad ni pantallas, las personas volvieron a mirarse, a hablar, a compartir el tiempo de otra manera. Quedarán en la memoria imágenes poco habituales. Grupos reunidos en torno a una radio, plazas llenas, gente jugando al fútbol en la calle o simplemente charlando sin prisa. La luz volvió, pero la pregunta es, si estaremos mejor preparados en caso de que ocurra otro suceso como este.
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