Lo hace una vez más, Residente que entona y compone la lucha en canciones
La noche del 10 de junio marcó el arranque del Festival Alma Occident Madrid 2025 en Madrid con un concierto a cargo de una figura Latinoamericana. Residente inauguró el festival en el Parque Enrique Tierno Galván con una puesta en escena profundamente cuidada, bien pensada desde el primer segundo, una noche que marcaría la línea del tiempo de lo que ha sido su carrera y su voz por la lucha.
El público, en absoluto silencio y total expectación, contempló cómo el escenario permanecía en penumbra hasta que se encendió una única luz tenue, bajo la cual comenzó a sonar un solo extendido de violonchelo. Esa atmósfera íntima sirvió de antesala perfecta para la entrada de René, que irrumpió con fuerza al ritmo de El baile de los pobres, fundida en una mezcla impecable con No hay nadie como tú. Fue una explosión vital, una promesa de estar vivos, de mover cada parte del cuerpo. Ahí brindó por el conocimiento, por la educación pública, e invitó a saltar por la vida, por el fin del genocidio en Gaza.

Un viaje al pasado que nadie sabía que necesitaba
La cumbia inconfundible llegó con Atrévete, respaldada por los ocho músicos que lo acompañaban, y enlazada con El aguante, ese himno de resistencia colectiva. Tras este arranque demoledor, saludó por primera vez a la multitud y recordó con gratitud que había cerrado su gira anterior en Madrid. La complicidad continuó con de Muerte en Hawai, una canción que nació como una burla al pop pero que terminó como muchas de sus canciones pegando más fuerte que nunca, seguida de La vuelta al mundo, una canción por y para la vida, una que en principio quiso que Cerati fuese parte de los coros.

El tono se volvió más íntimo con Ojos color sol, dedicada a su hijo Milo, y alcanzó un punto de vulnerabilidad absoluta con René, que definió como su terapia: “me remueve cada vez que la canto”, confesó. Fue uno de los momentos más emotivos de la noche, con el público completamente movilizado.
La libertad de los pueblos siempre presente
La segunda mitad del concierto se cargó de contenido político. Con Guerra, denunció la ocupación en Palestina y su pronto cese al fuego, menciona incisivamente: “es responsabilidad de todos saber qué pasa y explicarle a nuestros hijos lo que sucede”.

Luego vino This is Not America, que, como complemento a una vieja canción, recordó que esa tierra llamada América es tan nuestra como de ellos. La transición perfecta llegó con Latinoamérica que Residente presentó como una canción escrita “recorriendo lagos, montañas y planicies”, con intro de guitarra que sonaba a una cumbia de tierras lejanas. A unísono todos y todas las asistentes del lugar entonaron desde el corazón y la resistencia el himno de todo un continente, de «un pueblo sin piernas, pero que camina».
Ya hacia el cierre, llegaron las más personales: 313, pieza entrañable de su último disco, escrita parte a parte con mucho cuidado, y Ron en el piso, dedicada a su primo, por quien brindó y entonó. Pero René no dejó la noche caer en la melancolía. Subió la energía con un viaje al pasado, se fue hasta el 2005 con Chulin Culin Chunfly que combinó perfectamente luego con la clásica y desobediente Vamo’ a portarnos mal, convirtiendo el parque en una auténtica fiesta de barrio.

Fue una noche que sintetizó lo que Residente ha sido y es, un artista que no teme confrontar, que canta con las tripas y que busca tumbar fronteras a través del baile, la palabra y la reflexión. Se cantó a una sola voz. “Que viva Latinoamérica unida. Fuerza, Gaza”, fueron sus últimas palabras.

