Bella Mackie nos adentra en una familia desestructurada de ricos que creen estar ajenos a la muerte
Isabella Kathleen Rusbridger, conocida popularmente como Bella Mackie, nació el 28 de julio de 1983 y es una reconocida autora inglesa. Entre sus obras más conocidas destacan Cómo matar a tu familia y el libro de no ficción Jog On, en el que explora la relación entre correr y la salud mental.
Tras el éxito de su primera obra de ficción, la autora vuelve con su nueva novela Cómo cazar a tu asesino, una historia donde una familia perteneciente a la alta sociedad londinense sufre una tragedia que destapará la verdadera cara de su fortuna.

Cómo cazar a tu asesino
La historia comienza con la celebración del 60 cumpleaños de Anthony Wistern, un hombre de negocios que ha dedicado su vida a la riqueza y al poder, anteponiéndolos incluso a su propia familia.
Sin embargo, el final de la fiesta se ve manchado por la tragedia que da inicio a la acción de la obra, descubren a Anthony empalado en la columna acuática del lago de su casa.
Lejos de ser el final para Anthony, este comienza una narración desde «el más allá». Allí observa, impotente, cómo su familia enfrenta el luto y quedan al descubierto los secretos que todos escondían.
Paralelamente, conocemos a «La Sabuesa», una apasionada del true crime que pasa sus días en busca de un misterio digno de investigar. Su oportunidad llega, de manera tan macabra como oportuna, con la muerte de Anthony. ¿La principal sospechosa? Olivia Wistern, la elegante y glacial esposa del difunto.

La novela se despliega a través de tres voces narrativas: La Sabuesa, que comparte con sus seguidores de Youtube cada avance de la investigación; Olivia, que relata con todo lujo de detalles las maniobras que pone en marcha para cubrirse las espaldas y evitar que los escándalos de su marido la arrastren; y Anthony, quien desde las pantallas del más allá contempla cómo su muerte desata la ambición de sus hijos por repartirse la herencia y preservar los privilegios familiares.
La familia Wistern
Con esta historia, Mackie nos adentra en la clase alta londinense a través de los Wistern: Anthony, un hombre ambicioso y rico dispuesto a cualquier cosa para lograr sus objetivos; Olivia, una aristócrata obsesionada con las apariencias y relegada a un segundo plano por su marido; y sus cuatro hijos —Jemima, Lyra, Fred y Clara—, mimados, clasistas y reflejo perfecto de los excesos y vanidades de su estirpe.
Como he dicho, Olivia siempre ha vivido para la apariencia: su elegancia, su entorno, incluso sus emociones están cuidadosamente calculados. Por eso, la trágica muerte de su marido la afecta menos en el corazón que en el espejo social: su verdadero empeño es conservar, a toda costa, la visión que los demás tienen de ella.
«Yo me moriría si alguno de mis hijos se convirtiera en meme, prefiero verlos en la indigencia»
Y no es solo Olivia: la muerte de Anthony no trae luto, sino oportunidad. Ninguno de los hijos parece lamentar la pérdida de su padre. En lugar de lágrimas, sus hijos exhiben ambiciones y en lugar de duelo, calculan herencias. En la mansión Wistern, el dolor se exhibe como un lujo más: una máscara impecable, tan perfecta como hueca, diseñada para ocultar la indiferencia.
La élite
Si en la familia Wistern abundan la frivolidad, el elitismo y el clasismo, el resto de la alta sociedad londinense que Mackie retrata no tiene nada que envidiarles. La autora muestra una clase embriagada de excesos y dinero, carente de escrúpulos y sin miedo a las represalias, amparada en un sistema que creen dominar.
«mis hijos han sido educados para saber que son líderes… exigen respeto de forma instintiva, incluso a una inspectora de policia»
Muerte igualadora
Aunque la llegada de Anthony al más allá lo trastoca todo: la muerte actúa como fuerza igualadora. Para un hombre que dedicó su existencia a diferenciarse mediante riquezas, contactos y prestigio, el verdadero tormento consiste en ser uno más.
«he trabajado como un animal para alcanzar un nivel de vida en el que las incomodidades propias de la existencia no me afecten y ahora calzo zapatos de plástico»
Al final, la historia de los Wistern nos deja claro que la muerte no distingue entre mansiones ni cuentas bancarias. Puede disfrazarse de tragedia o de escándalo, pero llega igual para todos. La muerte es ese tren al que todos, ricos o no, estamos condenador a subir.

