En un pasado no muy lejano, la plaza del Callao no era un lugar inhóspito en el que toda clase de personajes grotescos abordan a los transeúntes en busca de un clip viral en redes u otras peculiares demandas. Las fachadas de la plaza gozaban de una armonía propia de la contemporaneidad de las construcciones, pero, en la actualidad, dos de ellas rompen con la belleza característica del resto de edificios que las rodean.
Las dos fachadas disonantes en la plaza del Callao, los dos bloques sombríos de ladrillo y hormigón armado, pertenecen a Fnac y El Corte Inglés. No obstante, esto no siempre fue así: en el lugar que ocupa El Corte Inglés, hace sesenta años, se alzaba un monumental hotel repleto de historia, anécdotas y cultura. Este era el Hotel Florida.

Las maravillas urbanas
En las capitales europeas, en concreto en Madrid, es típico del habitante sentirse como un perpetuo niño exaltado que observa todo por primera vez. El cuello llega a doler al permanecer horas paseando y admirando la arquitectura que se erige ante nuestros pies.
El Hotel Florida fue diseñado por el gran arquitecto del Madrid de principios del siglo XX, Antonio Palacios. De él aún quedan en pie el Palacio de Cibeles, el Hospital de Jornaleros de Maudes o el Círculo de Bellas Artes. Palacios tuvo un papel esencial en la construcción del nuevo Madrid de comienzos de siglo; fue apodado el Gaudí de Madrid. El Florida fue un encargo de Velasco Florida en 1922 y, dos años después, el 31 de enero de 1924, el hotel abrió sus puertas con una propuesta innovadora de estilo neoyorquino. Pronto se convirtió en un epicentro cultural, al que acudían los intelectuales del momento tras las múltiples sesiones de teatro de la calle Gran Vía. En sus primeros años de tertulias y coloquios se alojaron figuras como Charles Chaplin, García Lorca o Antoine de Saint-Exupéry.

El punto de inflexión
Sin embargo, pronto llegó la guerra. El hotel se convirtió en el núcleo de los corresponsales extranjeros, pilotos soviéticos y brigadistas internacionales. Entre ellos, nombres como Ernest Hemingway, Martha Gellhorn, Virginia Cowles, Robert Capa, Gerda Taro, John Dos Passos o Miguel de Unamuno al regresar del exilio. Cientos de crónicas se firmaron desde el Florida; allí (todavía se puede apreciar si se sube a la azotea de El Corte Inglés) se podía ver lo que en ese momento era el frente en la zona de Casa de Campo. Incluso algunos proyectiles cayeron en el hotel: la fachada sufrió daños, pero no se registró ninguna víctima.
Al descubrir la magnífica historia de este hotel, es imposible no preguntarse: ¿cómo permitieron que un lugar así se derribase? ¿Quién o quiénes fueron los culpables de que haya desaparecido la habitación de Hemingway o la mesa donde tomaba café Gerda Taro?

¿Quien cometió el crimen?
La respuesta es simple, pero pasa desapercibida. Tras la Guerra Civil y la victoria del bando sublevado, los dueños del hotel se vieron obligados a exiliarse. Si se piensa detenidamente, el Hotel Florida representaba algo intrínseco a la modernidad e ideales muy alejados de los del régimen; el lugar fue un punto de apoyo a la República durante la guerra. Por esto en 1962, el edificio fue vendido a Pepín Fernández, fundador de Galerías Preciados
Él ya había adquirido el solar donde actualmente se encuentra el Fnac de Callao; tras esto, en 1964, se procedió a la destrucción del Hotel Florida y de todo lo que significó para la ciudad de Madrid. Arias Navarro, el alcalde de Madrid en ese momento, aprobó su demolición. Este complot político y patrimonial se dio con la aprobación de Francisco Franco, pues tanto él como su mujer, Carmen Polo —quien adoraba las galerías—, eran cercanos a Pepín Fernández.
Esta es una muestra de cómo figuras con un poder inmenso, en su momento de apogeo, fueron y son capaces de prolongar la destrucción de un lugar bello, innovador y corazón de la vanguardia de la metrópoli. Como esta historia hay muchas: aquellos que no pisan la ciudad, que no escuchan las voces de los ciudadanos, que se esconden en su torre de marfil, nos han robado muchas imágenes cautivadoras que podrían encontrarse ante nuestros ojos.

