Lola Parda deja sin palabras a Café Berlín
La sala llena y las luces tenues, estaría por empezar un romance profundo. Lola abre en silencio el escenario y empieza a sonar Bombing, un inicio directo que marcó el ritmo de la noche, seguido de Ven, donde su voz cálida y precisa se sintió como una bienvenida personal a cada persona que estaba allí.
Profundidades y manifiestos
Visiblemente conmovida, la artista agradeció al público por estar ahí, confesando que la emoción la desbordaba. Esa sensibilidad se reflejó en Alturas confusas, y pronto llegó la primera sorpresa, invitó al escenario a Jorge Drexler para cantar juntos Zamba pa vos. El momento se convirtió en pura felicidad, con ambos intérpretes disfrutando, contagiando al público de complicidad y ternura.

Con su banda de 4 la noche se convertía en un sueño, entre sonrisas inocentes se crearía un puente hacia adentro, Tiempo de amar, con la frase punzante qué frío debe ser vivir, y Tu casa, que sonó como un refugio melódico. Entre canciones, Lola abrió aún más su corazón: “Vengo de muy muy lejos, me encantaría mirar a cada uno a los ojos y agradecer”, dijo, antes de presentar a otro invitado, el cantante argentino Chacal, con quien interpretó Rayo de luz.

Diarios en canciones de un mejor devenir
El concierto se fue desplegando como un viaje emocional con temas de sus más sonados como Cristal, Pasajeros, De fuegos y volcanes, Colapso, Tú no me convienes y Ámerica, cada uno atravesado por un aura íntima que conectaba con cada una de manera particular. Con Como un cuento, la artista aprovechó para presentar a la banda que la acompañaba, destacando la importancia de esa complicidad en una noche tan especial.
La recta final fue un despliegue de diversidad y fuerza, Otra galaxia, Boberas, Infantil, hasta llegar a uno de los momentos más intensos: Amor amor, que cantó junto a Muerdo, generando una atmósfera profunda y de mucha conexión.

Ya en el tramo final, con el público completamente fundido entre tanta sensualidad, sonaron Tu bebotear y Nena, cerrando el concierto con una energía como de otro mundo, que evocaba un ciclo ya terminado, entre aplausos y complicidad.
Una noche donde cada canción fue confesión, cada invitado un puente, y cada palabra de la artista un recordatorio de lo que significa cantar desde el corazón y la vulnerabilidad.

