Mañana seguiré viva, la nueva novela de Marta Pérez-Carbonell
La historia de Linda Rams, una actriz retirada en la isla de Capri, con un pasado lleno de fama, secretos y con relaciones familiares difíciles que le atraviesan toda su vida.
Mañana seguiré viva
En Mañana seguiré viva, Lidia Rams ha sido una gran actriz de los años 50 y 60 italianos. Se retira a Capri, una isla muy visual y cinematográfica, en la que Lorenzo, periodista que le ha estado acompañando todos estos años, decide escribir su biografía.
En Mañana seguiré viva, Lidia juega con lo que se sabe de ella y con lo que no. Una historia que se mueve entre la fama, la vida, el cine, los secretos, la muerte y las relaciones familiares, la familia de sangre y la familia elegida.
Toda una vida
Pregunta: ¿Cómo y cuándo empezó la idea de crear Mañana seguiré viva?
Respuesta: Empezó hace un año y medio o dos más o menos. Fue cuando yo estaba terminando la ronda de revisiones y de edición de mi primera novela, Nada más ilusorio y ya empecé con esta idea. Mientras terminaba una, empezaba otra.
Empezó con una imagen. A veces no siempre coincide la novela con como tú empezaste a verla o sentirla, pero en este caso sí. Para mí la historia empezó con la imagen de una mujer, que es la protagonista, Linda Rams, que le está contando su vida a este periodista, que es un su biógrafo, porque está escribiendo el libro sobre ella.
Pienso que, para que realmente te adentres en lo que es escribir una novela, todo lo que supone a nivel tanto tiempo como de energía, algo tiene que llamarte mucho la atención, en el sentido de que te cree una curiosidad inmensa.
A mí su vida, su persona, lo que contaba… me creó mucha curiosidad.
Linda Rams
P: ¿Quién es Linda Rams?
R: Linda Rams es una actriz legendaria, de la época dorada del cine italiano de los años 50-60. Nosotros, los lectores, la conocemos en el año 98. Ella tiene 78 años en ese momento y está contando su vida. Vive retirada en la isla de Capri y ella se ha convertido en un mito, en una especie de icono por una serie de cosas.
Es una especie de icono feminista, de rompedora de algunas estructuras que se esperaban de antes de la mujer. Antes y también un poco de ahora. Y ella, como toda persona pública, tiene una parte de su vida que no se conoce.
Linda Rams es el cúmulo de lo que ella ha proyectado a nivel público, hacia afuera. Y de todo lo que ha ocultado también. La fama evidentemente le ha traído cosas buenas, ha podido desarrollar su carrera, ha vivido bien, pero también hay un lado lleno de sombras, hay un lado por el que ha pagado sobre todo en lo que se refiere a sus relaciones íntimas y más familiares. Linda Rams al final es el cúmulo de todo ello.
P: La verdad que es un personaje muy potente.
R: Sí, porque además también remite a esa idea de que hacemos todos somos un poco del pasado, de lo que ha ocurrido. De hecho, la primera frase del libro es «Nada se sabe, todo se imagina«. En el sentido de que en ese recordar hay mucho de ficción.
Y ella entonces también nos causa esa pregunta de ¿pero quién es en realidad?. Que es la pregunta que todos podemos tener de nosotros mismos de ¿pero en realidad soy la persona que doy esta entrevista?, ¿soy la persona que cambia el pañal a mi bebé?, o ¿son esas dos personas la misma?. Todos los lados sin contar todo lo que ha sido en el pasado también.
Relaciones madre-hija
P: Hablas también de esas relaciones madre-hija, tanto de Linda con su madre como de Linda con su hija Silvia. ¿Cómo querías enfocar estas relaciones en Mañana seguiré viva?
R: Fue interesante porque yo sentía que, dentro de la parte oculta que Linda no revelaba de primeras sobre sí misma, estaba toda la relación complicada que tiene con su hija, la que ha tenido con su madre… Y, de alguna manera, también
quería mostrar esa especie de caleidoscopio que son las relaciones.
Cada uno tiene una versión, hay versiones que nunca llegas a conocer porque nunca te las llegan a contar, hay versiones que son contradictorias con la tuya. La maternidad en el libro tiene un gran peso.
Porque la maternidad en sí a veces está reñida con el tema de la libertad.
Se habla de la libertad en la novela. Ella, para ejercer esa libertad, siente que es juzgada de una manera u otra.
Yo siento que siempre que escribo, escribo desde una posición de tener muchas preguntas y muy pocas respuestas. Yo siento que todo ese tema de cómo lidiar con la madre y también cuando tú te conviertes en madre, no hay una respuesta evidente para mí.
Es un constante batallar con quién eres tú, qué se espera de ti, qué esperan los demás, qué esperas tú de ti misma. Y en esa tensión se vuelven esas relaciones de madre e hija.
La familia que se elige
P: También hablas de esa familia que se elige, porque todos esos hombres que aparecen en la vida de Linda al final forman parte de su familia.
R: Exacto. Me gustaba esa idea de representar una especie de núcleo familiar que en realidad no lo era. Es una especie de familia elegida. Porque es verdad que esos núcleos familiares que parecen inquebrantables y que parece que por ser genética vas a estar como una piña. A veces sí, a veces no.
Y puede existir una familia elegida, que es el caso de Linda, que se va encontrando con una serie de personas en su vida a las que le va uniendo la vida, la propia vida. No hay unos lazos de sangre, pero hay una unión real a través de una serie de experiencias y de avatares. Pero sí, me gustaba la idea de que ella, en muchas cosas, haya roto los esquemas de lo que se esperaba de una mujer en ese momento. Y también, en este sentido, de no construir un núcleo tradicional de familia.
Pasado, secretos, fama
P: También hablas de otros temas como puede ser el pasado, la infancia, los secretos, la muerte, la fama… ¿Cómo querías mostrar en Mañana seguiré viva estos temas?
R: Al final esos temas son un poco la vida. Porque en la vida no podríamos ser quienes somos sin nuestro pasado. También
vivimos de una manera porque sabemos que no vamos a vivir para siempre.
Sabemos que la muerte está ahí. La infancia juega un gran papel. Porque, evidentemente, cuando tú vas creciendo, cada vez hace más tiempo que has sido niño. Y eso te podría llevar a pensar que importa menos, que puedes superar determinadas cuestiones y reconstruirte.
Pero vivimos en esa tensión constante de quién hemos sido de niños, quién queremos ser ahora y cómo superar algo que tenemos que volver a aprender.
Hay una especie de reaprendizaje, muchas cosas de cómo nos han educado y cómo luego queremos nosotros seguir adelante. La novela creo que tiene mucho de eso. Ella es una persona que ha salido de un contexto muy complicado para volver a reconstruirse, pero eso no quiere decir que no tenga pasado, que no haya tenido infancia y que no cargue con todo ello.
Y pasa lo que ocurre siempre, que luego ella tiene una hija y eso no ocurre en un vacío. Ella es esa madre que tiene ese pasado, que tiene esa historia, esa herencia emocional que, quizás no le pase eso mismo su hija, pero el hecho de que ella lo acarré, el hecho de que ella siga revelándose contra ello, ocultándolo, tiene un peso también en la relación con su hija.
Entre eso y también el miedo a la muerte, en el que
ella se ve cada vez más cercana a ese momento en el que ya no podrá decir que mañana sigue viva
ayudan a crear un relato de una persona que mira hacia atrás, pero que también mira para adelante. A pesar de que ella ha sido o es objeto de miradas porque ha sido este icono que se ha representado tantas veces, como Sophia Loren o estas actrices de ese momento.
La dolce vita
P: ¿Por qué escogiste Italia para ambientarlo? ¿Por qué Capri?
R: Capri es una isla muy cinematográfica porque fue uno de esos lugares que eligieron en aquel momento, en esa época de los años 50 y 60, muchos actores para estar escondidos de lo que se creaba alrededor de ellos por su fama. Como enclave es muy cinematográfico.
A mí me gustan mucho las islas, en mi otra novela también está el tema de las islas rodeando la trama. Y siempre sentí que había algo también de Capri en el imaginario popular que representa ese glamur de antes, esa idealización de la Italia más retro, más vintage. Con el añadido de que vemos el otro lado.
Ella vive allí retirada también por lo que le ha ocurrido de cara al público. Se convierte en un refugio y en un escondite casi. Nosotros, cuando la conocemos, vive una vida un poco recluida en una habitación. Sale a comer, pero ya no está haciendo esa vida tan pública que hacía antes.
Contar la propia historia por boca de otros
P: También me ha gustado esta estructura de ir al presente, mientras hacen entrevista, luego al pasado… ¿Cómo querías crear esta dualidad de tiempo y viajar entre ellos?
R: Yo siempre pensé que parte del juego narrativo era que ella contaba una serie de cosas. Estamos en el presente, estamos en ese verano del 98, en el que está ella hablando con Lorenzo, con su biógrafo, y me gustó la idea de que hubiera cosas que no las contaba ella. Era solo una voz en off, una tercera persona, una narración en tercera persona, que era una especie de flashback a temas o episodios con una amiga, con su hija, con un reportero… que no los está contando ella. Y en algunos momentos se refiere luego a ellos en el presente.
Ves cómo se refiere a ellos en relación a cómo se supone que ocurrieron objetivamente. Ahí es donde se encuentran esas dos versiones. Con eso a nivel formal, a nivel técnico, lo pensé bastante. Mi primera novela también tenía un tema formal que tuve que pensar como puzle porque hay una novela dentro de una novela. Aquí no, pero sí que es verdad que no todo somos una línea recta hacia adelante, sino que hay flashbacks.
Para mí un reto era que el lector no se sintiera perdido en el en esa vuelta al pasado, que se entendiera que ahora estábamos en el 68 porque estás está hablando de este evento, esta gala; y luego volvemos a la habitación de Capri y ellos cuentan eso.
Yo creo también que una escribe lo que le gustaría leer.
Tus modelos literarios se sienten en tu escritura en el sentido de que tú estás escribiendo algo que, si no lo hubieras escrito tú, te interesaría. Y a mí me gustan las historias así. A mí me gustan las historias en las que se cuentan versiones diferentes, en las que hay un salto hacia atrás, que no te lo esperabas y ahora de repente tienes aquí una parte que ya no es así, ya no va hacía el camino que iba a ser y tienes otra versión o tienes otro tiempo o tienes otra voz que te lo cuenta.
Eso es un poco también parte de ese juego, de cuánto sabe el lector, cuánto cuenta ella, cuánto oculta, cuántas cosas sabemos no por ella. Cosas además que esa tercera persona que cuenta, que vemos a Lorenzo, y entendemos que Lorenzo sabe cosas sobre ella que ella no le contó y que no nos está contando tampoco ella. Que quizás ella no sepa que él sabe porque él tuvo acceso a determinados momentos, a primeras cosas que encontró… Y eso solo lo puedes hacer si tienes una voz que no es la del momento, es una voz que va al pasado.
P: Sí, porque a veces también ella le dice “bueno, si total vas a hacer como siempre que te lo inventas”.
R: Sí. Porque esa es otra parte con la que a mí me gustaba jugar, que es que, lo que sabemos de Lidia Rams, lo que sabe su público, es sobre todo lo que ha escrito este reportero. Y este reportero tiene esta idea de que
la realidad tú puedes estirarla como quieras.
Entonces a veces se inventaba cosas sobre ella. Eso a ella le hacía gracia también. Entonces todos participan en esta mentira.
Porque la mentira real es pensar que exista una versión clara y objetiva de lo que somos.
Para mí se acerca más a la realidad esta idea de que cuentas o no cuentas, mientes o no mientes, otros mienten sobre ti.
Lo cinematográfico
P: ¿De dónde viene la inspiración de Mañana seguiré viva? ¿De referentes, de cosas reales que has visto?
R: A mí me interesaba la idea de explorar un universo de ficción, pero en el que entraran eventos reales. Hay algunos eventos culturales del mundo de la música, del mundo del cine que me gustan. Esos entran ahí porque me gustan y de alguna manera completan una historia de ficción. No sé en realidad de dónde viene la inspiración de una novela, creo que es la gran pregunta siempre en la literatura. ¿De dónde viene eso? Piensas a mí me gusta eso o aquello. Pero antes de eso, tú tienes una especie de visión de algo, de alguien, de una historia que está ahí.
Que está ahí o no está porque todavía no lo has escrito, pero está porque tú sientes que está.
Veo una cosa parecida a los sueños. Como cuando tienes un sueño, tú ves esas imágenes y esas imágenes están en movimiento, sin tu control. Y eso es como a mí me vienen estas imágenes de una novela. Como algo que está ocurriendo ya y tú tienes que quedarte quietecita mirándolo, y ves que va desarrollándose y a la vez lo tienes que ir desarrollando tú.
Pero hay algo subconsciente, una especie de motor que viene antes de que tú te des cuenta de que está ahí. Y esa parte es muy bonita. Es lo que más me engancha y lo que más adictivo me parece de la escritura. También te sientes loca, porque estás en una vida normal real, estás por la calle escribiendo cosas, pero tú estás en otro lugar y estás viendo cosas que, si tienes suerte las acabas escribiendo, y si tienes suerte las acabas publicando.
Pero antes de eso, están en tu cabeza de una manera inexplicable. Seguro que tienen que ver con tus obsesiones, con tus gustos, con determinados temas que te interesan. Luego lo vas desgajando, pero hay algo que viene de algún lugar que tiene que ver con el subconsciente, de donde te vienen los sueños, que es muy adictivo.
Un estado de ensueño. Tienes algo que te lo está pidiendo. Y yo ahora pienso que eso lo he tenido muchas veces. No atendí a esas visiones hasta que no escribí mi primera novela. Que luego hay mucho trabajo, no es de un día para otro. Pero vienen de un lugar que no sabes de dónde es.
Una novela muy musical
P: Al final de Mañana seguiré viva, hay un QR para descargar una playlist con la música de la novela. ¿Cómo se te ocurrió esta idea?
R: Es una novela muy musical para mí. Yo la he escrito con música, con mucha música. Y no toda la música que yo he usado está en esta playlist, pero sí que está toda la que aparece en la novela.
Como es una novela que yo escuché y también vi de una manera muy clara, muy visual, muy cinematográfica, pero también es muy musical, empecé a ordenar las canciones que aparecen. Bien porque eran parte de los rodajes de Linda, bien porque tenían que ver con episodios que habían ocurrido con su hija, por la parte de las películas…
Cuando tuve la playlist, le dije a la editorial, a Lumen, «estas son las que aparecen en la novela». De nuevo, escribes algo que a ti te gustaría leer y a mí me gustaría si estoy leyendo algo que me gusta y hay una playlist, poder escucharlo mientras.
Hay algunas canciones que las conoces perfectamente, y a lo mejor otras que no. Pero, en cualquier caso, en la playlist están todas juntas. Además están por el orden en el que aparecen en la novela. Y es bonito, porque,
cuando escribes, aspiras a que los lectores tengan una experiencia parecida a la que tú tuviste escribiendo.
Evidentemente salvando las distancias porque te pasas a lo mejor uno o dos años escribiendo y ellos a lo mejor se pasan una semana leyendo tu libro. Es otra cosa. Pero una experiencia parecida en ese sentido de entrar en ese mundo. Entrar casi con todo lo que tú has entrado.
También por eso quise poner la playlist. Y por eso, al final de la de la novela, en los reconocimientos y agradecimientos hay un párrafo con las películas que yo vi o volví a ver mientras estaba escribiendo. Por lo mismo, si a alguien le gusta ese mundo cinematográfico de esa época, puede entrar.
Los faraglioni
P: ¿Cómo fue la elección tanto de la imagen de la cubierta como del título?
R: De la imagen de la cubierta, a mí me encanta esa foto, me parece una foto preciosa. Sentía que la había visto en algún lugar y cuando escribía pensaba en esa foto. Esa foto, que tenía los faraglioni detrás.
Luego, estas cosas pasan que si lo pones en la ficción dices que esto es inverosímil, que lo tengo que quitar, pero luego, en la vida real, como la vida real es tan absurda y pasan cosas que no te crees, esto pasó de verdad. Cuando tenía la novela casi escrita, fui a Capri, a ese hotel de Punta Tragara donde está ella, y esa foto estaba en el lobby, nada más entrar en el hotel estaba allí. Y yo dije esta es la foto. Es la foto del libro, es la portada.

A mí me gustaba el título también de Linda Rams. Porque es su historia al final. Pero cuando lo lees, lo sabes, pero si no lo has leído, ese título no te dice nada. Entonces empezamos a pensar también con mi editora en alguna frase que fuera representativa de Linda Rams.
A mí el título de Mañana seguiré viva me gusta mucho porque es una frase que aparece en el libro. Antes de leer el libro, tú lo ves y ese mañana seguiré viva parece un título muy grandilocuente. Y luego, cuando te lo encuentras, ves que en realidad es otra cosa. Ahí hay un pequeño juego de algo mucho más mínimo, pero también tiene algo de esperanza.
En la novela hay mucho de reconstruirse y volver a empezar. De hecho, en la dedicatoria, aparece esa esa frasecita que también aparece en el libro de que está dedicada a quienes hayan querido gritar acción.
Y en ese mañana seguiré viva también hay una voluntad de voy a seguir viva yo.
Me he hecho y rehecho, en el caso de Linda. Era una frase muy de Linda, y además lo dice Linda, aunque sea en otro contexto. Y luego, hacia el final, vuelve un poco más trabajada.
Una experiencia propia
P: ¿Qué has querido transmitir con Mañana seguiré viva? ¿Qué quieres que los lectores se lleven cuando lean la novela?
R: Yo creo que cada lector llega a cada novela desde su propia realidad, su propia vida, su propia circunstancia. No puedes conocer la de todos tus lectores. Yo en realidad no puedo anticipar lo que cada uno va a sentir o a llevarse porque no sé de dónde vienen, no sé en qué momento vital están.
Con mi primera novela, a mí eso me sorprendió para bien. Fue muy emocionante, sobre todo cuando vas a clubes de lectura y lo ves junto con los lectores. Te sorprende porque
tú has escrito un libro que no estás pensando que va sobre algo y en cambio ese algo es lo que se lleva la gente de ese libro.
Creo que, cuando escribes una historia, aunque sea una historia común, todas las historias al final tienen sus diferencias. Y puedes pensar, ¿cómo me relaciono yo con esto?
Yo, lo que voy a intentar, es escribir una historia que, aunque hable de cosas pequeñas y de gente concreta, tenga algo humano.
Tenga algo que trasciende. De modo que ojalá los lectores sientan que algo que viven, que piensan, que sienten, que tienen dentro, ha trascendido cuando lo hayan leído. Creo que para cada uno será una cosa. Y ojalá sientan algo.
Porque lo peor es que deje indiferente. Prefiero que sientan algo, aunque sea malo, a que deje indiferente. Porque al final escribes desde el sentimiento, desde sentir una conexión con estos personajes, una curiosidad, un pulso en esa historia. Entonces, lo que esperas es que ese pulso resuene de alguna manera.

