Se abrieron andares al son de la voz profunda de Briela
El pasado miércoles Briela Ojeda haría magia en Café Berlín en su compartir de su nuevo trabajo llamado Andariega. La noche sería puente de otros mundos, que ayudaría a transitar desde su voz profunda y manifiesta.
La velada comenzó con un preámbulo delicado, La Otra, cantautora española y amiga cercana de Briela Ojeda, abrió la noche con sus composiciones profundas y colectivas, preparando la atmósfera para lo que sería un encuentro cargado de magia y resistencia.
Un conjuro hecho música
Entonces, entre luces azules y rojas, Briela irrumpió en medio de la sala cantando Ay de mí a capela. Su voz flotaba como un conjuro, atravesando a todos los presentes mientras avanzaba hacia el escenario. Junto a su compañero musical, Camilo Portilla, ofreció enseguida un pasaje de guitarra que sirvió de invocación sonora para abrir el círculo de la noche. Con un corto y sentido saludo, Briela agradeció poder estar allí compartiendo una vez más su música.

Con Abrakadabra y La cara de ortiga, las palabras se transformaron en hechizos, evocaciones que parecían cobrar vida en el aire, como magia, la palabra dicha, evocada, hecha. Briela habló de la música como intercambio, como magia compartida, como ofrenda. De ahí fluyó hacia piezas de Andariega, su álbum más reciente, describiéndolo como un viaje de morir y renacer, de andar y parirse una y otra vez. Lúcida y Cósmosis, palabras que entrelazadas llevaron al público a un trance suave y profundo, un abrazo sonoro al alma que elevó la energía colectiva.
Baile colectivo, retorno de territorios y raíces
La noche siguió con Andina, donde Briela al son de la zampoña y la tambora presentó esta canción tan solo como una modesta representación del territorio andino que le ha dado tanto desde su retorno a Colombia, a sus raíces. Fue un momento de conexión telúrica, de baile interno, que resonó en cada cuerpo.

Después invitó a Filter Fauna para cantar juntos Bendito Querer, un himno al encuentro y la complicidad en el camino de la música. Hizo énfasis en lo valioso de sentir la música de frente, en vivo, sin muros y libres.
El concierto alcanzó un punto de fuerza con Quesquequerés, donde la voz y la guitarra con fuerza implacable invocaron alas y conjuros para soltar y volar. Luego, con Quién va a cuidar?, Briela lanzó un manifiesto sobre el cuidado propio, casi como un mantra protector, seguido de piezas como Búhoz y un fragmento instrumental que dejó un aire de contemplación y liberación incesante, un portal más se estarían abriendo.
Gratitud por el andar y construir compartido y profundo
Con una sonrisa en el rostro, invitó al público a ‘desofisticarse’ un poco y moverse, dejarse ser, mencionó la bendición de estar habitando ahora mismo ese lugar rodeada de tantas personas, agradeció su asistencia y recibimiento y lamentó entre risas que el tiempo fuese tan corto. Manifestó antes de la próxima canción que ojalá fuésemos esas personas claves en el camino de otras. Un profundo y sintiente silencio abrazó la sala.
Con gratitud, dedicó Avisarás a su amigo Lucio Feuillet, con un solo de guitarra luminoso en medio de la canción, este sonido prepararía el cierre de esta gran noche. La atmósfera se expandió mientras empezaba Liviana, como un conjuro desde el corazón todo cobró un sentir colectivo, todo se hizo más liviano desde muy adentro.

Con más firmeza y voz en alto, la expansión se convirtió en palabra y lucha colectiva al son de Doña Justicia y Ronca, entre agradecimientos y mensajes de resistencia, incluyendo un grito por Palestina libre, por nuestro cuidado propio, para que el amor no decaiga, para salvarnos.
Para cerrar, Briela volvió a su raíz con Andariega, su canción, su manifiesto de este andar que entre tonadas removió a todas y todos en aquel lugar. Conmovida mencionó esperar encontrarse muy pronto de nuevo en lugares como estos, acompañado de un: «Anadariegas, nos vemos en el camino, gracias, gracias».

Aquella maga de magas despidió la noche como lo que fue, un conjuro de ensueño, un ritual para el camino, un manifiesto para seguir con el corazón en la mano. El conjuro habría cobrado sentido.


