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Partido Popular: Casado, presente y futuro

Se cumplen cuatro años de la crisis que sacudió y cambió al PP para siempre

El 18 de febrero de 2022 aún no había estallado la guerra de Ucrania y el líder de la oposición española era un cuarentón palentino con aspiraciones de estadista. El Partido Popular celebraba la victoria en Castilla y León (13F), preludio del primer gobierno autonómico con Vox dentro. Aquella mañana, Pablo Casado cruzaba la puerta del número 4 de la calle Alfonso XI para ser entrevistado en COPE sin sospechar que, cuatro días después, su liderazgo sería historia.

Aznar: “Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que sea Pablo Casado”

Pablo Casado comenzó a liderar las Nuevas Generaciones del PP en 2005 y, dos años después, se graduó en Derecho en la Complutense. Ese mismo año (2007) entró como diputado en la Asamblea de Madrid, desde donde empezó a consolidarse como el ojito derecho de Esperanza Aguirre. En 2008 obtuvo un escaño en el Congreso y asumió el puesto de jefe de Gabinete de Aznar en su think tank, FAES. Desde allí, el expresidente ya lo promocionaba como futuro presidente de España. Poco a poco, Casado se convertía en el favorito del sector liberal del PP.

Pablo Casado, Esperanza Aguirre y José María Aznar en campaña de municipales y autonómicas de 2011 | Fuente: Wikimedia Commons

Aznar expresó en 2015, en plena campaña de municipales y autonómicas, que: Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que sea Pablo Casado. Cabe preguntarse qué hizo entonces Mariano Rajoy en 2004, cuando sucedió a Aznar tanto en la presidencia del PP como en la candidatura a la presidencia del Gobierno. En 2015, Rajoy colocó a Casado al frente de la vicesecretaría de Comunicación, enfrentándole a los distintos envites de los casos de corrupción que asolaban al partido. Desde allí, el joven de 34 años demostró una gran solvencia comunicativa.

Cuando, en 2018, la moción de censura puso fin al gobierno de Rajoy y el bipartidismo cojeaba de las dos patas, el PP se vio obligado a reinventarse. Celebró primarias para elegir a un nuevo líder y tratar de limpiar su imagen. Entre los aspirantes se encontraban pesos pesados del núcleo conservador: Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno con Rajoy; María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP; y José Manuel García-Margallo, veterano ucederiano y exministro de Exteriores del mismo gobierno.

Frente a ellos, un hombre joven buscaba recuperar el espacio del liberalismo dentro del partido y terminaría llevándose la victoria.

Casado: “En el PP no cabe la corrupción y seré implacable contra cualquier conducta irregular”

Semanas antes de ganar las primarias, aclaró en COPE que sería implacable con la corrupción y con cualquier conducta irregular. Una vez asumida la presidencia del partido, se enfrentó al reto de recuperar la confianza ciudadana, limpiar al PP de corrupción y recuperar el poder regional.

Casado ratificó a Moreno Bonilla en 2018, tras la pérdida de diecisiete diputados en 2014. En esas elecciones de 2018, Moreno Bonilla obtuvo el peor resultado histórico del PP andaluz, y Casado volcó todos los esfuerzos del partido en su candidato y en las negociaciones para que liderase el cambio.

Por su parte, Isabel Díaz Ayuso, diputada en la Asamblea de Madrid hasta 2017 y gestora de la cuenta del perro de Esperanza Aguirre en redes, fue avalada por el PP de Casado en enero de 2019 como cabeza de lista y candidata a presidir la Comunidad. El entonces presidente Ángel Garrido, un conservador clásico descontento con la nueva dirección del partido, dimitió en abril y se pasó a Ciudadanos en busca de un proyecto menos radical. Ciudadanos constituía, al mismo tiempo, una amenaza y una llave estratégica para cambiar o mantener gobiernos autonómicos.

El 28 de abril de 2019, Casado obtuvo un resultado nefasto, herencia de la administración Rajoy y de la fragmentación del voto entre Ciudadanos y Vox. El PP obtuvo 66 diputados, quedando a apenas 200.000 votos de ser superado por Ciudadanos.

En agosto de 2019, durante la toma de posesión de Isabel Díaz Ayuso, Casado abandonó su aspecto treintañero y apareció con barba, en un intento de proyectar madurez y diferenciarse de Albert Rivera. Para la repetición electoral de noviembre de 2019, Casado alcanzó un resultado más respetable: 89 diputados, lejos de la presidencia, pero suficiente para capitanear la oposición y consolidar el proyecto del “centro-derecha”.

Almeida, Ayuso, Casado y Moreno Bonilla en la toma de posesión de la presidencia de la CAM | Fuente: Instagram de Pablo Casado

Ayuso en campaña por la Libertad

Casado comenzaba 2020 con los propósitos cumplidos. El partido había mejorado su imagen, se había alejado de los escándalos de corrupción y había hecho apuestas estratégicas en comunidades autónomas donde hoy los azules disfrutan de mayorías absolutas. En 2021, Ciudadanos podía estar moribundo a nivel nacional, pero aún sostenía varios gobiernos autonómicos en coalición.

La moción de censura en Murcia entre PSOE y Ciudadanos acabó frustrada y Fernando López Miras mantuvo el poder en la región, pero el intento rompió la confianza entre socios y llevó a Ayuso a adelantar elecciones en Madrid, por temor a una operación similar. El resultado fue el golpe definitivo para Ciudadanos.

Papeletas de las elecciones a la Asamblea de Madrid 2021 | Fuente: Wikimedia Commons

Aquellas elecciones fueron clave a nivel nacional. El exvicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, se presentó con el lema “Que hable la mayoría”. Y la mayoría habló. Ayuso sumó más votos que el resto de partidos juntos y quedó a tres escaños —que Vox le dejaría— para formar gobierno. La gente eligió “libertad” antes que “comunismo”, y Ciudadanos desapareció del mapa.

Ayuso emergió como un perfil atractivo, reivindicativo y de corte “liberal”, felicitada por Aznar y Aguirre por su victoria, por ser una esperanza y por haber dado voz a los ciudadanos. Aquellas elecciones borraron a Ciudadanos y estoquearon a Podemos. Tras la salida de Iglesias, Ayuso volcó su oposición en Sánchez. El miedo del PP a Podemos desapareció y el partido recuperó su tradicional estrategia de acoso y derribo contra el PSOE.

Demasiado Popular

Desde las elecciones de 2021, Ayuso fue construyendo una marca propia dentro del PP, cada vez más radical y vista como una Margaret Thatcher. Esto generó tensiones internas: mientras Casado buscaba una línea más centrista y de estabilidad frente a Vox y un discurso más coordinado con el Gobierno central en la pandemia, Ayuso optaba por confrontaciones públicas, ataques directos a Vox y decisiones autónomas sobre restricciones, reforzando su perfil personal pero debilitando al líder nacional.

Ayuso comenzó a disputar de manera directa algunas posturas de la dirección nacional, generando tensiones al estilo de la etapa Rajoy-Aguirre. Con el tiempo, estas fricciones se intensificaron y Casado vio amenazada su autoridad dentro del partido. De esta manera, Pablo Casado, bien por cumplir lo prometido a su partido y a los votantes en 2018 o bien por deshacerse de la mujer a la que le había confiado la Comunidad de Madrid, autorizó que la dirección nacional del PP recabara información sobre Ayuso y su entorno, en particular sobre un contrato de mascarillas durante la pandemia vinculado a su hermano.

Pablo Casado se reunió con Isabel Díaz Ayuso para pedirle explicaciones sobre la polémica del contrato de las mascarillas. Según el propio Casado, el objetivo era comprobar si la presidenta de la Comunidad de Madrid había incurrido en alguna irregularidad o había faltado a criterios de ejemplaridad. Sin embargo, Ayuso interpretó la reunión como una amenaza a su carrera política y respondió con una estrategia inédita para darle la vuelta a la situación, mientras el teléfono de Pablo Casado se llenaba de mensajes de apoyo de su cúpula.

«¿Alguien me puede explicar qué he hecho mal?»

La mañana del 18 de febrero, Casado acudió a COPE para entrevistarse con Carlos Herrera y dar explicaciones por la crisis abierta en el partido. “Nunca he acusado a Isabel Díaz Ayuso de nada (…) lo que no entendemos es la reacción que ha tenido” (…) “Si hoy mismo la señora Díaz Ayuso me dice que mi hermano me ha comentado que lo que cobró Daniel Alcázar —el adjudicatario de un contrato de emergencia de la Comunidad— es esta cantidad en concepto de este trabajo, entonces podremos ver si se ha cometido una irregularidad o una falta de ejemplaridad (…) Cuando presida el Gobierno de España no permitiría que un hermano mío cobrase un contrato de 300.000 euros adjudicado directamente por mi Consejo de Ministros”. Y concluía con un desolador: “Alguien me puede explicar qué he hecho mal?”

Con estas palabras, Casado ponía fin a tres años y medio como presidente del PP. Esperanza Aguirre salió en defensa de su “chica de oro”, señalando que si la cúpula pensaba que había un delito, lo habría denunciado, e instando a Casado y a su número dos, García Egea, a dimitir. Según Aguirre, Ayuso había sido extraordinariamente fiel al partido… o al ideal que ella tenía del mismo.

José María Aznar, por su parte, se limitó a comparar la crisis con las tensiones entre Rusia y Ucrania, aunque meses antes había sentenciado que Ayuso era la política más popular de España. Quizá, en su visión, había encontrado una candidata mejor para relevar su legado.

La entrevista en COPE marcó además la última publicación de Casado en Twitter, salvo dos tuits posteriores sobre la reunión de la Junta Directiva Nacional y su discurso de despedida en el XX Congreso del PP. Su buzón de mensajes quedó vacío, sin que nadie pudiera explicarle qué había hecho mal.

Guillotinado y defenestrado

La confrontación interna desató tal crisis que las encuestas empezaron a dibujar un escenario impensable meses antes: el sorpaso de Vox al PP. Ante las especulaciones de que el presidente del Gobierno pudiera aprovechar la debilidad de la oposición para convocar elecciones anticipadas, Pedro Sánchez respondió en la última sesión de control de Casado: “Las elecciones generales se convocarán cuando corresponda. Competiremos legítimamente en base a nuestros méritos y no a las debilidades de nuestros adversarios”. Desde su escaño, y tras la mascarilla, Casado lanzó un gesto de agradecimiento hacia quien, hasta entonces, había considerado su verdadero rival político.

Tras su último discurso plenario, Casado —políticamente guillotinado— fue aplaudido durante un largo minuto. Después abandonó el hemiciclo acompañado únicamente por tres de los 89 diputados que había logrado en 2019. El partido cerró la crisis con rapidez quirúrgica. El ambiente era demasiado inflamable como para colocar a Ayuso al frente y, además, las mayorías absolutas autonómicas aún no existían —salvo en Galicia—. El legado de Aznar y los equilibrios internos del sector liberal no podían culminar coronando a la dirigente madrileña.

Pablo Casado en su última sesión de control al Gobierno | Fuente: Onda Cero

Pero si de legados se trata, hay uno anterior a la de Aznar. El PP optó por el ojito derecho de Manuel Fraga: Alberto Núñez Feijóo. Importado desde Galicia para ganar unas primarias en las que era el único candidato, Feijóo representaba el conservadurismo clásico con una promesa: trasladar a la política nacional la estabilidad que exhibía en su feudo gallego. El 2 de abril se celebró el XX Congreso Nacional del PP. Allí, Feijóo relevó oficialmente a Casado, cuya cabeza había sido defenestrada desde Génova 13.

Entre la copia y el original

Cuatro años después, Isabel Díaz Ayuso sigue marcando perfil propio frente al PP nacional. Feijóo se esfuerza en exhibir una relación cordial con la líder madrileña; y aunque ya no hay confrontación abierta, a Ayuso no le tiembla el pulso a la hora de desmarcarse de la línea ideológica del presidente del partido. Ha ocurrido con el aborto, con las relaciones con Estados Unidos, con la inmigración y con afirmaciones que Feijóo evita suscribir, como aquella de que “ETA está más fuerte que nunca”.

Desde las elecciones de 2023, la izquierda ha convertido la caída de Casado en advertencia permanente: cuidado, que Ayuso puede estar comiéndole la tostada a Feijóo. Pero quizá convendría menos pavoneo. Porque si la profecía se cumple y Feijóo cae, tal vez su sustituta no sea precisamente más fácil de contener en unas generales.

Núñez Feijóo y Díaz Ayuso | Fuente: Wikimedia Commons

En paralelo, el PSOE ha ido abandonando el discurso del miedo a Vox; la fórmula ya no moviliza. El miedo, en todo caso, parece haberse trasladado al PP, que intenta asumir parte del argumentario de Vox para frenar la fuga de votos. La estrategia, a la vista de lo ocurrido en Extremadura y Aragón, no parece infalible. El viejo mantra político vuelve a asomar: entre la copia y el original, muchos electores prefieren el original.

En el último mes, Feijóo ha endurecido considerablemente el tono contra el Gobierno y ha empezado a abrazar postulados que antes esquivaba. Quizá debería preguntarse si parecerse a Ayuso es una solución o un riesgo. Porque cuando se duda entre la copia y el original, puede que su propio electorado —y parte de «los suyos»— esté esperando, simplemente, que llegue la original.

 

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